Jorge Navas / La sangre y la lluvia

A finales del año pasado la revista GENTE estuvo en algunas de las frías y duras noches de rodaje del filme La sangre y la lluvia, ópera prima del joven realizador caleño Jorge Navas. Sabíamos que el filme daría mucho de qué hablar por su calidad y su interesante apuesta. La película, que ya se vio en la Mostra de Venecia, se estrena oficialmente en Colombia el próximo 30 de octubre. Les deseamos toda la suerte del mundo a Navas y a su equipo y los dejamos a ustedes con la estupenda crónica de rodaje que escribió para nosotros el periodista Carlos Vallejo (fue publicada en el número 6 de GENTE, que circuló en diciembre de 2008).

Jorge Navas-Doble

Jorge Navas / Fotografía: Ricardo Pinzón © GENTE

Por Carlos Vallejo / Especial para GENTE

El punto de encuentro es el barrio Santa Fe, uno de los más peligrosos de Bogotá (el año pasado hubo en este lugar 59 homicidos y más de 1.000 hurtos). Es una calle junto al parque Óscar –no se sabe por qué se llama así, pero un teatro, una panadería y muchos niños llevan su nombre–, dominada por una esquina con un edificio de cuatro pisos en ruinas.Parece como si lo hubieran bombardeado. De hecho, varias de sus paredes volaron en pedazos a comienzos de este año porque allí funcionaba una fábrica de explosivos de las Farc. Son las 7 de la noche. Setenta personas se bajan de varios camiones y furgonetas. Lentamente llenan las solitarias y oscuras calles de cables, luces, trípodes y cámaras para filmar un par de escenas de una de las películas más esperadas de los últimos años en Colombia: La sangre y la lluvia, del director caleño Jorge Navas.

Hay mucha expectativa. Después del triunfo del filme Perro come perro, realizado por Carlos Moreno (también nacido en Cali, compañero de universidad de Navas) las miradas se centran en él. Sobran los motivos. El guión del filme tiene un recorrido largo y exitoso, fue ganador de varios premios como el Script and Development de la Fundación Hubert Bals y el Festival de Rótterdam (en 2003) y del Laboratorio de Guiones del Sundance Institute, entre otros. La historia lleva escrita seis años. Pero el momento de rodar se aplazaba una y otra vez. Ahora no hay duda. Esta fría noche (la temperatura no supera los 9 grados centígrados) el equipo completa más de un mes filmando sin ver la luz del día. Algunos miembros del equipo están agotados. A lo lejos varios soldados vigilan que no le pase nada al grupo. Navas se ve cansado pero tranquilo.

Jore Navas oscura

Jorge Navas / Fotografía: Ricardo Pinzón © GENTE

Aparenta menos de sus 35 años, lleva chivera, viste jeans y chaqueta negra de cuero y mete repetidamente las manos en los bolsillos traseros. Este comunicador social de la Universidad del Valle, que se dio a conocer con el cortometraje Alguien mató algo (1999), explica con acento bogotano que en esta película “camellamos con horario de vampiro”. La noche apenas comienza. El primer reto de la producción es estrellar un taxi contra una esquina. El recurso es sencillo, amarrarlo con una polea a un carro que lo arrastra a toda velocidad. El problema: las cinco horas que tardará el departamento de arte pegando calcomanías para dejar el destartalado vehículo que chocará igual al usado en las otras escenas.

Jorge Navas-horizontal

Jorge Navas / Fotografía: Ricardo Pinzón © GENTE

Los protagonistas, los esposos ‘Kike’ Mendoza y Gloria Montoya, hablan y toman tinto en un andén. Hernán Méndez, el antagónico, está junto a un resbalador, en silencio y con un pasamontañas para el frío. Navas acaricia a veces su barba con la mano derecha, preocupado ante la probabilidad de lluvia que, en contra de lo que podría pensarse, no es lo más indicado para una película en la que llueve todo el tiempo. Al contrario, la idea es crear la lluvia (en parte digitalmente), controlarla. Por eso, antes de cada toma, un hombre moja calles, casas y árboles con el agua de un camión cisterna. Es el momento en que Navas dice, riendo: “Jueputa, casi que no”. Faltan cinco para las doce.

La vida vampira

“51. Exterior. Barrio Industrial. Calle. Taxi. Noche. Hilos de humo salen del estropeado motor. Jorge está inconsciente sobre el tablero del carro, junto al parabrisas roto. Atrás Ángela golpeada y desgonzada con su vestido levantado, está semiconsciente y trata de incorporarse lentamente”. Estas líneas del guión describen lo que sigue tras el choque, que fue un éxito. Después, tres tipos armados bajarán de un jeep y se los llevarán.

Aparentemente sencilla, la escena ocupará a los miembros del equipo de rodaje hasta las primeras horas de la madrugada. Madrugada en que se repetirá la sensación de peligro que los ha seguido por los lugares más violentos de Bogotá –“Vamos de olla en olla”, dice Navas–: habrá tres tiroteos, pasarán indigentes gritando que todos van a morir, los soldados que cuidan el rodaje estarán atentos ante cada balazo y sortearán las insinuaciones de las mujeres del sector, que les gritan desde sus ventanas: “¡Quiero que me meta el fusil!”. La productora, Vicky Idrobo, lo ve con naturalidad, “es el diario vivir, tiroteos y todos corriendo”. Así es esta noche de vampiros.

Jorge Navas mira al cielo

Jorge Navas / Fotografía: Ricardo Pinzón © GENTE

“Llego a la casa a las 7 de la mañana, me duermo a las 9, me despierto a las 6 de la tarde y salgo sin comer”, dice Navas, y agrega que envió a Bucaramanga a su mujer y a su hijo Dante, que justo en este día cumple 4 meses. “¿Cómo era?”, dice pensando en la primera versión de la historia. Sólo sabe que era más pesimista pero los años la han madurado, como a él. A veces teme: “Con tanto que se ha hablado, me digo qué estoy haciendo, qué hice, y dudo”. El proyecto involucra su vida y sus intereses: “Me gustan los personajes que se desgarran y enfrentan al mundo por amor. El expresionismo alemán es mi momento favorito del cine y por eso manejo un ritmo lento y reflexivo. Y también mi tendencia de otra época a meterme en espacios sórdidos, buscando lo que no se me ha perdido”.

Son las 4:30 de la madrugada, cantan los pájaros y aparece el repartidor de periódicos en su bicicleta. El camión cisterna moja la calle y el mecánico de los carros del rodaje se muere de risa, “esa es la lluvia, sí, ¿y la sangre?”. La sangre está en la frente de ‘Kike’ Mendoza y se debe retocar antes de cada toma. Es el último plano de la jornada. Ojerosos y cansados, los miembros del equipo conservan el vértigo del inicio. Ya aclara, toca apurarse. “Nos está cogiendo la noche”, dice Navas, sin pensar que no es la noche, porque ya los niños salen al colegio, la panadería Óscar abre y la gente dice buenos días. Es la vida al revés.

navas vertical

Jorge Navas / Fotografía: Ricardo Pinzón © GENTE

Por hoy terminaron. Navas tiene el guión en la mano todo el tiempo. No hay página sin un apunte en lapicero negro o rojo. Preguntas, soluciones, ideas. Y en la primera, su firma, la fecha febrero 7 de 2007 y una inspiradora frase de Orson Welles: “Como si todo fuera un sueño”. La sangre y la lluvia se estrenará el próximo año. Navas y su equipo de trabajo volverán a dormir en pocos días.

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