En el corazón del San Juan de Dios

Este artículo fue publicado en el primer número de GENTE, que circuló en el mes de julio de 2008. Por este, la revista recibió su primer premio periodístico. Se los dejamos como ñapa mientras colgamos material más actual.

Hospital San Juan de Dios

En el corazón del San Juan de Dios
GENTE ingresó al que fuera el más avanzado centro de investigación de la salud en Colombia. Entre salas de cirugías, consultorios siquiátricos y laboratorios de patología, se hacinan sus ex empleados que se lo tomaron con el juramento de quedarse allí hasta morir / Por: Marianna Trivella G. Fotos: Pilar Mejía C

La maleza llegó desde el exterior. Trepó por las paredes, echó raíces en los solares, desclavijó los marcos de las puertas, atravesó las salas de espera y se quedó a vivir para siempre en los consultorios y las salas de cirugía. A diferencia de los viejos buques abandonados, en el Hospital San Juan de Dios no hay fantasmas sino personas de carne y hueso que malviven allí como enfermos desahuciados.

Son 350 personas las que habitan en este lugar como ‘inquilinos’ permanentes, desde que el hospital cesó operaciones en septiembre de 2001. Han pasado casi siete años y lo que en un principio era un hecho extraordinario se convirtió en una rutina cotidiana: no han sido despedidos ante la ley, pero nadie responde por sus años de servicio. Es un cuadro surrealista. Todos los días se levantan, van y firman las hojas de asistencia para dejar constancia de que cumplen los turnos laborales como si este hospital en todo el corazón de Bogotá tuviera un ritmo frenético y no fuera un cascarón al que la maleza amenaza con devorar la totalidad de sus 97.500 metros cuadrados de construcción.

Una triste paradoja si se echa un vistazo a la historia del San Juan de Dios, verdadera joya de la medicina en Colombia: siempre estuvo a la vanguardia en la investigación científica y fue el epicentro de enseñanza académica. Formó a los mejores médicos y recibió los casos clínicos más complejos del país sin distingo de clases sociales. Para esta labor contaba con 550 camas, novedosos equipos y laboratorios médicos de punta. Sin embargo, el desgreño administrativo lo llevó a una crisis de la que no salió jamás. “El hospital ya no es ni sombra de lo que fue”, se lamenta Edelmira Arias Carranza, quien conoce a la institución como la palma de su mano. Ella era la encargada de servicios generales, trabajo que realizó durante 10 años. No obstante, le resulta imposible cuantificar cuántas esquizofrenias y neurosis se diagnosticaron entre las cuatro paredes del consultorio que convirtió en su alcoba, ni mucho menos se imagina cuántas camisas de fuerza fueron almacenadas en las repisas donde hoy guarda sus blusas como si se tratara de un elegante guardarropa. Lo que fue la sala de espera y visitados consultorios del Departamento de Salud Mental ahora son el resto de su casa.

Atrás quedaron los días de gloria de este hospital que era admirado, incluso, por su imponente belleza arquitectónica. El moho se devora la estructura a pesar del esfuerzo monumental que a diario hacen sus moradores para ver crecer allí a sus niños. Son 60 familias enteras que ante la posibilidad de permanecer en la intemperie, acondicionaron lo que fue su lugar de trabajo en cuartos, cocinas y salas de recreación. “Pensamos que sería una solución provisional mientras se arreglaban las cosas pero todo el mundo se olvidó de nosotros”, dice uno de los moradores permanentes del lugar.

Y como quien no quiere las cosas, cada uno fue haciendo sutiles cambios. La cocina de Teresa Díaz era antiguamente la sala donde se procesaba el material para realizar los moldes de las prótesis. Sobre las barras para prensar las tiras de yeso, puso una tabla de madera y la convirtió en su mesa de comedor y en la plataforma donde se secaban los modelos ya terminados instaló una pequeña estufa que encaja perfectamente al lado del lavadero. Esta señora de 53 años, era auxiliar de dietas en los tiempos gloriosos del San Juan de Dios. Ahora, sobrevive en el Departamento de ortesis y prótesis con una artritis que la consume al mismo ritmo en que la humedad y el frío se cuelan sin permiso por los agujeros y grietas de los techos y paredes.

Entonces brotó una solidaridad descomunal entre todos para enfrentar la adversidad y no dejar naufragar  esta inmensa construcción. Mientras Teresa prepara una jarra de café, Edelmira vuelve a su casa para revisar si las gallinas empollaron y así regalarle unos huevos para el desayuno. Y es que en este hospital, no sólo se adaptaron laboratorios y salas de cirugía, sino incluso
se hicieron nuevas e insólitas ‘mejoras’. Edelmira cuenta con una huerta personal donde cosecha hortalizas y frutas que regala a sus amigos y vende a los que no son tantos. Además, tiene un corral donde cría gallos y gallinas. “Aquí vivo como vivía en el campo”, afirma orgullosa.

Pero no para todos los ‘inquilinos’ esta adaptación ha sido tan fácil. “La primera noche que dormí acá tuve que limpiar las camas de los tuberculosos y acostarnos en ellas”, recuerda Margarita Vargas. Esta auxiliar de enfermería lleva siete años entre camas destartaladas que disimula con varios tipos de helechos dispuestos sobre resortes y cabeceras, en el ala occidental del pabellón San Lucas, lugar donde se recibían a pacientes con enfermedades infecciosas de gran alcance.

En cualquier pabellón siempre habrá una rica historia de los avances de la medicina en Colombia porque el San Juan de Dios era el único hospital capaz de cubrir todas las especialidades médicas en un solo lugar. Comprendía 21 edificios en donde se atendían más de 25 áreas de la medicina, además de importantes laboratorios como el de Manuel Elkin Patarroyo en cuyas paredes soñó con descubrir la vacuna contra la malaria. Hoy, la desesperanza ha hecho estragos hasta en los recovecos más insospechados. Las cicatrices del abandono han formado grandes queloides que se perciben en todas las paredes y techos, aunque lo peor ocurre cuando la lluvia se cuela por esas grietas y sumerge a los moradores en peceras gigantes y frías.

“Para acostarme en mi cama tengo que saltar tres baldes repletos de agua”, asegura Álvaro Forero, quien vive en el octavo piso del edificio central. Pasó los mejores años de su vida lavando sábanas, fundas y batas médicas para llevar el pan a su casa. La clausura del hospital no sólo inhabilitó bancos de sangre, salas de radiología y las lavadoras donde este hombre de 52 años pasaba parte de sus días, sino las ilusiones de ser feliz y tener una vida digna. “No sólo perdí mi trabajo, sino a mi mujer y a mis hijas que se negaron a vivir aquí”.

En los pasillos continuos a su alcoba, las aguas acumuladas por años han terminado por cambiar su consistencia, formando grandes charcos viscosos, revueltos con el moho del tiempo, que para un peatón inexperto resulta peligroso, ya que un paso en falso podría llevarlo al suelo. Para sostenerse mientras se transita por esas pistas de patinaje, no precisamente de hielo, varios tomógrafos y ultrasonidos portátiles descansan inertes en los corredores, pudriéndose por el agua que gotea del techo. Aunque pudieran ser reutilizados en otras instituciones, para los habitantes del San Juan de Dios representan las señales de humo desesperadas de un náufrago que se niega a morir en soledad.

Estos equipos están inoperantes, pero otros muchos fueron reinventados por los habitantes en elementos asombrosos. Las dos mesas de noche que custodian la cama de Margarita, fueron en su momento gaveteros donde se almacenaban bisturíes, suturas y pinzas. Hoy, contienen lápices labiales, algunas revistas y un reloj despertador. Sus camisas y brasieres yacen sobre tablones de madera que guardan entre sus ranuras las historias clínicas más escalofriantes. Y es que en sus primeros años, esta habitación funcionaba como una central de enfermería y en los estantes empotrados en las paredes se almacenaban los expedientes de los pacientes atendidos en ese pabellón.

Las decenas de niños que viven en el hospital deben cultivar ese mismo ingenio para hacer sus días más felices. Cuando llega el mediodía, el ambiente desolador se minimiza con las risas y cantos que anuncian su llegada del colegio. Laura Camila tiene 7 años de edad, de los cuales cuatro los ha pasado entre algunos consultorios del Departamento de Salud Mental. Su inocencia la ayuda a matizar su realidad y no ser consciente de su condición. Comparte la alcoba con sus padres, quienes le acondicionaron un rincón con afiches y muñecos, en donde juega a la princesa y el dragón. Esta niña no concibe un hogar distinto al San Juan de Dios y tampoco recuerda que Eduardo y María Cristina Pereira, sus padres, tuvieron que disfrazarse de futbolistas el día que decidieron apoderarse de esos consultorios, obligados por el hostigamiento de los celadores, que en aquel momento todavía le encontraban sentido a su trabajo, no como hoy que semejan ánimas que deambulan entre los vivos buscando expiar alguna pena.

Aunque el Estado les reconoció el pago de algunos meses a quienes decidieron tomarse las instalaciones, ellos esperan una indemnización equivalente a sus años de servicio. ¿Habrá una pronta solución? Es difícil saberlo. Lo único cierto es que el aumento insaciable de las malas yerbas semeja volver a sus orígenes, al año 1723 cuando fue fundado por unos visionarios que vieron en estos terrenos más que alimañas y gallinas. Ellos vislumbraron que aquí podría ser la sede de un gran hospital, uno que en su momento lo fue, pero hoy la maleza ha devorado buena parte de su estructura, de las ambulancias y amenaza con sepultar a las personas que allí viven como fantasmas.

Anuncios

15 comentarios

Archivado bajo Uncategorized

15 Respuestas a “En el corazón del San Juan de Dios

  1. Dani.

    este articulo es el mejor que he leido en much timpo, es una bofetada a nuestra relaidad, nos despierta y nos hace ver nuestro presente surrelista, caotico e ironico.
    muchas gracias

  2. lorena

    espectacular ….hace mucho tiempo queria saber que habia pasado despues de el cierre de este gran hospital y pues gracias a este articulo despeje mi incognita muchas gracias lastima no poder conocerlo por dentro ..me quede con las ganas ..un saludo desde miami fl.

  3. luz marina

    en realidad me duele todo lo que ha pasado con compañeros de mi san juan, ya que alli me hice auxiliar de enfermeria,es tenas que han pasado ya 10 años y 3 gobiernos y ninguno define nada…muchos tuvimos que emigrar a buscar estabilidad laborar ya que teniamos hijos que sacar adelante.admiro aquellos que aun han logrado vivir alli en el hospital y en tales circunstancias….

  4. SANDRA

    bueno es algo triste ver como por negligencia se perdio ete gran hospital este informe es muy bueno, pero quiero saber mas.

    me agradaria saber como obtengo informacion.

  5. Gladys Weir

    Yo nací en este hospital en 1942. También allí murió mi abuelita en 1954.
    Yo estudié Bacteriología y éste fué uno de los hospitales donde practicabamos.
    Es una pérdida histórica que no decidan hacer algo por una entidad de esta naturaleza. Saludo a los que viven allí.

  6. marcela calderon

    me parece muy interesante el reporte del san juan de dios me interesa demaciado todo lo de su historia y me gustaria que ustedes que son una revista grande nos pudieran ayudar a poder dentrar y conocer fisicamente las instalaciones del hospital para que por lo menos nos quede el recuerdo de tan gran historia muchas gracias

  7. carlos alberto

    Creo sinceramente que en donde fuego hubo cenizas quedan y como el fénix puede surgir una nueva esperanza para este sistema de salud que pide agritos un cambio significativo por eso es hora que le demos un hogar al conocimiento de la salud

  8. Que tristeza, la indolencia de nuestra sociedad es tan grande, este hospital fue un orgullo, ahora que está cerrado lo quieren convertir en un museo, que indolencia

  9. sandra muñeton

    ME ENCANTARIA INGRESAR Y CONOCERLO, EN SUS POCAS IMAGENES SE VE ESPECTACULAR, DEBERIAMOS IR TODOS Y SUPLICARLE A SEÑOR VIGILANTE QUE NOS DEJE ENTRAR.

  10. Armando Minor

    Ya deberian de sacar todos esos vagos malandrines y constriuir algo moderno en esa parte de la ciudad que de por si es horrible.

  11. Armando Minor

    No se porque tanta reverencia a esa partre de la ciudad que es espantosa, llena de desechables, rateros, prostitutas, y drogadictos; deberian demoler ese inmueble junto con todos los aledaños y construir algo agradable con clase.

    • sarah ovalle

      Si, suena interesante, el problema es que ello vincula problemas sociales mas de fondo, como la inestabilidad actual del sistema de salud colombiano, acompañado de una gran inequidad social, entre otros muchos mas. Yo pensaría mejor en resolver algo que es mucho mas profundo y delicado, a tirar la toalla ignorando la realidad que como colombianos, nos comsume hoy.

  12. JENNY

    Q TRISTEZA VER Q FUE EL MEJOR HOSPITAL D BOGOTA CON LAS MEJORAS MAQUINES,ESPECIALISTAS,Q TRATARON GENTE D TODA CLASE SIN IMPORTAR LA CONDICION D SU CITUCION ECOMICA,SOCIAL O LA Q FUERA SE ATENDIAN Y VER LO Q AHORA ES.AHORA SIN CONTAR ESA POBRE GENTE Q TRABAJO POR TANTOS AÑOS Y Q EL HOSPITAL SE VA A QUIEBRA POR LA RAZON Q SEA Y NO PAGARLE A ESA GENTE .ES MU TRISTE Q TENGAN Q VIVIR EN ESAS CONDICIONES Y Q NIÑOS TENGAN Q CRECER EN UN HOSPÍTAL EN LAS CONDICIONES EN LAS Q SE ENCUENTRA EL SAN JUAN..
    OJALA ESE ALCALDE PETRO PUEDA LLEGAR A HACER ALGO BUENO POR EL Y CON ESA GENTE Q YA ES MUCHO TIEMPO ES HORA DE PONERLE SOLUCION A ESOS ASUNTOS Q SON IMPORTANTES Y ESO SI EL GOBIERNO LO IGNORA.

  13. luci fuentes

    Deberían tomar una edificio de estos y hacer un museo de la medicina. El san juan tiene mucho que enseñarnos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s