Steve Jobs (1955-2011)

A los 56 años, falleció el gran cerebro creador del mundo Apple. Este es el perfil sobre Steve Jobs que escribió nuestro colaborador Álvaro Montes, para la edición de febrero de 2010 de Revista GENTE Colombia.

Steve Jobs / Revista GENTE Colombia / Febrero, 2010 / Foto: Zuma

Si alguien se parece a la popular figura mitológica del Ave Fénix que tanto se utiliza para referir a quienes vuelven de la muerte, ese es Steven Paul Jobs. La misma semana en que nació fue rechazado dos veces, primero por sus padres biológicos, dos jóvenes universitarios que lo entregaron en adopción, y enseguida por los primeros candidatos a padres adoptivos, una pareja de abogados de San Francisco, que a últimahora cambiaron de parecer y prefirieron buscar una niña. Estuvo en las oscuras cavernas de la drogadicción durante su vida juvenil, de donde salió de milagro y en su vida adulta, después de ser sacado a patadas por sus propios amigos y socios de la empresa que él fundó y llevó a la cima, regresó para levantarla otra vez y triunfar en los negocios. Hace apenas un par de semanas, tras vencer una enfermedad que casi lo lleva a la tumba, regresó al escenario para presentar el último juguete de Apple, el celebrado computador tipo tablet bautizado iPad. No hay manera de vencerlo. “Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a decidir las grandes elecciones de mi vida”, suele decir. Es un boxeador que es difícil de tirar a la lona. Y cuando ocurre vuelve a levantarse. Eso parece estar relacionado con el hechizo que siempre sintió por la figura de Cassius Clay. Steve Jobs nació un 24 de febrero de 1955, el mismo día en que el entonces joven boxeador venció a Sonny Liston y dio inicio a su leyenda.

Años después, cuando Apple comenzó a brillar en el negocio informático, Cassius Clay sería la imagen de la campaña publicitaria “Piense diferente”, con la que Jobs quería mostrar a los consumidores de todo el mundo que su marca era otra cosa y que la consabida beligerancia de Muhammad Ali inspiraba muy en el fondo al creador de los computadores Mac. Jobs nació en el lugar apropiado en la época indicada. A comienzos de los años sesenta, Palo Alto, en California, empezaba a convertirse en epicentro de la industria electrónica mundial y con apenas 12 años, Jobs tuvo el olfato para comprenderlo.Conoció allí el computador –inventado hacía mucho tiempo– cuando participaba en las reuniones del club de exploradores de Hewlett-Packard, en Cupertino. Fue un amor a primera vista con el reino del silicio y del que jamás se separaría. Fue allí, en ese club de niños interesados en la tecnología, en donde encontró a un personaje que sería clave en su vida: Steve Wozniak, un agudo y talentoso prospecto de ingeniero, con quien fundaría más adelante Apple Inc.

El padre adoptivo de Jobs, un obrero de San Francisco, se esforzó para asegurarle un futuro universitario y de hecho lo logró al enviarlo a la costosa Universidad Reed College, en Oregon. Para eso, invirtió todos los ahorros de su vida proletaria. En ese punto salió el lado oscuro de Steve Jobs. Abandonó los estudios al terminar el primer semestre y se dedicó a vagabundear por los pasillos de la universidad, dormía en el suelo y se alimentaba con los desechos de comida en los restaurantes. “Fue bastante aterrador en ese momento, pero mirando hacia atrás fue una de las mejores decisiones que tomé. Apenas me retiré, pude dejar de asistir a las clases obligatorias que no me importaban y comencé a asistir a algunas a las que se veían interesantes”, confesaría mucho después. De regreso a casa y en contacto de nuevo con su amigo de infancia Steve Wozniak, fundaron juntos Apple, en el garaje de sus padres, y empezaron a crear computadores personales, convencidos de que en algún momento este tipo de máquinas, una rareza por esos días, llegarían a ser más o menos populares. Steve tenía entonces 20 años y antes de cumplir los 30 Apple valía 2.000 millones de dólares y empleaba 4.000 personas y su principal producto, el legendario Macintosh, era ya un hito.

Steve Jobs / Foto: Zuma

No obstante, también puede verse el vaso medio vacío. Arrogante a más no poder, jefe despótico, negociante despiadado, megalómano irredimible e irritantemente egoísta, son algunas de las definiciones que de él hace Steve Wozniak, el genio tecnológico detrás del trono. Sin embargo, él a medida que crecía empresarialmente se hizo inmune a las críticas. “No hay que permitir que el ruido de las opiniones ajenas silencien la voz interior de uno. Hay que tener el valor de seguir el corazón y la intuición. Todo lo demás es secundario, decía Jobs. Protegido por esta coraza, en los primeros años dorados de Apple, por los días en que inventó la computadora Macintosh, a principios de los ochenta, su egolatría estaba en plena efervescencia. Se daba el lujo de recibir con los pies descalzos sobre el escritorio a los ejecutivos de IBM y otras grandes compañías que querían hacer negocios con él. En las noches de verano, convocaba a sus empleados a la playa y les hablaba con el mar a la espalda sobre sus visiones del futuro de la tecnología. “Se creía Jesucristo”, dijeron de él. Y esa actitud le llevó al descalabro, porque mientras su eterno archirrival Bill Gates –nacido también en 1955 y con quien llevó vida paralela de competencia personal y odio comercial– se adaptaba a las tendencias de la industria y participaba en el naciente mercado del PC de estándares abiertos, Jobs mantuvo la propiedad exclusiva sobre las tecnologías Mac, lo que hizo que sus productos fuesen más costosos e incompatibles con el resto del ecosistema informático.

Apple se quedó con el 2 por ciento del mercado y sus propios socios decidieron despedirlo de la empresa que él mismo había fundado. “Fue devastador –confesó en un discurso ante estudiantes de Stanford hace poco– había desaparecido aquello que era el centro de mi vida adulta”. Pero regresó cinco años después, volvió para ser el dueño y poner a Apple en el puesto en el que está hoy, una de las industrias más pujantes del momento. “No pierdan la fe. Estoy convencido de que lo único que me permitió seguir fue que yo amaba lo que hacía. Tienen que encontrar eso que aman”, sentenció. Adorado como un profeta, sus admiradores en todo el mundo le han endilgado méritos que él no tuvo. Sus fans le tienen por inventor del cine de animación, creador del sistema de ventanas y del ratón de computador y hasta inventor de los reproductores de música digital. La revista Fortune lo calificó hace poco como el empresario de la década, a pesar de que no figura en las famosas listas de los más ricos del mundo. Nada mal para un hombre que en realidad no ha inventado nada. El sistema de ventanas, el ratón y otras novedades del primer computador Macintosh las copió –sin derecho– de los laboratorios Xerox en Palo Alto, a donde los ingenuos ingenieros de Xerox lo invitaron cierta vez para mostrarle los proyectos experimentales que este laboratorio estaba preparando.

No hay un solo producto de Apple que no esté basado en una idea original de otra compañía. ¿Entonces cuál es el secreto de su éxito? Jobs tuvo la capacidad innovadora para mejorarlos y ofrecer un resultado superior e irresistiblemente atractivo. El iPod, con su deliciosa rueda, el MacBook Air que cabe en un sobre de correo, la película Toy Story, la tienda iTunes que vende canciones a 90 centavos de dólar, y el teléfono iPhone con su suave pantalla táctil hacen parte de esas refinadas delicias de la tecnología que solo pueden compararse con una exquisita fragancia. “Me miro al espejo todas las mañanas y me pregunto: ‘Si hoy fuera el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer hoy?’. Y cada vez que la respuesta ha sido ‘no’ por varios días seguidos, sé que necesito cambiar algo”, dice para mostrarse como un inconforme. Jobs se metió en la industria del cine, sin saber nada de eso, y triunfó como ningún otro con sus estudios Pixar, al punto de que Disney tuvo que hacerlo socio, so pena de sucumbir. Retó a las más poderosas industrias de teléfonos móviles, un segmento en el que también era un completo novato, y hoy les atormenta la vida con su teléfono iPhone; y triunfó en la venta de música, sin experiencia alguna en esa materia.

La última vez se le vio, hace dos semanas, en vísperas de su cumpleaños número 55 y después de superar un cáncer de páncreas, presentando ante las cámaras de televisión su último gadget y anunciando una nueva campaña quijotesca: quiere conquistar el mundo de los libros electrónicos, en donde Amazon es el rey. Una frase que pronunció alguna vez cuando un técnico lo contradijo sobre la viabilidad de uno de sus nuevos proyectos, lo retrata en toda su dimensión: “En mi vida no está la palabra imposible”.

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1 comentario

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Una respuesta a “Steve Jobs (1955-2011)

  1. lucila gomez

    Es un personaje admirable por las decisiones que tomò en la fructìfera vida

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