‘Lágrimas de Eros’ en GENTE

Una de nuestras más activas colaboradoras y corresponsales en España: Margarita Borrero, nos mandó este completísimo texto sobre la exposición Lágrimas de Eros que se exhibe en Madrid en el museo  Thyssen-Bornemisza. Pero lo mejor es que la muestra se puede ver en Internet hasta el 31 de enero de 2010. Un extracto de este texto lo pueden leer en la edición impresa de la Revista GENTE Colombia (Diciembre de 2009), pero aquí pueden revisar el artículo en su extensión original.

'Eva y la Manzana'. Cortesía Museo Thyssen-Bornemisza

En el principio era Venus. Recién nacida, en medio del mar, comenzó a dar vigorosas brazadas hasta alcanzar la costa de la isla de Chipre. En cuanto estuvo en tierra firme, se puso a escurrir su larga cabellera, en la que aún quedaban restos del semen de su padre (El nacimiento de Venus, Eugene-Emmanuel Amaruy-Duval, 1862). Después de Venus fueron el árbol, la serpiente, Adán y Eva (Adán y Eva, Jan Gossaert, 1507). Eva se desplazaba a saltos en el interior de las pinturas y casi siempre le salía al paso una hoja de parra que ocultaba su pubis de la vista de los curiosos. A veces se quedaba del todo descubierta, con la manzana en la mano y un gesto de distraída provocación. Vivió desnuda durante milenios en el interior de las iglesias, donde nuevas generaciones de hombres renovaron su fe en el pecado original gracias a ella. Sin proponérselo, se robó el protagonismo de la escena. Con el paso de los siglos, desaparecieron de los cuadros Adán y el árbol; solo quedaron Eva y la serpiente, cada vez más cómplices, convertidas en una única criatura tentadora. Una tarde de principios de 1980, la actriz Nastassja Kinski tuvo la ocurrencia de juguetear desnuda con una boa frente a una cámara. Esa foto se convirtió en una de las imágenes más vendidas de la historia (Nastassja Kinski y la serpiente, Richard Avedon, 1981). Unos años más tarde, Rachel Weisz también se atrevió a posar desnuda con una serpiente (Sin título, James White, 2004). Las ventas se volvieron a disparar.

En el principio era el mito. Después vinieron los artistas con sus lienzos y sus mármoles y sus cámaras. Después, las colecciones de los museos. La exposición Lágrimas de Eros, que se presenta en estos días en el museo madrileño Thyssen-Bornemisza, retoma una docena de mitos, los contrapone y rastrea la evolución de su iconografía a lo largo de la historia. El origen de esta idea es el último libro que escribiera el filósofo francés Georges Bataille, Les larmes d´Éros (1961), en el que exploraba la íntima relación entre Eros y Tánatos; entre el impulso erótico, de vida, y el instinto de muerte. Guillermo Solana, comisario de la exposición del Thyssen-Bornemisza, ha querido ilustrar el concepto de Bataille, pero sin limitarse a las pinturas. Por eso la exposición rompe moldes, innova e incluye fotografías, videos y esculturas. La muestra, que reúne 120 obras, enseña que los temas recurrentes de los mitos han cambiado de forma, pero perviven hasta nuestros tiempos con idéntico fondo: deseo, tabú, trasgresión y muerte.

'La mujer en las olas', Gustave Courbet / Cortesía Museo Thyssen-Bornemisza

De vuelta a la figura de la mujer tentadora hay una sala en el Thyssen-Bornemisza dedicada a las esfinges y a las sirenas; criaturas sensuales, desnudas, mojadas –a veces anfibias y a veces felinas–, que atraen a los hombres hacia sus territorios, misteriosos, terribles y letales. (Mujer en las olas, Gustave Courbet, 1868). En las leyendas, ceder al impulso erótico se pagaba muchas veces con la vida; por eso el arte demonizó lo femenino, hizo hincapié en el oscuro vínculo entre el gozo sexual y la muerte.

Bataille, como tantos otros franceses, utiliza el término petite mort, pequeña muerte, para referirse al orgasmo, a ese momento fugaz de pérdida de conciencia en que el mundo deja de existir. La lucha contra los impulsos sexuales se ha representado durante siglos como un combate por la supervivencia, una batalla que se libra contra un enemigo. Y ese enemigo casi siempre ha tenido forma de mujer. San Antonio se hizo célebre por su capacidad para resistir la tentación. Aferrado a un pequeño rosario, contaba y recontaba oraciones, pero sus ojos permanecían abiertos, fijos en las criaturas que intentaban arrastrarlo a la caída. En un cuadro que representa al santo (Las tentaciones de San Antonio, Jan Wellens de Cock,1520), las mujeres lo tientan con su desnudez adornada de joyas. Además, una ristra de demonios medievales desciende de los árboles que lo rodean. Él resiste, tenso, alerta. Su hábito deshilachado es como una armadura o una costra que vuelve su piel impenetrable.

Las salas posteriores del Thyssen-Bornemisza muestran la consumación del acto erótico tal como la concibiera Bataille. En ellas se establece una analogía entre el dominio sexual y el sacrificio religioso. Para ilustrarlo, han sido elegidos dos iconos. El femenino y pagano es Andrómeda. El masculino y religioso es San Sebastián. Entre las pinturas expuestas, destaca una de las pocas pinturas al óleo que realizara el grabador Gustave Doré (Andrómeda, 1869). Se trata de una Andrómeda desnuda, de melena larga y pelirroja, casi de tamaño natural, que lucha por liberarse de las cadenas que la retienen en un acantilado. El monstruo marino serpentea junto a sus pies y ella se contorsiona, desesperada. Esa imagen de la mujer hecha prisionera, sometida, a merced de quien quiera tomarla, en la actualidad es uno de los símbolos favoritos de los aficionados al bondage. Se trata de una práctica sexual, hermanada con el sadomasoquismo, en la que se obtiene placer al esclavizar o inmovilizar a una pareja, que juega el rol de víctima.

'Andrómeda', Paul Gustave Louis Doré / Cortesía Museo Thyssen-Bornemisza

El contrapunto de Andrómeda es San Sebastián, mártir de la Iglesia católica. Fue en origen un soldado romano a quien la profesión de su fe lo condenó a morir asaeteado. Siempre se le representa como un adolescente musculoso y bello, atado a un poste, con el cuerpo atravesado por varias flechas. Su cuerpo semidesnudo, en una pose evocativa de la entrega sexual, en lugar de afianzar la fe de las parroquianas, las incitaba al pecado. Con el tiempo, este santo se convirtió en un icono gay. En esta sala del Thyssen-Bornemisza dedicada a él, destaca una escultura excepcional, de Gian Lorenzo Bernini (San Sebastián, 1611). Fue la segunda obra que el maestro hizo en su vida, cuando apenas tenía 16 años; más o menos la edad del San Sebastián que yace desmayado contra el poste. La carnosidad del mármol, la expresión del joven –a medio camino entre el dolor y el éxtasis– confirman que Bernini fue un genio prematuro.

Cuando Eros y Tánatos se enfrentan, el erotismo se tiñe de muerte y la muerte se erotiza. Dejamos a Eros y nos adentramos en los territorios de Tánatos. La segunda parte de la exposición se encuentra en la Sala de las alhajas de Caja Madrid, que funciona como una segunda sede fuera del museo. En una de sus estancias se exhiben varios cuadros dedicados a las cabezas cortadas. La decapitación es un tema recurrente en la Biblia y también en la historia del arte. Casi siempre los protagonistas buscan venganza y utilizan a Eros, la seducción, para desencadenar a Tánatos, la muerte. Es lo que ocurre en dos de las leyendas más célebres representadas aquí. La cabeza de Juan Bautista aparece entre los brazos lascivos de Salomé (Salomé, Lucien Lévy-Dhurmer, 1896). Según la versión del mito que da Oscar Wilde, Salomé estaba enamorada del Bautista y, como él la rechazó, fue decapitado. En el cuadro de Levy-Dhurmer, ambos aparecen de perfil y ella besa con lujuria los labios muertos del santo. También encontramos la cabeza cortada de Holofernes. En el Antiguo Testamento, se narra el episodio de Judit, quien logró salvar a la ciudad de Betulia del asedio enemigo al embriagar a Holofernes. (Judit con la cabeza de Holofernes, Francesco del Cairo, 1630). Una vez que estuvo borracho, le separó la cabeza del cuerpo con un certero golpe de espada. El cuadro de Del Cairo es inquietante porque representa a Judit de frente al espectador, altanera, serena, sin asomo de remordimiento pese a que acaba de asesinar a un hombre.

Otro de los semblantes de Tánatos es el sueño, una versión suavizada de esa muerte dulce que convierte a los jóvenes en objetos pasivos de deseo. Los griegos acuñaron el término somnofilia para definir la excitación sexual que producían los cuerpos en reposo. Según la leyenda griega, Selene, la diosa Luna, convenció a Zeus de que concediera la inmortalidad a un joven pastor de quien ella se había enamorado. Endimión cayó así en un sueño eterno. (Selene y Endimión, Edward John Poynter, 1902). Una de las versiones del mito relata que la diosa y el pastor tuvieron medio centenar de hijas, de lo que se deduce que, durante aquellos encuentros nocturnos, Selene hacía algo más que contemplar a su amado dormir. La exposición ofrece como imagen del Endimión moderno a David Beckam mientras descansa (David, Sam Taylor-Wood, video, 2004). Taylor filmó este video después de que Beckam tuviera un entrenamiento particularmente agotador, para asegurarse de que estuviera exhausto y su reposo fuera profundo. Beckam nos descubre así una nueva faceta suya, la del bello durmiente que seduce, ajeno a los desórdenes que provoca en quienes lo observan.

'David Robert Joseph Beckham, David', video de Sam Taylor Wood / Museo Thyssen-Bornemisza

La muerte adquiere un cariz erótico cuando las pasiones desencadenadas son devastadoras y mortíferas. Por eso Cleopatra, la devoradora de hombres, ocupa un palco de honor en esta parte de la exposición y hay varias pinturas dedicadas a ella. Según la leyenda, se suicidó con la picadura de un áspid; era la serpiente que usaba en sus brazaletes y sus joyas, el símbolo por excelencia de su imperio, el que siempre la acompañaba. De alguna manera, su imagen con el áspid hace eco a la de Eva con la serpiente. Uno de los cuadros que más llama la atención es el de Hans Makart (La muerte de Cleopatra, 1875), que muestra a una Cleopatra sensual, rodeada de pieles, joyas, sedas, oro y todo tipo de objetos ricos y vistosos. Esta obra en particular de Makart estuvo en manos de un gran admirador suyo: Adolf Hitler. Makart, en su juventud, se vio forzado a abandonar la academia de Viena –la misma que rechazó a Hitler una generación más tarde– porque los maestros consideraron que no tenía ningún talento. Aun así, creó un estilo propio y llegó a gozar de un enorme prestigio. Este cuadro de Makart es una obra maestra por mérito propio, pero nuestra mirada cambia cuando conocemos su historia. La imagen de esta Cleopatra semidesnuda, en una actitud lujuriosa en vísperas de su suicidio, decoró durante años la estancia de un hombre que desató por toda Euoropa el Lustmord, la lujuria de matar. Hitler ya era, cuando contemplaba esta imagen, un futuro suicida.

En el anverso de la moneda de la vida encontramos la muerte; Eros se contrapone a Tánatos, pero al girar la moneda de un lado hacia el otro, surgen la pasión y el éxtasis. Los cuerpos se contorsionan de miedo o de placer; los ojos se cierran de dolor o de sueño. El abanico de emociones y de imágenes es muy amplio y ha obsesionado a los artistas durante siglos, desde aquellos tiempos remotos en que Venus se escurría su larga melena en las costas de Chipre. Está visto que los caminos de Eros son sinuosos y están plagados de trampas, de inútiles resistencias, porque el impulso de vida sucumbe, tarde o temprano, a la muerte. Sin embargo hay formas de retener ese latido, esa pulsión, esas emociones vibrantes; de suspenderlas en un halo de instantánea eternidad: pintar, fotografiar, esculpir, filmar… son actos que capturan el momento fugaz que tuvo lugar hace siglos y que aún se repite ahora mientras un cuerpo se resiste al deseo o sucumbe a la lujuria, mientras alguien duerme, tiene un orgasmo o muere… o contempla en éxtasis una fabulosa obra de arte.

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9 comentarios

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9 Respuestas a “‘Lágrimas de Eros’ en GENTE

  1. arturo

    Excelente artículo de EROS, ojala se publicaran mas escritos sobre los mitos de todas las epocas

  2. Rosario

    Hola

    Me encanto la idea de visitar museos, sin estar en lugar, espero se repita constantemente , para mi deleite y de los amantes del arte ,la pintura, la belleza y la historia.

    gracias y feliz navidad

  3. nidia Rujana

    Muy interesante, que escritora tan talentosa y bien educada. Me encanto este articulo.

  4. EMMA NIGRINIS

    Me gusto, es un relato de la exposición llevándonos atreves de la historia del arte, de la mitología y de la religión, que nos hace ver y entender de una manera racional, la relación entre la seducción en todas sus expresiones, la vida, la muerte en diferentes manifestaciones artísticas, demostrando la crónica y quien lo escribe, conocimientos no solo de arte y de mitología, si no de literatura y psicología. Me parece una crónica amena, sin ser un tratado, pero lo suficientemente ilustrada y explicada como para entender temas tan difíciles como las diferentes corrientes del arte y algo mucho más complejo como el erotismo del hombre y su evolución y visión en diferentes épocas de la humanidad. Mis felicitaciones y mis deseos de que siga escribiendo. Cuando leí el articulo me sentí como cuando termine de leer La Casa de los Espíritus de Isabel Allende, una mescla de historia, ficción, fantasía, realidad y sueño.

  5. Nina

    un excelente recorrido por la mitologia y los museos. Teien sensibilidad y trata con mucha maestria un tema tan peliagudo en esta sociedad todavia marcada por el falso pudor, como es el herotismo

  6. Con qué finura ha tratado la escritora un tema tan delicado como es el erotismo.
    Felicitaciones a Margarita Borrero.

  7. garnica

    la exposicion demuestra la vigencia q siguen teniendo estos temas en el contexto de hoy.
    me parece muy importante q escritores como margarita borrero guien al publico para sacarle un maximo provecho a la experiencia estetica en el museo.
    gracias!

  8. Consuelo

    sON temas bastante interesantes al cual hay veces no se tiene acceso felicitaciones ala escritora margarita borrero

  9. Carlos Romano

    Excelente manera de combinar la sensibilidad con el conocimiento. Este documento respeta la inteligencia del público al que va dirigida la exposición y a la vez genera una necesidad de asistir. Margarita, te felicito.

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