En busca de oro / Crónica

En el país, además de la fiebre electoral, se está viviendo una nueva fiebre de oro. El año pasado en la revista GENTE Colombia publicamos una crónica sobre la explotación de este metal precioso en el pacífico colombiano. Los dejamos con ese texto y estas estupendas fotos, en resumen, un buen material de lectura para este largo puente. La próxima semana seguiremos hablando de la elecciones.

Por Diana María Pachón / Fotografía: Julián Lineros / Buenaventura

En busca de oro / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

Como en el Viejo Oeste cada día llegan a las orillas del río Dagua, en el departamento del Valle, cientos de personas en busca del mineral. Allí no hay Dios ni ley. Niños, mujeres y hombres escarban hasta caer rendidos ante la esquiva fortuna. Muchos temen que se produzca una tragedia. GENTE estuvo allí

Allá, en el fondo, un hombre negocia unas camisetas. Más acá, otro vende minutos de celular. Cerca, una mujer le cuenta a otra que teme los inminentes dolores del parto. La vida cotidiana de este lugar sería como la de cualquiera del país. La diferencia está en que no hay ni iglesia ni alcalde. Es un hervidero humano convertido

así por un rumor que corrió en el mes de abril. Antes de esa época, en las mañanas apenas se escuchaba el canto de los pájaros de la exuberante vegetación de esta región. Las aguas mansas del río Dagua corrían por este punto llamado Zaragoza, a 20 kilómetros del casco urbano del puerto de Buenaventura. Cada mañana arriban en jeeps más personas que viajan como sardinas enlatadas mientras miran a su lado una sorprendente fauna y una vegetación de postal.

En busca de oro / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

–Hoy voy por una libra de oro–, me dice un negro corpulento enterrándome el codo en las costillas.

–¿Una libra? ¿Y es que cuánto ha recogido?

–Cincuenta gramitos recogí ayer–, dice mostrándome una sonrisa enmarcada en unos labios gruesos y morados. Cincuenta gramos equivalen a 2.250.000 pesos, es decir, casi cinco salarios mínimos en un solo día. Luego continúa.

–A usted negrita ¿cómo le ha ido?

–No voy por oro, soy periodista–, le digo extendiendo mi mano y presentándome. Él enmudece como si la palabra periodista fuera una grosería; enseguida mira la cámara de mi compañero y con la batea se cubre el rostro para evitar ser fotografiado.

En busca de oro / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

Desde la carretera la mina parece un pueblo de desplazados construido con guadua y plásticos negros. Sólo unas cuantas sombrillas ubicadas en las mesas de los compradores de oro avivan el panorama con sus colores encendidos como carpas de circo. En el río 20 dragas succionan tierra y pedacitos de oro que se estancan en canalones. Dentro de las aguas los buzos aspiran con el tubo que sale de las dragas del fondo del río y apartan las rocas más grandes en las orillas armando un puzzle peligroso que les puede caer encima. Los dueños de las dragas son los potentados. Cada draga cuesta 16.000.000 de pesos y hace el trabajo de 20 personas.

En busca de oro / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

En abril, como en peregrinación religiosa y con la miseria a cuestas, empezaron a llegar al río Dagua decenas de personas provenientes de las veredas cercanas. Todos de raza negra y cargando sobre sus hombros palas y bateas. Ante la oleada humana la arenera Zaragoza, empresa de propiedad de la Constructora Colpatria y la encargada de extraer material de arrastre para la construcción del nuevo terminal de contenedores en Buenaventura, suspendió labores. El rumor del oro se fue expandiendo como una influenza y cada día llegaban más y más personas de diferentes partes de Antioquia, Cauca, Caldas, Chocó, y de dos de los municipios con mayores índices de miseria en el país: Tumaco y Buenaventura. En el informe número XIII de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento –Codhes– se muestra que el 96 por ciento de los hogares afrocolombianos se encuentran en condiciones de pobreza.

Aún no se sabe quién encontró oro por primera vez. Luz Stella Ibargüen cree que un operario de la arenera encontró una pelota de un amarillo incandescente y se escapó a Cali o a Medellín para vivir como millonario. Otros mineros dicen que fue un pescador. El administrador de la arenera, Édgar Cruz, cuenta que dos mujeres de la vereda Bendiciones hallaron esquirlas de oro mientras lavaban ropa en los playones del río y desmiente la teoría de Luz Stella diciendo que sus operarios sólo han encontrado tierra y piedras. Luego agrega: “Si hay oro o no, no lo sabemos, sólo extraemos el material del río para los proyectos de Colpatria. Es probable que muchas de las carreteras del país estén construidas con oro o sobre toneladas de oro. Si nos detenemos a mirar qué sacamos en cada cargamento de tierra se suspenden las obras. La minería informal no deja progresar a las regiones así como no nos ha dejado progresar a nosotros”.

En busca de oro / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

La arenera Zaragoza es ahora un letrero detrás de una reja cerrada custodiada por un vigilante con uniforme azul. Frente a la reja se escucha el llanto de una mujer aferrada a un joven que se electrocutó tratando de instalar una bombilla en su toldo. Un moreno manco se cubre los ojos con la mano que aún le queda para no dejar escapar las lágrimas, y a su lado un viejo tuerto con un ojo marrón lo consuela diciéndole que todo estará bien.

Cuatro personas han fallecido desde que se inició la explotación de oro. Una mujer murió porque se le olvidó que no sabía nadar y se internó en el río hasta que la corriente la arrastró arrebatándole la vida. Después de la mujer tres hombres perecieron: uno por codicioso, otro por caballeroso y el último por arriesgado. Por sacar más oro el codicioso quedó sepultado con dos millones de pesos en el bolsillo y 17 gramos de oro. Al caballeroso le cayó una roca encima mientras trataba de sacar un baldado de tierra para una señorita que estaba cortejando. El arriesgado se metió en un socavón sabiendo que estaba a punto de derrumbarse.

En busca de oro / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

Al medio día el sol se filtra en medio de un velo de nubes. Al frente de los cambuches se extienden huecos verticales de tres, cinco, hasta siete metros formando con todos una colmena de medio centenar de agujeros. Entre hueco y hueco hay desfiladeros ocupados por serpientes humanas que trabajan como hormigas obreras y por donde quiera que se vea vuelan baldes cargados de piedras. Las mujeres jóvenes visten faldas que apenas cubren sus erguidas nalgas y pantalones ceñidos comprados en uno de los toldos improvisados a cinco mil pesos. Los hombres usan camisetas de fútbol, de campañas políticas o de cantantes de hip hop sobre sus pectorales oscuros y brillantes de sudor.

En busca de oro / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

De uno de los socavones se escucha un grito. ¡Otro muerto! Exclama Héctor Tangarife, uno de los pocos blancos que ‘minean’ en la zona. El promedio es un blanco por cada 200 negros. Ayudado por sus compañeros sale el minero del socavón con una pierna ensangrentada. Una roca le cayó encima abriéndole la piel. El herido aprieta los dientes y cierra los ojos con fuerza. Media docena de mujeres se arrodillan a su lado consintiéndole la cabeza, los brazos y la pierna golpeada.

La minería informal es una ruleta que se mueve entre la riqueza y la muerte. Es un juego en el que participan miles de personas en el país arriesgando sus vidas en las minas ilegales de oro, carbón y esmeraldas. Hernán Martínez, ministro de Minas y Energía, informó que el 40 por ciento de la minería nacional es ilegal. En el Valle la cifra supera el 60 por ciento, según un reporte publicado por las Empresas Municipales de Cartago. El artículo 338 del Código Penal castiga la minería ilegal con penas que van de dos a ocho años de cárcel y multas de 100 a 50 mil salarios mínimos mensuales.

En busca de oro / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

La Alcaldía de Buenaventura y la Constructora Colpatria tienen planeado recurrir al Escuadrón Móvil Antidisturbios –Smad– para desalojar a los guaqueros. El costo es de 13.000.000 de pesos diarios para la manutención del escuadrón. El secretario de Gobierno de Buenaventura, Henry Moreno Mosquera, dice que el desalojo puede ser en una semana o en seis meses. No tiene una fecha programada. Según el minero Alberto Ubaque, los excavadores son capaces de hacerse matar si intentan sacarlos. Un desalojo provocaría una tragedia debido a los profundos huecos y la presencia de niños.

A la hora del crepúsculo los mineros se abarrotan bajo las sombrillas de las mesas de los compradores extendiendo la producción de día en hojas blancas o cucharones metálicos. César Araújo, uno de los 10 compradores que se encuentra en la mina, extiende su prominente barriga bajo una mesa Rimax percudida de tierra. De un maletín negro lleno de fajos de billetes que suman 30 millones de pesos, saca una calculadora y un calibrador electrónico. Un gramo, 10 gramos, 40 gramos y los billetes, recién salidos del banco, son guardados en los bolsillos de los trabajadores. Diariamente se mueven 1.000 gramos aproximadamente sumando todas las mesas. El gramo es comprado a los mineros en 45.000 pesos para ser vendido en 52.000 pesos al mercado negro o en 50.000 a los compradores legales de Cali o Bogotá. Las mujeres al igual que los hombres se abren paso en medio de la multitud para vender los fragmentos de oro que guardan en medio de los senos en frascos de isodine o tarros de rollos fotográficos.

En busca de oro / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

En una pausa César Araújo se sienta a mi lado y me dice que en sus ratos libres dicta conferencias de motivación y de crecimiento personal, luego añade, sacando pecho y tratando de ocultar la barriga, que se va a lanzar a la alcaldía de El Tambo (Cauca). Ya entrado en confianza cuenta un chiste que refleja el racismo de la región.

“Vea niña”, me dice acercando su mestizo rostro en mi oído. “Usted sabe que un cheque no es plata ¿cierto?, un aguacate no es una fruta y un negro no es gente”. Y suelta una carcajada delante de los mineros que lo miran con una sonrisa en el rostro. Con estupor miro al sujeto que quiere gobernar un municipio donde la mayoría de los habitantes son negros. Asqueada por el chiste me despido con una hipócrita sonrisa en busca de mi compañero de trabajo.

En busca de oro / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

“Viejo, si sigue tomando fotos le mando a quitar la cámara”, exclama uno de los compradores que pesa 45 gramos de oro, que convertidos a pesos equivalen a un poco más de dos millones. Una mujer que vende gaseosas se abalanza al oído del fotógrafo y le dice que acá no les gusta que les tomen fotos porque hay paracos, guerrilleros y ladrones. Bajo la mirada furiosa del comprador y de una tropa de hombres que parecen sus guardaespaldas nos despedimos sin recibir contestación. Entre la estrechez de los desfiladeros y montañas de piedras caminamos, la lluvia cae inundando los huecos y nuestros pies patinan en la greda. En lo alto de la pendiente un joven besa el moreno cuello de su novia mientras miran a una mujer que pasa con un niño dormido en sus brazos. La novia le pregunta que si él se metería a buscar oro. El hombre enamorado le contesta: “Amor, ganas de morirme no me dan”.

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1 comentario

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Una respuesta a “En busca de oro / Crónica

  1. mauricio

    dejen de ser racista si van a publicar o hablar de la explotacion minera pero no critiquen la raza negra que ademas no es la manera de expresarse o es que no saben desir afro y es una gran mentira como lo desia que habian 200 negro por cada paisa que eran poco eso es una grn mentira si todo era por igual habia paisa y negro el factor problema es que ustedes son racista con su repotera hipocrita y lo digo con esta rabia por que soy sociologo y me da tristeza que el rasismo en nuestro pais a un existe y esto genera que nuestra sociedad no se desarrolle hay que de mandar la persona la cual escribio este informe y implantar una accion de tutela a la revista gente por racitas y criticar al negro (afrocolombiano) esa es la frase ya la aprendieron todo somos iguales el blanco no es mas que el afro

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