Una hacienda de risas y fosas

La Hacienda Nápoles, ícono del narcotráfico y del sangriento y delirante poderío de Pablo Escobar Gaviria, es hoy un lugar de paradojas: hay niños que juegan en un Parque Temático, a un lado desmovilizados cosechan productos para exportar y en otro la Fiscalía busca restos óseos de las víctimas de los paramilitares. Reportaje especial de la Revista GENTE Colombia (publicado en la edición de agosto de 2010).

Una hacienda de risas y fosas / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

Por Alejandra de Vengoechea / Especial para GENTE

“¡A mí no me gustan los ladrones!”, gritó Pablo Emilio Escobar Gaviria. La orquesta dejó de tocar, las jovencitas que bailaban desnudas quedaron perplejas y los otros barones de la droga callaron al instante. Uno de los hombres de confianza del jefe del cartel de Medellín le había dicho al oído que uno de los meseros se había guardado varios cubiertos de oro entre los bolsillos. Él, sin dudarlo, se paró y lo hizo traer por varios de sus sicarios. El indefenso hombre que minutos antes se esmeraba en atenderlos ahora pedía clemencia. Sin fórmula de juicio lo amarraron de pies y manos. Escobar ordenó: “¡Tírenlo al agua!”, señalando la piscina. Mientras el mesero se ahogaba, los narcos se morían de la risa, la orquesta volvió a la música y las chicas al baile.

Una hacienda de risas y fosas/Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

Este fue uno de los tantos episodios de violencia que sucedieron en la Hacienda Nápoles entre 1978 y 1984. En este tiempo, el lugar de 2.995 hectáreas, ubicado en el municipio de Puerto Triunfo, en el departamento de Antioquia, fue icono del auge del narcotráfico y del sangriento y delirante poderío de Escobar. Desde allí construyó su imperio, celebraba sus hazañas y se entregaba a sus excesos.

En la entrada principal, por ejemplo, montó la avioneta con la que coronó su primer embarque a Estados Unidos y pocos metros adelante puso un antiguo carro abaleado que, según la leyenda, era del mismísimo Al Capone y en el que sufrió un cinematográfico atentado. Escobar además mandó construir seis piscinas, un hotel de lujo, carreteras secretas para sus innumerables fugas, lagos artificiales, helipuertos, hangares y una pista de aterrizaje de aviones con la suficiente capacidad para aterrizar un Hércules. Y en medio de la exótica y frondosa vegetación de la región sembró palmeras gigantes.

Una hacienda de risas y fosas/Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

Luego levantó decenas de establos donde albergaba su magnífica colección de caballos de paso fino que valían millones de dólares. Para completar su propia jungla trajo de África rinocerontes, elefantes, camellos, hipopótamos, cebras, jirafas, grullas, impalas, venados, dantas, canguros, flamencos, avestruces, una pareja de loras negras –únicas en el mundo–, y eso sí, se cuidó de no comprar ningún animal depredador porque a él, decía, no le gustaban los animales que “hacen daño”.

Pero además de lo de por sí insólito y llamativo, en este escenario se planearon algunos de los más sangrientos crímenes, entre ellos el del entonces ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla. Precisamente, tras ese magnicidio el Estado lo convirtió en uno de sus blancos más asediados. Con frecuencia era allanada, y era el paso de tropas y epicentro de la implacable búsqueda contra el capo. Hoy es un lugar de paradojas: allí juegan decenas de niños en un Parque Temático, en otro lugar un grupo de desmovilizados de la violencia siembran productos para exportar y, por si fuera poco, investigadores de la Fiscalía buscan restos óseos de las víctimas de los paramilitares. De cierta manera, la hacienda simboliza la dura y sorprendente realidad colombiana.

Una hacienda de risas y fosas/Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

Tal vez eso explica la romería de personas que semanalmente llega allí. “Uribe recuperó esta región. Estábamos encerrados. Eran 187 kilómetros de autopista Bogotá-Medellín intransitables. La guerrilla quemaba buses y secuestraba. Aquí no venía nadie. Hoy hay 70 por ciento más de turismo beneficiándonos a todos”, explica con satisfacción el alcalde de Puerto Triunfo, Javier Aristides Guerra, de 45 años. El predio fue entregado por el Estado en concesión a este municipio que a su vez arrendó 400 hectáreas a empresarios privados quienes hicieron el Parque Temático Hacienda Nápoles.

A la entrada del lugar está Oberdán Martínez, el administrador del parque, ingeniero de 36 años que  hace tres trabajaba en una empresa de telecomunicaciones y que se metió en esto “que puede parecer de locos, pero no lo es”, dice. “Estamos en los tiempos buenos, donde se puede trabajar. No nos hubiéramos arriesgado a hacer una millonaria inversión si no hubiéramos entendido que el turismo en Colombia necesita más que camas y ríos para bañarse”.

Una hacienda de risas y fosas/Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

Él recuerda que pasaron varios años en que esta era tierra de nadie. Era un mito. Sin embargo, cuando el 20 de agosto de 1989 el Consejo Nacional de Estupefacientes entregó a la Policía la administración de la hacienda, la situación empezó a cambiar. Muchos querían invertir en este espléndido terreno ubicado en la inmensidad del Magdalena Medio pero había temor, ahora por la violencia paramilitar.

En 1993, tras la caída del capo, el bien empezó a ser manejado por antiguos trabajadores de Escobar. Sin embargo los costos de mantenimiento eran demasiado para ellos. El Estado decidió fraccionarla:  270 hectáreas las destinó para una cárcel de alta seguridad a la que aún no ha llegado el primer recluso. En otras 500 funcionan cultivos comunitarios de ají, cacao y maracuyá. Además, dejó 300 hectáreas para reserva forestal y las 400 del Parque Temático, el más grande del país en su género. La empresa Atecsa, de inversionistas antioqueños, la tomó en arrendamiento con la intención de darle una imagen distinta a los estereotipos que creó el narcotráfico. Asumió el control y la operación del parque por 20 años. En el acuerdo se estableció que Puerto Triunfo recibe un porcentaje de las 65 mil entradas por año (a 22 mil pesos cada una) y el resto se invierte en el parque. Y además los 200 trabajos generados son con mano de obra local. La hacienda ya no tiene la fastuosidad de épocas pasadas pero es un espacio para que los visitantes dejen volar su imaginación. Al parque se entra pasando bajo unos arcos de madera gigantes. Hay brontosaurios, dinosaurios, mamuts y rinocerontes a escala alrededor de toboganes y piscinas con niños que se deslizan por sus gigantescos cuellos y colas. La risa de los pequeños es permanente. En sus maratónicas jornadas lúdicas ni siquiera dimensionan el dolor que aquí se ha vivido.

Una hacienda de risas y fosas/Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

Y eso que hay elementos que representan aquellos años de sangre. Por ejemplo, la casa del capo tiene las paredes forradas con fotos gigantes de los muertos, de las bombas, del dolor. Pero también exhibe la imagen de Sebastián Marroquín –como hoy se llama el hijo de Pablo–, quien vino a pedirles perdón a los hijos del ex candidato presidencial Luis Carlos Galán Sarmiento y a los hijos del ex ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla. Lucen sonrientes. Reconciliados.

Una hacienda de risas y fosas/Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

La casa está al final de un recorrido por colinas con prados muy bien cortados e impecables, carreteras pavimentadas. Es apenas una estación dentro de las nueve zonas del parque: hipopótamos, jurásica, reptiles, mariposario, acuario, caballerizas, coliseo de eventos y pista de aviones. Lo que antes fue delito hoy es diversión. Las rutas por donde Escobar huía son pistas de escape con trampas y aventuras al estilo Indiana Jones. El manantial Pozo Azul, bañadero privado de Escobar, es zona de recreo. También hay camping con duchas y se están construyendo hoteles.

“El proyecto no quiere hacer apologías de Pablo Escobar ni de sus ejecutorias criminales. Pero tampoco pretende negar ni esconder la curiosidad que despierta el nombre del capo entre los visitantes”, explica Martínez. Para mal, Escobar forma parte de la  historia de Colombia y eso es imborrable.

Una hacienda de risas y fosas/Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

En otro punto está la gente que sueña. Son ex paramilitares desmovilizados que trabajan en los campos de ajíes que se exportan a Estados Unidos y Japón. “Vivimos  tranquilos. La vida nos  dio otra oportunidad”, dice uno de ellos. “Tengo libertad, no me escondo, soy legal”, cuenta Robeiro Gómez, de 26 años, desmovilizado en el 2006. Sus productos son de altísima calidad. Tanta que varias de las cosechas que han recogido ya han sido compradas por supermecados en el exterior.

Y finalmente, en otro espacio, se ve a quienes buscan la verdad. Son los técnicos forenses de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía que buscan los restos óseos de las víctimas de los paramilitares que tomaron este lugar como campo de batalla tras la muerte del jefe del cartel de Medellín. El pasado jueves 29 de julio, se encontraron tres cuerpos y hay pistas de que puede haber mínimo seis más que corresponden a inocentes asesinados por Oliverio Isaza Gómez, alias ‘Terror’, hijo de Ramón Isaza. No se descarta también que haya otros restos de la estructura criminal de Pablo Escobar y de los Extraditables. Los forenses trabajan en silencio mientras que la risa de los niños se escucha diáfana, limpia, llena de esperanza de que todo tiempo por venir será mejor y en paz.

Una hacienda de risas y fosas/Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

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Una respuesta a “Una hacienda de risas y fosas

  1. EL ESTADO NUNCA A TRIUNFADO,Q DA UNO Q OTRO GOLPE PARA MANTENER UN SOFISMA ES DIFERENT!! PERO EL DELITO HA REINADO DESDE MUCHS AÑOS ATRAS
    Y LO SEGUIRA HACIENDO X OTROS MAS,LAMENTABLEM/ Y ESO D Q XQ ACABARON CON EL CAPO DISQUE C ERRADICABA LA VIOLENCIA Y LA DROGA PURA FARSA…LES DE MOSTRO Q ESTE ES UN ESTADO CON POCA AUTONOMIA,C DIO EL LUJO D CAMBIAR EL SISTEMA JUDICIAL Y PONERLO D RODILLAS,INDICANDOLES Q HAY Q TENER AUTONOMIA Y DETERMINACION PARA EJECUTAR UN HECH.-…He dicho!!

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