Óscar Ruiz Navia y su ‘Cangrejo’

La Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas acaba de presentar a los nominados a los Premios Macondo que se otorgan a lo mejor del cine nacional. Entre los seleccionados hay un largo listado de jóvenes talentos que han sido protagonistas en las páginas de la Revista GENTE Colombia. Uno de ellos es el caleño Óscar Ruiz Navia (‘Papeto’), director del filme El vuelco del cangrejo, nominado en la categoría de Mejor Película. Su cinta será, además, la que represente al país y de la lucha por un cupo en los Oscar en la categoría de Mejor Película Extranjera. ¿Saben quién es? Aquí se los contamos. (Texto publicado en la edición de la Revista GENTE Colombia de marzo de 2010).

El vuelco del Cangrejo/ Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Por: Francisco J. Escobar S.

El realizador caleño Óscar Ruiz Navia (27 años), a quien sus amigos llaman ‘Papeto’, conduce su auto por las calles del sur de Cali mientras habla con GENTE. Baja por la calle 18 (antigua avenida Cañasgordas), esquiva algunos carros y dice: “cántela, llave”. Después de que su ópera prima El vuelco del cangrejo ganó el premio Fipresci –otorgado por la Federación Internacional de Prensa Cinematográfica– en la sección Forum del Festival de Cine de Berlín, el director dedica la mayor parte de sus días a dar entrevistas. Un intercambio de ideas que empieza a agotarlo. “Sé que son muy importantes, sé que hacen parte del proceso de promoción de la película, pero necesito volver a mi vida cotidiana, al mundo real, a trabajar para poder seguir haciendo cine”.

Foto promocional del filme El vuelco del Cangrejo

Pero tendrá que esperar varios meses para recuperar su espacio y su rutina. Al filme le queda un largo recorrido por varios eventos cinematográficos. Estará en el Festival Internacional de Cine de Miami, en el Bafici de Buenos Aires, irá a Toulouse y a Guadalajara. El camino del ‘cangrejo’ apenas empieza. ‘Papeto’ mientras tanto aguarda la luz verde del semáforo para tomar la calle quinta rumbo al norte de la ciudad. A través del parabrisas puede ver la Universidad del Valle, de la que se graduó como comunicador social en el 2006. Está lejos del barrio La Selva (donde nació el 22 de junio de 1982), y del barrio Miraflores (ahí pasó su juventud). Esta es una ciudad muy diferente a la que conoció cuando era niño y estudiaba en el Colegio Hispanoamericano. Ahora por las calles principales pasan los buses azules del MIO. El viejo autocine es un supermercado. Y el América, su equipo del alma, ya no es la ‘mechita’ gloriosa de otros años. Luz verde.

“¿Sabés? Aquí a mi lado está Cerebro”. ¿Alguna pregunta?”. Cerebro es uno de los protagonistas de su película. Es el morocho habitante del pueblo La Barra –en el pacífico colombiano– que le dará hospedaje a Daniel, un calvo citadino quien llega a la zona en busca de un lanchero que lo saque del país. A través de los ojos de éste los espectadores comienzan a conocer la realidad (poco esperanzadora) de esta población. Cada día parece un año. Cada almuerzo con arroz es un milagro. No hay plata, y el paisa que la tiene, quiere quedarse con un pedazo de la playa sin contar con los demás. Es una historia que va despacio, poco a poco, ganándose la atención de quienes la ven.

Foto promocional del filme El vuelco del Cangrejo

El ritmo de la cinta es contrario a la velocidad vital de ‘Papeto’ (quien continúa maniobrando por la larga calle quinta). “No había pensado en eso y es cierto. Yo soy todo acelerado y la película es lo opuesto. Pero, man, es que no podía tener otro ritmo, esa es la lentitud con la que se vive en el lugar donde sucede la historia. Yo hago cine y creo que este es el arte que mejor te permite relatar el paso del tiempo. No filmo historias narrativas, eso más bien se lo dejo a la literatura”. Su película fuerza al público a hacer un ejercicio que ya no es tan habitual: el de contemplar (el atardecer, la caída de la noche, la luz de una fogata, el mar), el de mirar lo que sucede sin esperar balazos o patadas ninja.

Foto promocional del filme El vuelco del Cangrejo

Más que gafitas 3-D

Sin los balazos y las patadas ninja será difícil que su filme sea el más taquillero del año. Papeto dice que ya ha pensado en eso. “Cada película ofrece lo suyo. No puedo creer que la experiencia cinematográfica del espectador se reduzca a ponerse las gafitas de 3-D. Tenemos que ampliar el espectro. Alguna gente amará mi película. Otros la odiarán. Pero no nos vamos a arruinar si dura poco en cartelera. Fue una cinta austera. La austeridad nos dio independencia. Me gustaría que El vuelco… fuera masivo, pero debo ser realista, el grueso del público colombiano no está acostumbrado a ver filmes así. Hay un dicho iraní que dice que lo importante no es adónde se llega, lo importante es el camino. Eso fue lo que me enseñó esta película”.

Óscar Ruiz Navia / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Quizá suene a discurso de cineclubista radical o de jovencito cinéfilo hooligan, pero es la apuesta honesta de un muchacho que creció creyendo en Los 400 golpes, de Truffaut; en Stranger Than Paradise, de Jarmusch y en Andrei Rublev de Tarkovski. Uno que consume poco cine comercial: “¡A mí no me llevés a ver Jurassic Park!” y que sin embargo se dejó sorprender por Avatar, “me llamó la atención su parte ecológica y medio marihuanera”. Tampoco ve televisión.“Cuando escribía El vuelco estuve tres años sin ver la tele. Ahora ni tengo antena. No sé si puede sonar muy radical de mi parte, pero así soy. Aunque no puedo negar que alguna vez me emocioné viendo Factor X o Café”.

Foto promocional del filme El vuelco del Cangrejo

‘Papeto’ esquiva los últimos carros de la ruta. Está llegando a su destino final, el barrio Miraflores, donde viven sus padres (quienes invirtieron dinero en la cinta de su hijo). Las películas de carretera se llaman road movies. Una entrevista como esta debería ser una road interview.: “Mirá, ya como para dejarlo claro, yo siempre quise que mi película fuera como el punk del Pacífico, ¿sí me entendés? Una cinta como rebelde, pero con la rebeldía nuestra, que saliera de un mestizaje bacano”. El motor del carro deja de sonar. “Bueeeno, llegamos. Recorrimos medio Cali mientras hablábamos. Te adelanto algo: mi próxima película la ruedo aquí”.

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