Sergio Fajardo/Perfil

Es indiscutible. La campaña por la Presidencia de Colombia ya empezó y está caliente. Por eso quisimos recordar en nuestro blog algunos de los perfiles que hemos hecho de los candidatos y seguimos con Sergio Fajardo, el matemático que se está peleando la punta de las encuestas, y del que hicimos un perfil en enero de este año.

Fotografía Pilar Mejía / © Revista GENTE

Fotografía Pilar Mejía / © Revista GENTE

“El próximo año seré presidente de Colombia”

Mientras el país continúa en la discusión de si Álvaro Uribe Vélez podrá o no presentarse a un tercer mandato, el ex alcalde de Medellín picó en punta en su aspiración a sucederlo y a estas alturas ya ha recorrido más de medio país. Dice que ganará las elecciones en 2010 y se queja de que está recibiendo ataques de la mafi a y de los corruptos porque éstos saben que sus aspiraciones son imparables. Reportaje de GENTE

Por Viviana Pineda y Sergio Ramírez
Fotografía: Pilar Mejía C.

La mujer de sus sueños tiene 65 años, goza de tanta confianza que muchos lo consideran engreído y guarda en su intimidad una frustración enorme: no haber sido arquero. Es matemático, siempre racional aunque ahora está aprendiendo a nadar en las aguas de la política en las que siempre priman los torrentes de pasiones y de emociones. Es disciplinado y paciente. Cumple un año desde que empezó a recorrer el país para conocer de primera mano sus problemas, para estrecharle la mano a su gente. Está convencido de que esas virtudes aprendidas en la academia lo llevarán a la Casa de Nariño, y que por eso “las ratas quieren sacarme”. Sin embargo, anuncia que no lograrán desconcentrarlo y que no responderá a las agresiones ni caerá en la trampa de dar nombre por nombre, sino que invertirá su tiempo, sus fuerzas y sus sueños para elaborar la propuesta final de gobierno que le presentará al país en junio. Pero, ¿quién es este hombre de buenos modales, educado y que dejó una huella en los barrios populares de Medellín con la creación de los parques-biblioteca cuando fue su alcalde, porque la vida comunitaria se edifica allí ahora en torno a libros y canchas deportivas y no alrededor de los parches de las bandas de Pablo Escobar y don Berna como solía ocurrir?

Para descifrar a Sergio Fajardo hay que ponerse el uniforme y devolverse al salón de clases. Es un matemático, un investigador, un científi co. Pero aun, para los que fuimos malos estudiantes, escucharlo es algo fascinante. “Cuando las personas aprenden algo nuevo sienten placer, así le llegamos a la gente, yo sigo siendo un profesor”, dice. Y aunque ahora está en la lucha por la presidencia de Colombia, no deja de aplicar en ningún momento lo que aprendió en la Universidad de los Andes y en la de Winsconsin (Madison, Estados Unidos) donde se doctoró en matemáticas.

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Fotografía Pilar Mejía / © Revista GENTE

Tal vez de ahí viene ese gesto tan suyo de arrugar los ojos, como si le molestara la luz. ¿En realidad es porque está resolviendo un problema en su cabeza o pensando en los señalamientos de los que ha sido víctima recientemente? El que mejor describe su manera de actuar es Alejandro, su hijo de 22 años, que heredó de él su gusto por los números. “El trabajo de un matemático es demostrar hipótesis que se convierten en teoremas. En la política mi papá aplica eso. Él tiene unos principios –los dineros públicos son sagrados, por ejemplo– y a partir de ellos elaboró su plan de gobierno como alcalde. Un matemático tiene unos axiomas, 1+1=2, y a partir de esos axiomas, que son inviolables y no se pueden cambiar, se demuestran cosas. En matemáticas nunca se pueden violar los axiomas y en la política que hace mi papá nunca se puede violar un principio”.

La demostración tiene un procedimiento y el de Fajardo empieza a las 4 de la mañana, cuando se levanta a pensar. Es un amante de la soledad y el silencio, y esa es la hora en que ordena sus ideas en sus infaltables cuadernos de hojas blancas, sin renglones ni cuadrículas. Ahora tiene uno nuevo que le regaló Alejandro para que escribiera las ideas revolucionarias, “que son las únicas capaces de levantar un mundo acostado”. En el estudio de su finca en Antioquia, ubicado en un segundo piso con vista a un bosque sembrado por Lucrecia Ramírez, su compañera, también están las últimas novedades literarias, lo acompañan los libros de Héctor Abad, Juan Diego Restrepo y José Saramago.

Cuando vivía en Medellín esa era la hora en que salía a montar en bicicleta, pero desde que empezó a viajar por el país, hace un año, tuvo que dejar esta rutina. Eso es algo que le duele mucho porque para él, la cicla hace parte de su sello personal. “Soy diferente. Ni tengo poncho ni monto a caballo. Monto en bicicleta”. Fajardo no es un antioqueño tradicional, “es un bogoteño”, como lo afirma Horacio Vélez, su mejor amigo y hoy gerente de UNE. Ambos llegaron siendo adolescentes a estudiar sus carreras en Bogotá. Primero vivieron en el Hotel San Francisco, donde tenían que compartir un tocador para estudiar, y después en un apartamento, en el que pasaron varios fi nes de semana tomando vino Tocornal, hablando y escuchado a Los Beatles y a Los Bee Gees. “Íbamos mucho a cine, a Sergio le encantaban las películas de Antonioni y Buñuel, tanto que la mujer de sus sueños es Catherine Deneuve, pese a que tiene 65 años”. También les fascinaba jugar fútbol contra unos costeños vecinos con los que mamaban gallo. “Una vez les dijimos: ‘hoy les vamos a jugar elegante’ y bajamos con camisa, frac, corbata, pantaloneta y tenis”, recuerda Vélez, que también dice que “Sergio nunca soñó con ser presidente, él quería ser arquero de fútbol. Pero no era muy bueno, tenía manos de mantequilla”. Aunque Fajardo estudió, trabajó, se casó y fue papa en Bogotá, su origen paisa es innegable. Es hijo de uno de los constructores del  emblemático edificio Coltejer, estudió en el colegio Benedictinos –el mismo de Juanes y del presidente Uribe– y es hincha furibundo del Deportivo Independiente Medellín.

Fotografía Pilar Mejía / © Revista GENTE

Fotografía Pilar Mejía / © Revista GENTE

Con la paciencia de los científicos
La otra parte de su procedimiento matemático es caminar, y le pone fuerza a la voz cuando dice que lo ha hecho mucho. “La estrategia de mercadeo de nosotros es muy elemental, la gente sale de sus casas y nosotros la tenemos que encontrar cuando vaya a coger el bus, cuando vaya al estadio, cuando vaya a hacer mercado”, dice Fajardo, que no ha dejado de caminar en nueve años. Al principio lo hacía con unos botines de cuero volteado, pero los últimos seis años lo han acompañado unos mocasines con los que ha pisado más de 30 lugares de Colombia. Y lo hace muy rápido, “solo se detiene a comer, y come rapidísimo”, dijo a GENTE uno de sus colaboradores.

Y al parecer ese procedimiento funciona, porque Fajardo terminó su administración en la Alcaldía de Medellín con un 80 por ciento de popularidad entre sus gobernados, fue nombrado el mejor Alcalde del país y su trabajo ha sido destacado por medios internacionales como The New York Times, BBC y la revista de negocios inglesa fDi, que lo nombró Personaje del Año para Latinoamérica en 2007.

En todos estos medios se destacaron de su gestión, sus impulsos a la educación y sus ideas progresistas. Al lado de una mujer formada como Lucrecia (quien se hizo llamar la primera mujer y no la primera dama de Medellín), Sergio Fajardo redimensionó, en buena medida, el rol y el estereotipo de la mujer en la ciudad: menos porcelana, menos decorativa y mucho más deliberante y consciente de su papel transformador. El concurso de las mujeres talento de Medellín es un gran ejemplo y una buena herencia de ello.

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Hoy Fajardo tiene potencial para ser presidente. Firmas encuestadoras como Invamer Gallup lo han puesto a la cabeza, empatado con el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, en la intención de voto de los colombianos con un 12 por ciento (si no se lanza el presidente Uribe), algo que lo pone en un buen lugar según Jorge Londoño, gerente de esta firma. Fajardo tiene un 60 por ciento de reconocimiento en el país, que es muy poco. Pero entre ese 60 por ciento que lo conoce un 44 por ciento tiene una imagen favorable y eso lo ubica muy bien en el lote”, sostiene. Esto es un gran terreno abonado si se tiene en cuenta que en su primera candidatura a alcalde (la cual perdió) empezó con cero por ciento, y cuatro años más tarde obtuvo 208.111 votos, que superaban el total de las votaciones de 1988, 1992 y 1994 en esta ciudad.

Señalado como uribista, después de que el asesor presidencial José Obdulio Gaviria dijera que ve en él al reemplazo del Presidente, Fajardo sostiene que no es ni uribista ni antiuribista. No se considera el heredero de Uribe, no está dispuesto a hacer equipo con un partido tradicional y le es indiferente quiénes serán sus contrincantes y si Uribe se lanza o no. “A José Obdulio lo conocí cuando empecé a hacer política y si él tiene afi nidad por nuestro proyecto es cosa de él como persona. No me considero cercano a él. El año pasado no lo vi ni una sola vez, ni siquiera pude darle las condolencias por la muerte de su padre”, afirma.

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Fotografía Pilar Mejía / © Revista GENTE

En enero de 2008 empezó a caminar Colombia, a donde llega sigue su método científi co para, como dice él, “llevarse el país en la piel, la razón y en el corazón”. Antes de ir a un lugar estudia sobre él. “Porque si yo me preparo no voy a llegar a hablar de mí mismo sino de la región, y ahí uno aprende”. Al llegar se reúne con personas que estén aportando a su municipio, “la condición es que sean decentes”. Y siempre pide que lo lleven a las escuelas, “con sólo mirar los pupitres, la paredes y los baños ya me doy cuenta en qué lugar estamos”. Obviamente estos viajes también le han servido para formar su estructura política, pero, según él, sin salirse de otro de sus axiomas o principios inviolables, “el dinero debe estar donde están las necesidades, no donde están los votos. Nosotros no compramos un voto, no negociamos para llegar al poder porque el que negocia llega a pagar y va a pagar con los recursos públicos”. Con todo esto está construyendo la propuesta que les presentará a los colombianos en junio de 2009, cuando volverá a recorrer Colombia, esta vez en un bus cargado de volantes.

La esperanza volvió a Medellín
Sergio Fajardo siempre se ha considerado un privilegiado por poder hacer lo que ha querido, una de esas cosas fue ser matemático. Con la política le pasó igual, la hace por convicción. Entró en este mundo, hostil, según el mismo, porque en los cargos que ocupó –miembro del Consejo Nacional de Ciencias Básicas (Colciencias), integrante de la Comisión Nacional de Maestrías y Doctorados y director del Centro de Ciencia y Tecnología de Antioquia– siempre dictaba lo que ‘debería ser el país’, siempre expresaba que las ciencias eran importantes para el desarrollo de las naciones y que era necesario que más personas accedieran a ellas, o como lo diría su axioma inviolable, “que la educación sea un derecho de todos y no un privilegio de unos pocos”. Pero los políticos siempre eran los que tomaban las  decisiones, y eso que él expresaba por todos los medios posibles se quedaba en el papel.

Esa preocupación la compartía con un grupo de amigos de Medellín que después de discutir y discutir el tema decidieron que se lanzarían a la política, que Fajardo sería su líder y que su propósito sería cambiar el “debería ser así” por el “así es”.

Perdieron en el primer intento, después de haber caminado días enteros diciendo: “Soy Sergio Fajardo, esta es mi propuesta, mírela y si le gusta apóyenos”, y todos creyeron que desistiría. Pero no fue así, a los ocho meses ya estaba llamando al equipo para hacer el proceso disciplinado de entregar un volante y mirar a los ojos. “Yo no estoy en esto para ponerlo en la hoja de vida, para ser multimillonario, o porque me sueñe pintado al óleo con la banda presidencial, estoy en esto por la convicción más profunda de que tenemos unas ideas, unos principios, unas propuestas para transformar esta sociedad”, dice.

Pero tener la firmeza del 1+1=2 también le ha traído inconvenientes a Fajardo. Se le nota la prepotencia de los académicos cuando responde entrevistas, se le acusa de no aceptar críticas, de ser terco e incluso arrogante, como lo indicó Lucho Garzón, ex alcalde de Bogotá, cuando dijo al diario El Tiempo que “Fajardo se cree Dios”. El paisa no responde con nombre propio a quien lo critica porque eso sería esconcentrarse de su proyecto, salir “del terreno de la construcción y meterse en el de la destrucción”. Aun así, se defi ende como professor y utiliza términos como ‘ignorantes’, ‘desinformados’ y hasta ‘tontos’, “la lógica no les da para más”, ha dicho.

059-GENTE-LEO-1Otros columnistas lo han acusado de ‘maquillador’ porque no erradicó el problema de las mafi as en la ciudad y porque las desmovilizaciones paramilitares de esta ciudad fueron un fracaso. Así lo señaló Cecilia Orozco en El Espectador: “La cacareada reconciliación social de la ciudad en época de Sergio Fajardo se hizo con base en la cohabitación con gente de la laya de don Berna… a quien delegaron el mantenimiento de la convivencia en las comunas para la garantía de la gobernabilidad de la alcaldía de entonces”.

A esto se sumó la publicitada carta del mencionado paramilitar desde una cárcel de Estados Unidos en la que asegura que Alonso Salazar, alcalde de Medellín y ex secretario de Gobierno de Fajardo, recibió su apoyo en su campaña política. A esta andanada de críticas y acusaciones el matemático las ve como una zancadilla de los que él llama “los políticos de alcantarilla”. “Por la cañería van las ratas y van montones, muchas veces se atropellan entre ellas mismas y no les importa pasar por encima de lo que sea, de Medellín incluso, con tal de llegar al poder y convertirlo en su patrimonio particular.

Por eso han hecho salir a muchos de la política. Pero nosotros no nos vamos a meter con ellos a su cañería, frente a eso nosotros tenemos imaginación, creatividad, pasión y decencia”. Armas con las que realizó una absoluta revolución. Hasta hace un tiempo la ciudad vivía con el estigma que se creía irreparable: el cartel de criminales llevaba su nombre. Cuando llegó Fajardo prometió hacer que hablaran de Medellín pero con otra agenda y llenó la ciudad de bibliotecas que hoy son objeto de admiración. Su lucha ha sido demostrar que en Medellín sí se pasó del “miedo a la esperanza”. Los cálculos de este matemático le indican que vendrán otros ataques de quienes no quieren que llegue al poder. “Si tuviéramos 1 por ciento en las encuestas nadie se metería con nosotros”. Sin embargo, dice que no cambiará su forma de ser y que nadie lo va a sacar de su camino. Este país necesita un líder que lo impulse al desarrollo a través de la educación y de la decencia. Él cree que es el más adecuado para defender esas banderas y por eso está seguro: “El próximo año seré presidente de Colombia”.

Vea también aquí el perfil (el de la discordia) de Andres Felipe Arias ‘Uribito’ y el de Juan Manuel Santos

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