‘Los colores de la montaña’ en GENTE

'Los colores de la montaña'. / Fotografía: Paola Castaño. / Revista GENTE Colombia

Los protagonistas de este filme colombiano fueron las grandes estrellas del Festival Internacional de Cine de Cartagena (Ficci) y ahora brillan en las salas de cine del país. GENTE los siguió en su expedición para conocer el mar. Una crónica con olor a cloro.

Por Francisco J. Escobar S.

El mar es más bonito en el cine. De eso se dieron cuenta los jóvenes protagonistas del filme colombiano Los colores de la montaña cuando lo conocieron por primera vez en sus vidas. Al mediodía de un jueves de finales de febrero Hernán Mauricio Ocampo (12 años), Luis Nolberto Sánchez (16) y los hermanos Genaro Alfonso (11) y Elizabeth Aristizábal (10), fueron a su encuentro. Los tres chicos se quitaron las camisetas y, escoltados por la niña del grupo, corrieron a meterse en el oscuro y sospechoso oleaje que golpea la zona de Bocagrande de La Heroica. Sus jeans quedaron empapados, los bolsillos llenos de arena y sus bocas con un extraño sabor a sal. Desconcertados concluían que más que emoción, lo que producía esa marea café era sed.

'Los colores de la montaña'. / Foto: Squarter Casa Audio-Visual. / Revista GENTE Colombia

Al caer la tarde, en la habitación 105 del Hotel Caribe, mientras su mamá, Berenice Echeverry, la terminaba de vestir para acudir a la gala de apertura del Festival Internacional de Cine de Cartagena –era la noche de Los colores…–, Elizabeth recordaba así su experiencia: “¿El mar? Ay, no, qué cosa más horrible, me quemé, me ahogué, me ardieron los ojos, se me mojó la ropa y estaba muy salado”. Genaro Alfonso, su hermano (ambos son albinos y sus pieles sufrieron por el sol), pone cara insolada de desilusión y pregunta: “¿Y el mar no era dizque azul clarito?”. La desazón se repite en el cuarto 107, donde Hernán; su padre, Claudio Ocampo, y su amigo, Luis Nolberto, se preparan para la gran premiere, convencidos de que “el mar bonito debe estar por allá en Miami, ¿no cierto?”.  En la noche todos pisarán su primera alfombra roja como actores, posarán para los fotógrafos, observarán con ojos aterrados al público que los aclama –“¿y toda esta gente vino por nosotros?”– y verán, por fin, la versión definitiva de la película que protagonizan. Que fue sorpresiva para ellos porque cuando rodaron (durante siete semanas, en 2009) nunca pudieron leer todo el guión de la historia. Su director, el paisa Carlos César Arbeláez, adoptó una metodología que le funcionó: cada día les iba contando a los muchachos (todos ellos actores naturales) qué debían decir y hacer. Así que conocían el relato pero por pedazos. Solo hasta después de que sonaron los aplausos y se encendió la luz en el Centro de Convenciones, entendieron de qué se trataba. Fue una velada de grandes impactos: verse en la pantalla grande, darle la mano al presidente de la República, Juan Manuel Santos, ser felicitados por el actor Willem Dafoe –desde ese momento son fanáticos de él, del Duende Verde de Spider-Man–, y empezar a comprender que de su visita a Cartagena, lo menos importante era el mar (al otro día irían a la piscina). Así acabó para ellos la jornada que había comenzado temprano en la mañana, cuando volaron de Medellín a Bogotá –era, también, la primera vez que viajaban en avión–, y desde allí, en la sala de espera nacional número 7 del aeropuerto El Dorado, aguardando abordar rumbo a la capital de Bolívar, los acompañó GENTE en esta expedición.

'Los colores de la montaña'. / Foto: Squarter Casa Audio-Visual. / Revista GENTE Colombia

Piscina y comida chatarra

Los colores de la montaña es una película sencilla, sin artificios, que, a través de los ojos del niño Manuel (Hernán), narra lo que sucede en un pueblo antioqueño –los pupitres vacíos en el salón de clase, las deserciones forzadas…– que sufre los embates de la guerrilla y los paramilitares. Pero, como explica Arbeláez, ante todo es un filme “sobre la amistad”. Uno que juntó a los protagonistas de esta nota.

Hernán Mauricio, nacido en Rionegro, criado en Sonsón y residente en Medellín, es el más directo, activo y ‘entrenado’ para hablar con los medios: “vengo de una familia muy numerosa, tengo una bisabuela de 102 años (…), ahora trabajo para el Canal Une, ¿si lo conocés? ¿Sí? El programa se llama Exploradores”. El día de la producción con GENTE, el redactor de estas líneas se cayó a la piscina en jeans cuando trataba de organizar a los muchachos para el retrato. Al ver la escena, y al oír las maldiciones, Hernán dijo burlón, tumbado en la silla y sin quitarse sus gafas negras: “Yo no entiendo por qué no te pusiste una pantaloneta para tomar estas fotos”. Ese es él.

Su mejor amigo, Luis Nolberto –nacido en la población antioqueña de Jardín, donde se filmó la película–, encarnó a Julián. Es el mayor del grupo, a veces el más distante (¡la bendita adolescencia en pleno!), pero también el más sincero: “A veces nos la pasábamos con Hernán haciéndole maldades a Genaro. Pero siempre le ofrecemos disculpas”. Y tiene preocupaciones de adulto: “yo no como comida chatarra. Me toca cuidarme porque mi hermana y una sobrina sufren de diabetes y además mi abuelo tiene el colesterol alto”.

'Los colores de la montaña'. / Foto: Cortesía oficina de prensa. / Revista GENTE Colombia

Genaro (‘Poca luz’), nunca se queja de las bromas que le juegan los otros dos, pero ya empieza a desesperarse porque el sol le da muy fuerte en la cara y ni siquiera las gafas oscuras evitan que sus ojos se irriten (“¿será que nos demoramos mucho haciendo esto?”). Vive con su hermana Elizabeth en el barrio Manrique de la capital antioqueña. Es el más silencioso, es como un ‘grande’ metido en la piel de un ‘chico’. Si todos quieren ir a jugar, él quizá prefiera quedarse en la habitación viendo la ‘tele’, pero es el que más confía en sí mismo, en medio de su seriedad afirma: “Tengo cinco novias, tres acá en Cartagena y dos allá en Medellín”. Elizabeth lo interrumpe: “Yo también tuve un novio que se llamaba Felipe”. Ella es la ternura del grupo, interpreta a una niña que lleva su mismo nombre, es seguidora de la Mujer Maravilla, Tinkerbell, baila reggaeton y quisiera ver más a su papá, Genaro de Jesús, quien “trabaja muy duro, de las 4 de la mañana hasta las 11 de la noche”. Si hay un punto de unión, por lo menos entre los tres chicos, es el fútbol (igual que en la película, en la que intentan recuperar un balón nuevo que cayó en un campo minado). El sábado en la noche, mientras en el Festival se entregaban los premios India Catalina de televisión, Luis Nolberto seguía el empate 3-3 entre Millonarios y su equipo del alma, el Medellín. No terminó de ver el partido, salió de la habitación muy bravo diciendo: “es que no sudan la camiseta”. Hernán y Genaro no se preocuparon porque ellos son hinchas del Nacional.

Una terapia colectiva

Después de las fotos, ‘Poca Luz’ se va a su habitación porque tiene un fuerte ardor en el cuerpo. Su hermana se queda un rato más en la piscina en la que juegan a la pelota Hernán, Luis y un niño francés (jugar no tiene idioma). A lado y lado de la alberca, Berenice y Claudio vigilan a sus hijos. Durante los días siguientes seguirán repitiéndose los encuentros piscineros con GENTE. Los medios nacionales dejan de seguir a los niños quienes empiezan a atender a los periodistas internacionales. Casi todos buscan a Hernán Mauricio, quien tiene un talento especial. Cuesta creer que esta película fue su primera experiencia actoral. El ‘sumo pontífice’ de los guionistas, el estadounidense Robert McKee, le decía a un diario colombiano: “¿Dónde lo consiguieron? ¡Es un genio! Puede ser un actor natural, pero tiene una tremenda intuición”.

'Los colores de la montaña'. /Foto: Cortesía Oficina de Prensa/ Revista GENTE Colombia

Más que una simple historia de ficción, Los colores… representa un punto de quiebre en las vidas de los protagonistas de este artículo. Todos han tenido que enfrentar grandes cambios después del rodaje. Para Hernán Mauricio, por ejemplo, el filme representa “el comienzo de una etapa, yo siento que he prosperado un poquito”, pero también le queda el recuerdo amargo de que, ocho días después del final de la filmación, su padre, Claudio Ocampo, sufrió una parálisis del lado izquierdo del cuerpo. Un efecto tardío de la cirugía que le habían practicado tiempo atrás para extraerle un tumor cerebral. El papá, quien trabajaba como electricista, ahora no puede ejercer su oficio. La que tiene la carga laboral en la casa es Adriana Posada, su esposa (quien se quedó en Medellín y vio la película hasta hace pocos días, en la premiere paisa). Claudio ya no revisa cables y voltajes, pero está siempre pendiente de su hijo: “¿Ya te cepillaste los dientes? ¡Vení te pongo el bloqueador! ¿Qué te vas al centro de Cartagena a buscar a la niña de ayer? Esperame, pues”. Los dos se han acercado mucho más ahora. “Ay, mi papá”, dice Hernán.

Luis Nolberto se enteró de la muerte de su abuelo, uno de los personajes fundamentales en su vida, en pleno rodaje. “Yo no quería ir al sepelio, me llevaron obligado. No lo hacía de terco. Nadie entendía que yo prefería conservar la imagen que tenía de él, la del señor dicharachero que nos contaba historias del campo, y no verlo ahí, guardado en una caja con formol”. Al terminar la película regresó a casa orgulloso del trabajo realizado (quefue duro, durante algunas semanas rodaron de 5 de la tarde a 6 de la mañana), pero triste por enfrentar el vacío que había dejado el viejo.

'Los colores de la montaña'. / Foto: Cortesía oficina de prensa. / Revista GENTE Colombia

Ver el filme en el Centro de Convenciones en la noche inaugural del Festival, fue para Berenice Echeverry, la madre de Genaro y Elizabeth, el retorno a un pasado doloroso. Recordó la madrugada en la que, con sus hijos y con lo poco que podía cargar, salió de la vereda El Campo, a dos horas del municipio de Granada (Antioquia), huyendo del fuego cruzado de los grupos al margen de la ley. “Así, tal cual, como se cuenta en la película, nos pasó a nosotros”. Lloró en la función, no solo al evocar lo sucedido, lloró también al pensar en el futuro de sus hijos: “uno siempre debe tratar de realizar sus sueños, pero, como les digo a ellos, muchas veces pasa que todo se queda en eso, en sueños”. Genaro, fiel a su escepticismo de adulto, le dijo a su madre que lo más probable es que, pasado el boom mediático de la cinta, nadie vuelva a preguntar por ellos. Pero quedó tranquilo con el resultado: “Yo pensaba que el día que mostraran la película iban a venir unos señores a criticarlo todo, y vinieron, pero les pareció buena”. Su hermana Elizabeth espera optimista que Carlos la vuelva a tener en cuenta cuando ruede otra historia. “Yo quiero ser actriz, aquí me he sentido como famosa”.

Para su director, Carlos César Arbeláez, el haber terminado su ópera prima representa una liberación. Fue como sacarse al diablo del alma. Después de nueve años de espera, de ver cómo su proyecto quedaba varias veces en estado terminal, lo pudo concretar. “Fueron muchas frustraciones. Entre el 2004 y el 2007 tuve una larga depresión. Yo trabajaba como profesor y no quería dictar clases. Se me cayó el pelo. No volví a salir. Mi madre, Cecilia, a quien nunca dejaré de agradecerle todo su esfuerzo, asumió todas mis cuentas por pagar durante ese tiempo. Pero eso no importa, lo que suceda con uno no interesa, lo relevante es que ahí está la película y todo lo que ella ha despertado”.

'Los colores de la montaña'. / Foto: Cortesía oficina de prensa. / Revista GENTE Colombia

El fin, el comienzo

Los colores de la montaña ha sido comprada en 20 países, en Francia se exhibirá con 40 copias (cifra notable) y al finalizar el Festival de Cartagena recibió el premio del público, uno que se suma a los cinco galardones internacionales que ha logrado. Los chicos, insolados, empacaron maletas, se despidieron de la piscina, corrieron por los pasillos del Aeropuerto Internacional Rafael Núñez –a esa misma hora, en un salón VIP, el actor Willem Dafoe, también esperaba su avión de regreso a casa– y volaron rumbo a Medellín antes de saber la buena noticia. Hace algunos días, en la capital paisa, volvieron a recibir una ovación por sus papeles, en la noche que antecedió al estreno nacional de la película. Genaro empezó a entender que Hernán Mauricio tiene razón, este no es el fin, es apenas el comienzo de una etapa.

'Los colores de la montaña'. / Foto: Cortesía oficina de prensa. / Revista GENTE Colombia

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3 comentarios

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3 Respuestas a “‘Los colores de la montaña’ en GENTE

  1. diego

    espectacular me parece la actuacion de estos niños, a su director es apenas el comienzo de los frutos de su lucha por salir adelante, pa delante es pa alla papito

  2. alejandra

    muy buena pelicula, es triste pero nos muestra la realidad.
    me parece que estos chicos tienen un gran talento, felicitaciones a hernan, luis, genaro y elizabeth. a ellos les espera una gran futuro.

  3. leidy

    la historia infantilenmarca en hechos violentos que es la realidad de el campo colombiano y me llmao la atencion porq revela la triste hisoria de nuestro pais

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