Andrea López: “No soy una fiera”

Andrea López, actriz. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

La amiga traidora de la comedia ‘El secretario’, la caleña amante de los perfumes y la ‘solitud’, demuestra en este editorial que su mejor photoshop es su rutina de ejercicios. Miren, revisen, repasen y recreense con este cuerpo que no pasó por el retoque digital. La realidad, sí señores, supera a la ficción. Andrea López fue la protagonistas de una de las producciones fotográficas más candentes de Revista GENTE Colombia en 2011. (Artículo publicado en nuestra edición de noviembre).

El abrigo negro cae sobre el piso y Andrea López (Cali, 34 años) queda semidesnuda ante los débiles rayos del sol que intentan calentarla en esta bogotana tarde invernal. No hay un solo gesto de pudor, solo una leve sonrisa de libertad. No les pide a las productoras de GENTE que la tapen con una bata cuando el fotógrafo hace sus obligatorias pausas para repasar el material que ha disparado. “Así estoy bien, gracias”, dice ella. Una hora antes, refugiada bajo unas grandes gafas negras, cubierta por unos blue jeans y un suéter claro, la sensual Paola Zorrilla de El secretario, la recordada ‘Rana’ de O todos en la cama, se notaba incómoda. Distante. Inquieta. Medía sus palabras. Al quitarse la ropa cambió. “¿Te parece que soy una vestida y otra desvestida? Hmm. Nunca me habían dicho algo así. No había pensado en eso. Cada uno tiene su propia opinión sobre mí”.

Andrea López / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Se afirma que López es antipática, que se le suben los humos con facilidad, que deja plantados a los periodistas. Tiene fama de brava. “Se dicen tantas cosas. ¿Hoy te parecí una fiera? –hay que decir que la actriz estuvo más de medio día con nuestro equipo y más que tigresa, fue una gatita–. No soy la más entradora. No trato de quedar bien, ni hablo demasiado; desde pequeña he sido solitaria, y soy muy seria, por eso algunos creen que soy difícil y antipática. Las apariencias engañan”.

Andrea López / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Sí, es cierto que le gusta estar al mando –en la sesión, sobre todo al comienzo, revisaba que las imágenes fueran como ella las imaginaba–. “Soy algo controladora, me cuesta aceptar que las cosas no salgan como quiero, pero estoy aprendiendo a soltar, a dejar que suceda lo que tenga que pasar”. También es verdad que, como señalan los críticos, es “la mala más buena de la televisión colombiana”. Buena: diestra en encarnar villanas –recuerden su Julieta en El fantasma del Gran Hotel–. Buena, por “buena” –si esta niña fuera una carretera, con esas curvas sería el rally más peligroso del mundo–. La firmeza de su cuerpo se la debe al crossfit, una rutina de entrenamiento físico heredada de los militares gringos: “Mira qué lindas mis manos, están llenas de callos –son gruesos y cafés–, estoy orgullosa de ellos, son el resultado de mi trabajo con las barras”.

Andrea López / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Por fuera está reluciente (y huele estupendo, tiene casi cien perfumes en casa, hoy se puso Aromatic Elixir), y por dentro anda en un proceso de cambio: “Estoy en un continuo aprendizaje. Todos los seres humanos somos como niños chiquitos, no paramos de crecer. No quiero tener hijos, por lo menos no ahora, en este momento estoy concentrada cuidando y conociendo a la persona que más me interesa: a mí misma. No tengo pareja ni la estoy buscando, estoy sola adrede. Lo mío no es soledad, es solitud”.  ¿Solitud? “Una soledad buscada. Un espacio para estar en contacto con mi corazón y con mi ser. Soy una persona felizmente solitaria”. La acompañan a diario un perro (Simón) y una gata (Tara).

Andrea López / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Su actual papel en El secretario ha dejado ver, de nuevo, su lado más pasional. En la descripción de su personaje, Paola Zorrilla, se lee: “para lo único que sirve es para proveer buen sexo”. Algo que ella debate. “Lo gracioso es que mi papel ha tenido de todo menos sexo, nada que ver, la novela no se presta para eso. Entonces, sexo, poco”. Pero sexy, mucho.

Andrea López / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

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GENTE / Diciembre de 2011

Sofía Vergara./ Foto: Cortesía Movie City / Portada Revista GENTE Colombia Diciembre 2011

Los colombianos la recordaremos siempre como aquella sensual costeña que saltaba sobre la arena caliente, quitándose prenda por prenda para no quemarse los pies, hasta llegar al carrito donde se refrescaba con una Pepsi. Pero arriba, en Estados Unidos, Sofía Vergara pasará a la historia por su papel de Gloria en la serie Modern Family, que seguramente traerá en 2012 más éxitos para la barranquillera. La ‘Toti’ es la portada de la edición de diciembre de 2011 de Revista GENTE Colombia, y ella junto a otros 12 talentosos colombianos serán protagonistas, en diferentes áreas, el año que viene. Además: las columnas de Natalia Springer y Vicky Dávila; la recontrucción de una nefasta noche de rumba en el Valle del Cauca, donde cuatro personas murieron a causa de un trago de licor adulterado; un perfil muy humano del joven gimnasta y medallista de oro, Jossimar Calvo; la telenovela que es la vida de la reina Valerie Domínguez, hecha cómic; y la conmovedora entrevista del director de GENTE con Johan Steven Martínez, cuyo padre fue asesinado por las Farc tras 13 años de secuestro. También en esta edición: las victorias de Brad Pitt como padre; los días de Paola Turbay por Hollywood y su primera película: Mamá, tómate la sopa; las notas que salen del chelo del talentoso Santiago Cañón y la visita a la tierra de un ángel de Victoria’s Secret, Alessandra Ambrosio. Pero hay más: los días como actriz de cine de Paula Barreto, actriz del nuevo estreno de Dago: El escritor de telenovelas; la bebé que cambió a Bianca Arango, quien posó ‘Al Natural’ para GENTE; las manos mágicas de Gloria Hincapié y el homenaje a la eterna reina del soul contemporáneo, Amy Winehouse. Recorran el menú temático de nuestra edición de Diciembre de 2011 a través de las siguientes imágenes.

Natalia Springer. / Revista GENTE Colombia.

Trago amargo. / Foto: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia.

En estas fiestas de Navidad y Año Nuevo, el consumo de licor adulterado aumenta considerablemente. Las consecuencias son realmente nefastas como lo muestra GENTE en este reportaje en el que se reconstruye la historia de una rumba que terminó en tragedia

Jossimar Calvo. / Foto: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia.

Esta es una historia con final feliz. Su protagonista es un joven de 17 años, criado en uno de los barrios más duros de Cúcuta y quien en este 2011 le dio a Colombia enormes alegrías en el bello y estético deporte de la gimnasia. A pesar de que vive en la extrema pobreza, en el cuarto de su casa abundan las medallas de oro que ganó este año. Una conmovedora crónica que ratifica que los sueños no tienen límites

Enredados. / Ilustración: Diego Robayo © Revista GENTE Colombia.

La i ncreíble y triste historia de unabella reina y un pilluelo desalmado. La novela más exitosa del 2011 promete un desenlace sorprendente
para este 2012

Johan Steven Martínez. / Foto: Javier Francisco Perugache Martínez.

Es difícil hallar las palabras para calificar la fortaleza y madurez que exhibe el hijo del sargento viceprimero del Ejército Nacional, José Libio Martínez Estrada, asesinado por las Farc el 26 de noviembre en las selvas del Caquetá tras 13 años, 11 meses y 5 días de secuestro. Aquí está su testimonio

Los personajes 2012. / Revista GENTE Colombia.

Después de una detallada revisión de sus trayectorias, sus logros, su influencia y sus futuros proyectos, en GENTE creemos, con firmeza, que estos serán los personajes que marcarán el rumbo del país durante los próximos meses en el mundo del espectáculo, la política, la economía, la ciencia, el deporte, la literatura y la moda, entre otros campos

Personajes: Sofía Vergara. / Revista GENTE Colombia.

Personajes: Luis Carlos Sarmiento Angulo. / Revista GENTE Colombia.

Personajes: El Movimiento Estudiantil. / Revista GENTE Colombia.

Personajes: Juliana Robledo y Manolo Cardona. / Revista GENTE Colombia.

Este es un abrebocas de los Personajes 2012. La lista completa la pueden ver en la edición impresa de Revista GENTE Colombia.

Brad Pitt. / Foto: AP.

Los hombres lo envidian por ser el esposo de Angelina Jolie (las mujeres la envidian a ella). Tiene 47 años, varios papeles memorables –basta recordar ‘El club de la pelea’ o ‘Bastardos sin gloria’–, seis hijos y lo veremos en las salas colombianas en las películas ‘El árbol de la vida’ y ‘Moneyball’. En esta entrevista exclusiva con GENTE nos contó el porqué su francés es una “merde”

Paola Turbay. / Foto: Pablo García © 2011.

La exvirreina universal de la belleza, la vampira de ‘True Blood’, la madre de Sofía (15 años) y Emilio (11) interpreta su primer papel protagónico en el cine en ‘Mamá, tómate la sopa’, dirigida por Mario Ribero (‘Yo soy Betty, la fea’), que se estrena este 25 de diciembre. Sobre esta experiencia, sus agitadas semanas de audiciones y los borrachos peligrosos de Los Ángeles, habló con GENTE

Santiago Cañón. / Fotografía: Fabían Acosta © Revista GENTE Colombia.

Es el niño genio de la melodía sinfónica en Colombia. Tiene solo 16 años, es bogotano, toca el violonchelo y en enero será una de las jóvenes figuras del Festival de Música de Cartagena: Mientras tanto, graba en Nueva Zelanda su primer álbum como intérprete

Alessandra Ambrosio. / Foto: Cortesía Grupo Éxito.

Es una de las cinco modelos mejor pagadas del mundo, hace pocas semanas participó (como lo hace desde hace 10 años) en el ‘Fashion Show de Victoria’s Secret’ y permaneció tres días en Cartagena realizando fotos para el catálogo de la nueva colección de Arkitect. Estuvimos con ella

Paula Barreto, actriz. / Foto: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Alejada de los reflectores y las lentejuelas, del afán de figurar y de los escándalos, Paula Barreto ha logrado trabajar, casi ininterrumpidamente, durante cinco años, desde que llegó a Bogotá para participar en la novela ‘En los tacones de Eva’. Regresó al horario estelar como parte del elenco de ‘La primera dama’ y ahora vuelve al cine en la película ‘El escritor de telenovelas’, que se estrena el 25 de diciembre

Bianca Arango. / Foto: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Nació en Estados Unidos, pero tiene alma paisa. Es modelo –de las mejores–, actúa en la telenovela ‘Tres milagros’ y forma parte del equipo radial de ‘La W’. Paracaidista, amazona, salta charcos, atleta, en estas páginas escribe sobre sus facetas desconocidas

Gloria Hincapié. / Revista GENTE Colombia.

Gloria Hincapié ha sido elegida como una de las mujeres más influyentes de Estados Unidos: por sus manos pasan, para embellecerlos, los  cuerpos de sensuales celebridades. Es colombiana, de Santa Rosa de Cabal, Risaralda, ha salido en importantes revistas internacionales y ahora revela sus secretos en GENTE

Amy Winehouse. / Foto: Universal Music.

Su muerte fue uno de los hechos que más conmoción causó en este 2011. Ese día, el 23 de julio, tenía 27 años, mucho alcohol en la sangre y el corazón roto. Su matrimonio fue un fracaso (su marido terminó en la cárcel), los paparazzi la seguían adonde fuera y ella no paraba de drogarse ni siquiera en los centros de rehabilitación. Fue una gran cantante –aunque de pequeña sus padres no le veían cualidades para serlo–, y para dar fe de ello, su amigo y productor Salaam Remi recopiló 12 de sus canciones en el álbum: ‘Lioness: Hidden Treasures’, que se acaba de lanzar. Él nos habló sobre la Amy que conoció. Y por eso, GENTE le rinde este homenaje

DiverGENTE. / Por: Arias y Troller © Revista GENTE Colombia.

DiverGENTE. / Por: Arias y Troller © Revista GENTE Colombia.

Vicky Dávila. / Revista GENTE Colombia.

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Búsqueda entre la niebla

Jairo Ochoa, busca a su hijo. / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia.

Perder a un hijo en una región cubierta de niebla es desolador. Eso lo sabe Jairo Ochoa, el papá de Camilo, un estudiante de 19 años al que pareciera se lo hubiera tragado la montaña: desapareció en el Parque de Los Nevados. Para su edición de Septiembre de 2011, Revista GENTE Colombia viajó hasta el último lugar donde lo vieron con vida, un paraje bello, imponente y solitario, a 3.700 metros de altura. Hoy, cinco meses después, continúa la búsqueda.

 Por Elizabeth Reyes Le Paliscot. Fotografía: Julián Lineros.

Enviados especiales a Quindío y Tolima

Al otro lado del teléfono, la voz de Jairo Ochoa se escucha cansada. Se acaba de enterar de que no buscarán más a Camilo. Su espera en la Estación de Bomberos de Salento, un pueblo alegre y colorido a 40 minutos de Armenia, parece haber llegado a su fin. Eso es lo que piensan quienes lo han visto deambular por sus calles empinadas desde el día en

que se conoció la noticia de la desaparición de su hijo. Fue un miércoles. Llegó apurado desde Bogotá con la angustia instalada en su estómago. Desde entonces, el 23 de junio, hace casi tres meses, intenta alargar las horas. Mete las manos entre los bolsillos de un saco azul que se vuelve a poner día tras día y ya no le importa si le crece la barba. Espera.

Así pasa. De tanto buscar a un desaparecido, el único que cree que regresará vivo es quien lo sigue llorando en las noches. Jairo Ochoa lo sabe y ha tenido que aprender a tragarse esa soledad que va unida a la desaparición. Pero otra cosa –dice– es tener que resignarse a escuchar por teléfono las noticias sobre la búsqueda de Camilo. Él renunció a sentir esa impotencia. Se quitó su bata de enfermero y viajó hasta Salento, donde tenía que haber llegado su único hijo.

Camilo Ochoa. / Foto: Archivo Particular.

–Aquí me quedo hasta que lo encuentre, porque Salento es lo más cerca que puedo estar de Camilo–.

Eso fue lo que dijo Jairo Ochoa al otro lado del teléfono. También murmuró que si las autoridades paraban la búsqueda, él iría hasta esas altísimas montañas entre Quindío y Tolima donde vieron por última vez a su hijo de 19 años. Caminaría hasta La Primavera, una finca a diez horas de Salento y a 3.700 metros de altura, paso obligado para llegar al pueblo. O si se quiere, para ir al nevado del Tolima, esa imponente cumbre cercada de niebla. Después, ya vería.

Camilo y sus compañeros. / Foto: Archivo particular.

En la montaña

Desde el 23 de junio, Jairo Ochoa duerme en una habitación improvisada en la Estación de Bomberos de Salento y almuerza en una casa que está enfrente. Todos en el pueblo saben que es el papá del estudiante de antropología de la Universidad Nacional que se perdió en los nevados. Algunos le preguntan por Camilo y otros solo agachan la mirada, pero siempre murmuran y hacen cábalas.

Se le nota la tristeza. Es un hombre pequeño, delgado y ahora tiene unas enormes ojeras. Le gusta acomodarse sus viejas gafas mientras saca una libreta donde registra con detalle cada cosa que le dicen sobre su hijo. También tiene escritas las hipótesis de lo que le pudo haber pasado y hasta las locuras –dice– que se han atrevido a insinuarle.

–Que Camilo ya salió de los nevados y que sencillamente, no quiere regresar. ¿Cómo no va a querer regresar?–.

Jairo Ochoa en la búsqueda. / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia.

En las afueras de Salento son las tres de la tarde de un lunes lluvioso. Jairo camina sobre la vía al Valle de Cocora, que está inundada por palmas de cera. Han pasado más de dos meses desde que vio por última vez a Camilo, en Bogotá. Le había contado del viaje. Se iría con un grupo de amigos de la universidad. Llegarían primero a Ibagué, de ahí subirían hasta Termales de Cañón, en las estribaciones del nevado del Tolima, donde –luego lo sabría– el grupo se separó. El lugar es un cruce de caminos en el Parque Nacional de los Nevados, un paraíso de 58 mil hectáreas que se extiende por Caldas, Risaralda, Tolima y Quindío.

Lleva botas de plástico, guantes de lana, un morral, un machete y una bolsa de dormir. Atún, panela, una linterna. Es un viejo zorro para caminar. Camilo heredó su gusto por la pesca, por conocer las montañas, por acampar. Por eso, hay momentos en que lo imagina en el páramo y lo ve resistiendo sin sentirse ajeno a tanto frío y tanta niebla. También imagina que come como lo hicieron el día antes de viajar, cuando le contó que había comprado una carpa de alta montaña, ropa para el frío, fósforos, panela molida y enlatados. Jairo lo aconsejó. También hablaron de otro viaje al Ecuador y de un sueño: Camilo quería irse de intercambio a Alemania.

Jairo Ochoa en la búsqueda. / Fotograía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia.

Todo lo cuenta mientras camina, primero por un bosque tupido cargado de agua y luego por un valle inundado de frailejones. Está a 2.390 metros de altura y subirá a 3.700. Lo guía Albeiro, un hombre que conoce la región como pocos y que se ha ofrecido a acompañarlo hasta La Primavera. Cada tanto, cuando se topan con avisos que indican la altura y la distancia que les falta por recorrer, este hombre de 56 años saca una foto del rostro de Camilo y la acomoda como puede sobre trozos de madera. También hace conjeturas, pregunta por atajos, revisa cada rastro que encuentra en el camino, los huecos, las hendijas. Todo, por más pequeño que sea, se convierte en una gran esperanza. Y eso incluye a la guerrilla.

–¿No le parece una paradoja? –.

La pregunta la hace en voz alta a las nueve de la noche en Estrella de Agua, una finca a mitad de camino entre Salento y La Primavera, donde pararon a dormir con Albeiro. Lo hacen sobre el suelo, en un cuarto desnudo con paredes de madera y piso de cemento. Jairo cambió sus medias mojadas, tomó agua de panela y se refugió en su bolsa de dormir. Albeiro no pudo mirarlo en la oscuridad. Llovía a cántaros. Más tarde le diría: “Solo en las noches es que se dimensiona el tamaño de la tragedia”.

Jairo Ochoa pegando carteles de su hijo. / Fotograía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia.

En el páramo

Jairo Ochoa habló con su hijo el día que salió de Bogotá, al siguiente y otro más. La última vez lo ubicó en el celular de su amiga Kery Moreno. Sabe que de Termales de Cañón buscarían llegar a Salento, atravesando el Parque de los Nevados. También sabe que Camilo camina despacio porque va tomando fotografías y que esa manía es vieja. Lo que no entiende es cómo se pudo rezagar tanto del grupo como para tener que acampar solo en la laguna del Encanto, a más de 4 mil metros de altura.

Está seguro de que esto ocurrió porque un campesino vio de lejos la carpa de Camilo y fue a buscarlo a la laguna. Ahí se enteró que los cuatro jóvenes que habían dormido en su finca, la noche anterior, eran los amigos de Camilo. Pero a él parecía no importarle estar solo, contó luego el campesino. Se veía tranquilo y le pidió que lo guiara hasta La Primavera.

Lo que pasó con sus amigos no resulta tan fácil de entender, aunque sus explicaciones son tan sencillas, que desconciertan. Ellos dicen que Camilo se quería devolver hasta Termales de Cañón y que como se fue rezagando, asumieron que había regresado y ya no se preocuparon por esperarlo. Se lo contaron a Jairo cuando volvió a llamar al celular de Kery, sin saber que mientras avanzaban hacia Salento, Camilo se perdía en una región tan vasta como difícil por la espesa vegetación y las bajas temperaturas. Cuando todo se supo, ya habían pasado siete días y las alarmas sonaron trasnochadas.

Jairo Ochoa camina por el páramo. / Fotograía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia.

Hasta aquí, la historia no tiene mayores altibajos, piensa Jairo, ahora que comienza realmente a desandar los pasos de su hijo. Confía en Albeiro y a pesar de la lluvia, emprenden nuevamente la subida hacia La Primavera. Los montañistas llaman al sector, El Valle de los Perdidos, porque es fácil confundirse de camino por culpa de la espesa niebla. Las huellas del ganado y las mulas también distraen a los turistas que van o vienen del nevado. Cada cierto tramo, una cinta amarilla amarrada a cualquier rama es la única forma para seguir la ruta. Jairo no puede disimular su angustia. Es como si él también se sintiera perdido. Y de nuevo empieza a hacer conjeturas.

Realmente, lo que más desconcierta a este hombre metido entre las montañas en las que se perdió Camilo, es que no se haya encontrado ni un solo rastro de él durante las tres grandes búsquedas que han hecho los organismos de rescate. Lo mismo dicen los montañistas que suben y bajan continuamente a los nevados. Ni la guitarra que llevaba, ni su pantalón a cuadros café, ni la chaqueta verde oscura, ni sus botas.

Aunque no lo dice, Jairo no puede disimular el malestar que le provoca que le anden repitiendo que a los perdidos siempre los encuentran, vivos o muertos, y que con Camilo todo es un misterio. Mientras se acerca a La Primavera, la respiración se acelera y no es solo por los 3.700 metros de altura. Aprieta el paso. También llora un poco y se aleja de Albeiro. Es la primera vez que lo hace desde que salió de Salento y le sirve para tomar impulso. Jairo sabe que se encontrará con Mabel González, la última persona que habló con Camilo y que en el fondo, oírla a ella es como tener un poco de él.

Jairo Ochoa en la búsqueda. / Fotograía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia.

Sin descanso

El fogón de la cocina es el corazón de La Primavera. Son nuevamente las tres de la tarde y la finca está a reventar. Mabel, la dueña, prepara el almuerzo para los turistas que van hacia el nevado. A su alrededor y por culpa del frío, se amontonan unos cuantos que tratan de calentarse los pies. La mayoría son extranjeros que van con guía y pronto se enteran de que Jairo busca a su hijo Camilo.

–Le ofrecí agua de panela y ni siquiera descargó el morral –dice Mabel–. Iba con su guitarra al hombro. Era la una de tarde y sus amigos pasaron dos horas antes. No dijo mucho, pero no parecía apurado por alcanzarlos. Me regaló tres dulces–.

Jairo Ochoa en la búsqueda. / Fotograía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia.

Mabel le mostró el camino hacia Salento y lo siguió hasta que se perdió en el valle. Eso fue todo. Jairo le mira las manos mientras la escucha y luego continúa la conversación basado en sus conjeturas. A Mabel le parece remota la posibilidad de que a Camilo lo tenga la guerrilla del ELN, aunque a estas alturas parece la única opción.

–Ellos rondan por acá, eso no se lo puedo negar, pero hasta ahora no se han llevado a nadie–.

Lo otro –dice– es que él hubiera tomado la decisión de irse con ellos. Jairo se vuelve a sentir incómodo. No puede imaginar a Camilo en esa situación. Mira a Albeiro y vuelve a preguntarle: “¿No le parece una paradoja?”. Y ahora se responde a sí mismo: “Mi única esperanza es que a Camilo lo tenga la guerrilla”.

Nevado del Tolima. / Fotograía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia.

En los días siguientes, Jairo Ochoa continuó buscando. Albeiro lo acompañó como su lazarillo por todo el Valle de los Perdidos y se internaron en la cuenca del río Toche, una zona selvática y lluviosa. Regresó a Salento, fue varias veces a Medicina Legal y al CTI de la Fiscalía en Armenia, pero nada. Hasta le escribió un mensaje al ELN en su página Web. Intentó hablar con el presidente Juan Manuel Santos cuando visitó el Parque del Café y aunque no lo logró, consiguió que el Ministerio del Interior reanudara la búsqueda de Camilo.

Jairo dice que no volverá a las calles de Salento, a sentarse a esperar mientras la tristeza lo sigue consumiendo, como le pasa a María del Carmen Garzón, la mamá de Camilo, que vive en España.

Una última llamada.

–¿Qué ha pasado?

–Nada, no ha pasado nada.

Jairo Ochoa en la búsqueda. / Fotograía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia.

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Madonna / GENTE / Artículo completo

Madonna / ©Steven Meisel / Art + Commerce

Tiene 53 años y su reinado sigue vigente. Madonna acaba de estrenar película, ‘W.E.’, trabaja en las composiciones de su nuevo álbum, planea lanzar un perfume: ‘Truth or Dare’ y se rumora que será la principal estrella del Super Bowl en febrero de 2012. La madre de cuatro hijos, la exesposa de dos estrellas del cine, el demonio según los Papas, repasó su carrera, nos contó sobre su gran amor y su filosofía de vida. 
La ‘Reina del Pop’ se confesó, cara a cara, con Revista GENTE Colombia (Artículo de portada de nuestra edición de octubre de 2011)

Por Mario Amaya / Enviado Especial de GENTE a Toronto, Canadá

Fotografía: © Steven Meisel / Art + Commerce

Todos hablamos en voz baja, como si estuviéramos en una catedral. Son las tres de la tarde de un lunes otoñal y en uno de los salones más grandes del Hotel Park Hyatt, ubicado en el exclusivo sector de Yorkville, en Toronto (Canadá), solo se escuchan murmullos. Hay un zumbido de publicistas que se mueven como abejas en una colmena, llevan sus smartphones pegados a las manos a la espera de una vibración, una señal que les indique que la ‘Reina’ está a punto de entrar al recinto. Hay tipos misteriosos de trajes negros que te auscultan con sus miradas; son el destacamento de seguridad. Es un cálido atardecer. “¿Tardará mucho en llegar?”, pregunta alguien desde el fondo del corredor. “No mucho”, le responden.

Pero se tomará su tiempo. A sus 53 años, Madonna Louis Verónica Ciccone maneja su propio reloj. Ella no gira con el planeta como los demás mortales; el planeta gira en torno de ella. No es una frase de cajón, es pura matemática: más de 300 millones de discos vendidos, 29 años de éxitos y escándalos –en 1982 comenzó su carrera oficial al firmar con Sire Records–, 408 millones de dólares recaudados con su Sticky & Sweet Tour –que terminó en septiembre de 2009 y se convirtió en la gira más rentable de todos los tiempos para una solista–. Madonna es dinero. En el listado de la revista Forbes se ubica entre las 10 celebridades más poderosas del mundo. Pero Madonna también es sexo (este, al fin y al cabo, trae dinero). Es la mujer que se masturbaba y gemía como animal en celo en los recitales del Blond Ambition Tour, la que por un puñado de dólares posó desnuda sin saber que sus fotografías las aprovecharían Playboy y Penthouse, esa que en 1992 dio a conocer su manual de fantasías sexuales en el libro Sex –retratada por su amigo Steven Meisel, el mismo autor del editorial fotográfico que acompaña estas fotos de GENTE– lanzado casi a la par con su disco Erotica.

Madonna es una sobreviviente, una de las pocas estrellas que iluminó los ochenta y no perdió brillo en las décadas siguientes –quizá Prince pueda decir lo mismo–. Qué equivocado estaba aquel editor de Billboard que en 1985 dijo: “Cyndi Lauper seguirá vigente por mucho tiempo. Madonna estará fuera de este negocio en unos seis meses”. Ella sabe que sus frases y actitudes causan conmoción: “No me hubiera gustado tener un pene, habría sido como tener una tercera pierna”, dijo en una entrevista; pero, así como su pupila, Lady Gaga, su locura y su arrebato son producto de un plan cuidado para conquistar el planeta y escandalizar puritanos. Dos papas de Roma la vieron como si fuera el demonio. Juan Pablo II, en 1990, escandalizado ante su inmoralidad, les pidió a sus feligreses que no fueran a verla a sus conciertos. Luego, Benedicto XVI se molestó porque la cantante usaba una cruz en sus recitales. Ella, en 2008, cantando en la capital italiana dijo: “Le dedico esta canción al Papa”, era Like a Virgin. Con el paso del tiempo se confirmó que en la guerra contra Madonna, Dios siempre ha perdido.

Madonna / ©Steven Meisel / Art + Commerce

La corte de la ‘Reina’

Después de una espera tediosa, son casi las cuatro de la tarde, los murmullos del salón se multiplican. Una de las asistentes se aproxima y dice en voz baja y con una venia que: “Madonna ya está aquí”. Se escucha un creciente ruido de zapatos y tacones que golpean el piso. ‘Madge’ –como le dicen en Inglaterra– entra al salón acompañada de cinco guardaespaldas. Dos se quedan con ella; los tres restantes se sitúan en rincones estratégicos de la espaciosa habitación. El lugar está ambientado con afiches y material promocional de W.E. la película que ella escribió, dirigió y acaba de presentar en el Tiff (Festival Internacional de Cine de Toronto). La ‘ambición rubia’ sonríe, está impecablemente maquillada, y su look es perfecto: blusa roja, falda negra y zapatos de tacón de Yves Saint Laurent; un brazalete de Cartier –hecho exclusivamente para ella–, bolso de Givenchy, reloj de Jacob and Co. y un pendiente, diseñado por Neil Lane, con las iniciales de su filme: W.E. Nos sentamos frente a frente. Un séquito de al menos 20 personas se dispersa lentamente por el recinto. Su representante de siempre, la experimentada Liz Rosenberg, me había advertido: “Si haces alguna pregunta que consideremos inaceptable, hasta ahí llegó la entrevista”.

Madonna se disculpa por el retraso y, desde el comienzo, impone sus reglas. Me toca con suavidad el brazo y dice: “Preferiría que habláramos, básicamente, de la película”. Yo, “preferiría”, preguntarle cosas más banales, como si fue verdad que Sean Penn la tuvo amarrada durante más de nueve horas cuando estuvieron casados, o si es cierto eso de que el único hombre que se le escapó fue Antonio Banderas (ella ha aceptado que estaba enamorada del español) o sobre las mascarillas esas raras que se supone usa para dormir.

Pero a la ‘Reina’ no se le lleva la contraria. W.E., el segundo filme que dirige –el primero fue Filth and Wisdom, uno de los fracasos de 2008–, es la historia de amor entre el rey Eduardo VIII de Inglaterra (James D’Arcy) y la estadounidense Wallis Simpson (Andrea Riseborough), una mujer divorciada por la que el monarca dejará el trono antes de la Segunda Guerra Mundial. El relato es contado por una mujer contemporánea, Wally Winthrop (Abbie Cornish), obsesionada con la vida de Simpson. Madonna estaba empeñada en sacar a la luz la otra cara de esa plebeya, a quien señalaron de arribista, superficial y materialista. “Descubrí que ella era una mujer interesante, compleja, víctima de las circunstancias. Que estaba sola y buscó el amor y la felicidad. Eso es lo que no se cuenta. Wallis deseaba desesperadamente tener un trabajo y una carrera, pero se sentía atrapada y malentendida. Nunca tuvo oportunidad de defenderse. No quise hacer una película biográfica en su estilo más clásico. En W.E. mezclé recursos de otros filmes que he visto y admiro, como La vida en rosa (2007); su cinematografía me ayudó a construir algunas secuencias largas de mi película. Vi cintas del sueco Ingmar Bergman, busqué inspiración en las del francés Alain Resnais e incluso le consulté a Guy (Ritchie, su exesposo), quien me dio muchos consejos técnicos”. La madre de Lourdes, 14 años (fruto de su relación con el coreógrafo Carlos León); Rocco, 11 (hijo de Ritchie); David, 6, y Mercy, 5 (los dos adoptados de Malawi), habla sin prisas, mide cada palabra, es cortés, trata de generar cercanía con su entrevistador, pero, al mismo tiempo, erige una muralla que la separa. Ella es Madonna, el que está en frente, un mortal con preguntas en una libreta.

Las leyes de la vida

En la música, la intérprete de Material Girl o Hung Up, ha vivido un ascenso imparable. Pero en el cine su historia ha sido distinta, ni como actriz, ni como realizadora, ha tenido suerte. ¿Es una deuda por saldar? “No creo que, en general, el público tenga altas expectativas sobre mi trabajo como directora porque solo he realizado dos filmes. He tenido éxito en otras áreas de mi vida y entiendo que los espectadores esperen que pase lo mismo con mis películas. Ojalá juzguen a W.E. por su contenido, no por ser una creación de Madonna”. Cree que al ser un personaje público no se le perdona un fallo: “Sé que por eso me critican con más dureza. Pero no me quejo, si eres un político influyente, un escritor de éxito o un líder mundial, vas a tener libertad, restricciones y críticas en la misma baraja. Esa es la naturaleza de la vida y yo no estoy exenta de esa ley natural”.

El cine es un ejercicio en el que, dice, la ha ayudado su experiencia musical. “Pareciera que hay un gran salto entre ser cantante, presentarte en un escenario y rodar una película. Sí, son disciplinas diferentes, pero cuando estoy planeando uno de mis shows estoy inmersa y concentrada en todo: superviso cada detalle de los bailarines, desde su vestuario hasta las coreografías; el maquillaje y las proyecciones; y esa es la logística que sigo en una película. Reparo en cada detalle, me arriesgo, hay algo intuitivo y en ese sentido me gustaría ser vista como una visionaria”. No miente, la ‘Reina’, controla todos sus productos, musicales o cinematográficos. Se sabe que en el estudio de grabación, cuando está puliendo sus discos, ella tiene la última palabra: “Allí no hay espacio para la democracia”, pero, como dijo en una entrevista que le hizo el director Gus Van Sant (Milk), le agrada la gente que replica: “Las discusiones son bienvenidas, me gusta que me digan: ‘eso apesta’ o ‘estás loca’ o, incluso, ‘eso es una boleta’. Eso te ayuda, te presiona para discernir entre qué está bien y qué es una mierda”.

Madonna / ©Steven Meisel / Art + Commerce

Mamá Madonna

Pero el cine y la música comunican de una manera distinta. “Cantar es una expresión íntima y mucho más visceral, cuando estoy actuando frente al público obtengo una respuesta inmediata; la retroalimentación es instantánea, es una comunicación más primitiva y básica que la que se da en el cine. Filmar es diferente. Te sientes más alejado, al final estás del otro lado de la cámara supervisando que muchos factores se junten para poder llevar a cabo una idea. Es un ejercicio intelectual, otra forma de creación artística, pero he dejado el alma y el corazón en ambas disciplinas. Esencialmente, hacer una película abarca e involucra todo lo que amo”. El cine, además de darle nuevos retos, le ha dado maridos. El primero fue Sean Penn, con el que tuvo una relación algo salvaje y pasada por alcohol: “No creo que haya podido conocerla muy bien, a pesar de haber vivido con ella. La verdad, yo casi siempre estaba borracho”, le dijo el actor a Playboy. El segundo fue Guy Ritchie –después de su divorcio, confesó que la seguía amando, también dijo que su ex era una “retrasada”–, con quien hoy lleva una buena amistad y comparte la responsabilidad de sus hijos.

Lo que dijo Penn, lo repiten muchas personas que han sido cercanas a Madonna. Es difícil saber quién es realmente. Dicen que es una trabajadora incansable, que suele tener pocos días libres, que prefiere ser odiada a no despertar ninguna emoción. Su infancia en Pontiac, Detroit, no fue fácil. A los seis años perdió a su madre, “eres consciente de la pérdida y te sientes abandonado. Los niños siempre piensan que hicieron algo mal cuando alguno de sus padres muere”, le dijo a Vanity Fair. Recuerda que en su infancia fue nerda y algo rara. Que el primer concierto al que asistió fue de David Bowie. Que vino a emborracharse después de su primer divorcio. Que Andy Warhol y Basquiat (amigos difuntos) le regalaron varias obras. “La gente tiene opiniones sobre qué se debe y no se debe hacer. A mí poco me importan. Nunca me imaginé, al marcharme a Nueva York, que iba a ser cantante y compositora. Me dejé llevar por las experiencias, hice audiciones, conocí gente, y una cosa me llevó a la otra. Yo estaba abierta a que llegaran diferentes oportunidades a mi vida. Si te encargas de seguir tu propio destino y te decides a vivir sin pensar en las expectativas de los demás, te van a llegar muchas cosas buenas. Esa es mi filosofía de vida, y es también la de los personajes de W.E. La idea es: exprésate como quieras –de hecho, eso ya lo dijo en una canción–, ten la libertad de hacerlo y abre tu propio destino”.

Hoy, al tenerla cerca, sentir su olor (¿qué perfume puede ser? ¡qué bien huele! En 2012 sacará su propia fragancia: Truth or Dare), verla sentada en su improvisado ‘trono’, escuchar su dicción perfecta y su seguridad aplastante, también se percibe algo más. Es algo raro, es una especie de aura solitaria. Su majestad parece sola. Quizás sea el precio que paga por su fama y sus apuestas artísticas. Igual, es solo la lectura del hombre de la libreta, el que hace las preguntas y no puede ver más allá de este recinto rodeado por guardaespaldas. Tal vez la soledad sea su elección, y siga fiel a lo que decía a comienzos de los noventa: “Creo que todo el mundo se debería casar al menos una vez, así todos se darían cuenta de lo tonto y obsoleto que es el matrimonio”. Le pregunto por eso, por el amor, el del rey que abdica por una plebeya divorciada, el de ella; la monarca del pop. “Hmm, parece que ya comenzaste a coger impulso, ¿no? (se ríe). Soy de las que cree que cuando amas a alguien o algo con mucha pasión, siempre vas a hacer algún tipo de sacrificio. Es la naturaleza del amor, todos nos sacrificamos por los que amamos. Te puedo dar un ejemplo de mi amor más grande: mis hijos; los amo profundamente y tengo que hacer ciertos sacrificios por ellos con cierta regularidad. ¿Qué tal el amor entre los personajes de la película? Yo sé lo que se siente amar así, pero hasta ahora nadie ha abandonado su trono y su jerarquía para amarme de esa manera (se ríe, otra vez)”. Dice que amar es distinto a obsesionarse: “Cuando amas estás en ese estado de dar y entregar. Con la obsesión solo esperas tomar. Llevado por la obsesión quieres quedarte con lo que deseas a como dé lugar. El verdadero amor es dar, esa es la gran diferencia”.

Revista GENTE Colombia. / Foto: ©Steven Meisel Art + Commerce

Las apariencias

El reloj normal, no el de Madonna, indica que queda poco tiempo con ella. Después del cine –la película se estrenará en Estados Unidos a finales de este año; en Colombia aún no tiene fecha–, volverá a su territorio, la música. “Oh, cierto, ¡tengo que ponerme al día con mi otro trabajo! Voy a grabar un nuevo álbum y estoy en el proceso de componer algunas letras. Es una buena transición porque he estado trabajando en W.E. en los últimos tres años de mi vida y ya necesito ese proceso visceral de escribir canciones. Me relajo mucho cuando estoy sola en una habitación con un piano o una guitarra. Pero no dejaré el cine, he estado leyendo algunas historias de las que seguramente sacaré algo interesante para llevar a la pantalla”.

Uno de los miembros de su corte me señala que es el final, la ‘reina’ necesita al menos un minuto y medio para retocarse para la siguiente entrevista cara a cara. Finalizo con la pregunta típica: ¿Qué tan materialista es la ‘chica material’? “No te dejes engañar por las apariencias. Lo que poseo no significa nada si no soy feliz (sonríe). Me siento privilegiada al poder tener acceso a lujos como ropa de grandes diseñadores, a obras de arte, o cosas así, pero eso no es lo que mueve mi vida”.

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GENTE / Noviembre de 2011

Verónica Alcocer. / Revista GENTE Colombia / Portada de Noviembre de 2011

Creció en una familia conservadora de la Costa, le gusta tocar el piano, fue reina, habla italiano y es mamá dedicada… Les presentamos a Verónica Alcocer, la nueva primera dama de Bogotá, la mujer detrás de Gustavo Petro, y la portada de la edición de Noviembre de 2011 de Revista GENTE Colombia.  Además: las columnas de Natalia Springer y Vicky Dávila; la ‘pelea’ del director de nuestra revista con el recientemente abatido jefe gerrillero Alfonso Cano; el crudo testimonio de cuatro mujeres colombianas que han sido víctimas de ataques con ácido; el paso de los estrados a los escenarios de la abogada de desmovilizados del conflicto, Sondra; y una noche dentro de los ‘piques’ ilegales de Bogotá. También en esta edición: la herencia de exilio y muerte que les dejó Gadafi a sus ocho hijos; la entrevista con la artista plástica Adriana Marmorek y su “arquitectura del deseo”;  el duelo de las dos divas de la televisión colombiana: Amparo Grisales y Marbelle; y el vistazo a la mini-bloguera que enamoró a sus 11 años a grandes diseñadores de modas, Tavi Gevinson. Pero hay más: una sesión de infarto con Andrea López, la amiga traicionera de la novela El Secretario; la bienvenida a Colombia de la actriz Adelaida Buscató, que saldrá en la nueva comedia de RCN, ‘Los Rico’; el ‘Zube‘, un nuevo concepto de la moda colombiana; el reportaje con el enmascarado rey de la lucha libre colombiana, ‘El Jaguar‘; la sesión al natural de Cristina Campuzano; la revancha de Farina y un homenaje a El Principito, el cuento clásico que se estrena en la tele, por Discovery Kids. Recorran el menú temático de nuestra edición de Noviembre de 2011 a través de las siguientes imágenes.

Natalia Springer. / Revista GENTE Colombia

Alfonso Cano / Foto: Cortesía Revista Semana

Alfonso Cano, el número uno de las Farc, muerto en combate por las Fuerzas Armadas este 4 de noviembre, tuvo una batalla verbal con Armando Neira, director de la revista GENTE, en la que exhibió todos los rasgos de su misteriosa personalidad. “Soy el último de los mohicanos”, le dijo

Mujeres quemadas con ácido. / Revista GENTE Colombia

A propósito del Día Internacional Contra la Violencia hacia Mujeres y Niñas, este 25 de noviembre, GENTE continúa la serie de reportajes con hecho que jamás debieron ocurrir. En esta edición, presentamos las estremecedoras historias de Gloria, Érica, Gina y María, cuatro de las 20 mujeres que han sido atacadas con ácido en el país

Sondra / Revista GENTE Colombia.

Esta penalista samaria, quien fue abogada del exguerrillero ‘Martín Sombra’ y tuvo entre sus clientes a narcotraficantes
y paramilitares cambió los estrados por la música. Sin sastre, con mucha sensualidad y sonido electrónico, estrena su sencillo ‘Si la noche’. Sus canciones se bailan en las discotecas, y algunos las cantan desde la prisión

Piques en Bogotá./ Fotos: Carlos Andrés Arias.

Mientras en el mundo aún hay consternación por la muerte en pistas altamente seguras del piloto británico Dan Wheldon y del motociclista italiano Marco Simoncelli, en Bogotá aumenta el número de jóvenes que participan en los peligrosísimos piques ilegales. Hace unas noches, un periodista de GENTE ingresó a este espectáculo clandestino y esto fue lo que vio

La herencia de Gadafi / Foto: EFE

Llegó a ser uno de los hombres más poderosos y temidos del planeta. Sin embargo, Muamar el Gadafi solo les dejó a sus ocho hijos exilio, violencia y muerte

Adriana Marmorek, artista / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

A propósito de su exposición individual y su reciente y exitosa participación en la Feria Internacional de Arte de Bogotá, ArtBo, en la que vendió todas sus piezas creadas a partir de lo que ella llama “la arquitectura del deseo”, la artista plástica tuvo una entrevista íntima con GENTE para revelarnos su mirada del erotismo, el sexo y el cuerpo

Amparo Grisales y Marbelle / Fotos: Archivo Revista GENTE y Canal Caracol.

La actriz manizalita Amparo Grisales y la cantante vallecaucana Marbelle, presentadoras de los programas ‘Yo me llamo’ y ‘El Factor XS’, respectivamente, están enfrascadas en la más dura de las batallas por el ‘rating’ de la televisión. ¿Quién será la ganadora de esta lucha?

Tavi Gevinson / Foto: Getty Images- Mc.Clatchy-Tribune

Se llama Tavi, tiene escasos 15 años y causa furor en el planeta. Al punto que Lady Gaga la llamó “el futuro del periodismo”, ella insiste en que primero debe terminar el colegio. La revista de moda ‘L’Officiel’ –que la puso en portada– la catalogó como “la próxima Diana Vreeland”. Su blog, escrito en el cuarto de su casa, tiene millones de seguidores. Por eso, es invitada a las pasarelas más famosas del mundo

Andrea López, actriz / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

La amiga traidora de la comedia ‘El secretario’, la caleña amante de los perfumes y la ‘solitud’, demuestra en este editorial que su mejor ‘photoshop’ es su rutina de ejercicios. Miren, revisen, repasen y recreense con este cuerpo que no pasó por el retoque digital. La realidad, sí señores, supera a la ficción

Adelaida Buscató / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Nació en Medellín, tiene 26 años, formó parte de la exitosa serie española ‘Los Serrano’, estudió teatro en Barcelona, (España), pasó por Atlanta (Estados Unidos) y continuó su formación en Minsk (Bielorrusia). Volvió a Colombia de vacaciones, pero no ha tenido descanso: acaba de terminar la serie ‘Los infiltrados’ y actúa en una nueva comedia de Canal RCN, ‘Los Rico’. La ‘Mona’ está imparable

Natalie Berg y Catalina Zuluaga, diseñadoras / Revista GENTE Colombia

Son jóvenes, preparadas y ambiciosas. Natalie estudió administración de moda y visual merchandising; Catalina, diseño de modas (en París) y ‘fashion styling’ (en Milán). En este noviembre abren la primera tienda efímera de ropa en Bogotá –lo que se conoce como una ‘pop up store’–, pero sus planes van mucho más allá

El 'Jaguar', luchador / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Tiene 65 años, titanio en el pómulo izquierdo, platino en las costillas y en una canilla, los hombros se le zafan cada tanto y el pie izquierdo roto en 15 partes. Es ‘El Jaguar de Colombia’, el más grande luchador de nuestra historia. Ahora quiere dar una nueva pelea: traer a los mejores luchadores del mundo para reactivar la pasión por esta actividad que hace unos años congregaba multitudes

Cristina Campuzano / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Es Cristina Cadena en ‘Correo de inocentes’, fue Paulina Flórez en ‘El último matrimonio feliz’, y Elena en el filme ‘Esto huele mal’. La actriz bogotana escribió para GENTE sobre la angustia que le produce el paso del tiempo, su vida dramática –que tanta gracia les causa a sus amigos–, su inconformidad y explicó el porqué anda desesperadamente buscando a ‘Nemo’

Farina, cantante y actriz / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Tiene sangre oriental por parte de padre, un entrenador de kung fu nacido en Perú, de ancestros chinos, al que no ve hace años, pero que le dejó sus rasgos y una gran afición por los dragones y los tigres (su signo en el calendario chino). Estrella de la primera temporada de ‘El Factor X’, ha vuelto para reclamar su revancha.

El Principito / Fotos: Discovery Kids

Este 2 de diciembre, por el canal Discovery Kids, se estrenan en Colombia las aventuras animadas de ‘El Principito’. El clásico del francés Antoine de Saint-Exupéry, publicado en abril de 1943 y traducido a 257 idiomas, ese que marcó la adolescencia de millones de lectores, llega ahora a la televisión. Por eso, GENTE le rinde este fascinante homenaje que incluye una reveladora conversación de esta revista con Olivier D’Agay, sobrino nieto del escritor y heredero de su legado

DiverGENTE. / Por Arias y Troller © Revista GENTE Colombia.

DiverGENTE. / Por Arias y Troller © Revista GENTE Colombia.

Vicky Dávila. / Revista GENTE Colombia.

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Milla Sánchez, la salvavidas

Milla Sánchez / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Quizás el nombre no les suene mucho, pero si les decimos que esta hermosura llanera de 25 años es la salvavidas del programa concurso ‘Duro contra el mundo’, la cosa cambia, ¿no? Las noches de los sábados nada serían sin ella en sus pequeños biquinis. (Artículo publicado en la edición de octubre de 2011 de Revista GENTE Colombia)

La explicación es muy válida. “Se dice ‘Mi-la’, pero se escrible con doble ele, ‘Mi-lla’”. Claro, como Roger Milla, el camerunés que puso en ridículo a René Higuita en el Mundial de Italia 90, como la milla por hora, como la (se)milla. “No, ¡como Milla Jovovich!”, puntualiza ‘Mila’. Milla Sánchez tiene 25 años, mide 1,68 metros, nació en Acacías, Meta –una población ubicada a 15 minutos de Villavicencio– y, así como el morocho Roger, tiene una gambeta de campeonato (ayudan esas caderas). “Juego microfútbol cada vez que puedo, si me toca bajo a la defensa, pero a mí lo que me gusta es el ataque, soy buena delantera”. No mata zombies, como la Jovovich en la saga Resident Evil, pero tiene una preparación física similar –y unos abdominales de acero, nos consta– porque Milla, si no han logrado reconocerla, es la famosa salvavidas del programa concurso Duro contra el mundo, que se emite los sábados en la noche por Canal RCN. “Aunque, realmente, no soy salvavidas y tampoco quise ser como los de Guardianes de la bahía”. Los agitados participantes, llenos de moretones por el esfuerzo físico que demanda esta lucha televisiva, esperan ese instante único en el que la Milla de Acacías les dé un abrazo para sanar sus heridas. “No es para tanto, pero sí trato de ayudar a que la gente pase un rato agradable en el programa. Las jornadas de grabación son muy largas. El set está en Funza (a 4 kilómetros de Bogotá), a veces me recogen muy temprano en la mañana y luego vuelven a dejarme en mi casa hacia la media noche. Y al otro día, lo mismo”.

Milla Sánchez / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Hija de una comerciante y un ingeniero civil, la mayor de cinco hermanos detestaba que, mientras crecía, su madre le dijera: “Vas a ser modelo”. Estudió en el Colegio Departamental Catumare de Villavicencio, jugaba más con los niños que con las niñas, veía la serie Sailor Moon y soñaba con ser la Mujer Maravilla –“Me la pasaba dando vueltas y vueltas como ella, pero, nada que me convertía”–. La profecía de su mamá se hizo realidad. Fue modelo: “En mi casa necesitábamos ese dinero extra”; y reina, se coronó como Miss Petite Colombia. “Cuando dijeron que yo era la ganadora, no lo podía creer. Fue una experiencia muy dura. Llevaba poco en Bogotá y me sentía como el mono que acaban de sacar de la selva. Era la niña del pueblo. Si nos invitaban a una cena especial yo sufría porque mientras las demás participantes sabían qué ponerse, yo no tenía idea de cómo vestirme. Yo era por allá escondida; no me hablaban. Lloré mucho. Es un medio muy difícil, muy hipócrita y muy cruel”.

Milla Sánchez / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Después de la corona ocurrió la típica historia –le ha pasado a Milla y a miles–, acompañó a una amiga a un casting, a última hora le dijeron a ella que también audicionara, se puso un vestido de baño y, ¡guau niña!, tú eres la elegida, y desde entonces ya suma cuatro temporadas en Duro contra el mundo. “Mi familia se siente orgullosa al verme en la televisión y a mí me da una alegría inmensa saber que el verdadero amor de mi vida, mi hermanito de cinco años, Juan David, saca pecho al verme ahí; todo lo hago por ellos”. El otro amor ya se acabó. “Tuve una relación que duró seis años, pero terminamos el año pasado. Él también es de los llanos, no sé si algun día volvamos, lo que sí sé es que necesitaba estos momentos para estar sola, tener libertad. Vivir sin darle explicaciones a nadie es chévere, es una etapa que me faltaba experimentar. Estoy felizmente soltera”

Milla Sánchez / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Milla Sánchez / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Milla Sánchez y el modelo Juan Pablo Mejía/ Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE

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Gina, Petro y Peñalosa / GENTE

¿Qué piensan, qué hacen, qué disfrutan, qué aman y qué no soportan los candidatos con mayor opción a ocupar el segundo puesto más importante de Colombia, el de alcalde mayor de Bogotá? Revista GENTE los acompañó por la ciudad y encontró reveladores rasgos del gobernante que decidirá el destino cotidiano de los habitantes de la capital del país (artículo publicado en la actual edición de Revista GENTE Colombia; octubre de 2011)

Gina, Petro y Peñalosa. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Por Elizabeth Reyes Le Paliscot y Mónica Meléndez

 Enrique y Gustavo / Caminos distintos

El uno es un excelente urbanista, el otro es un político valiente que destapó las mafias rurales; el uno ama los dulces, el otro no puede ni verlos; el uno siempre ha creído que el socialismo es un fracaso, el otro se echó al monte para hacer la revolución. Ambos, eso sí, son inteligentes y sueñan con ganar la alcaldía de Bogotá

El día que Enrique Peñalosa decidió acompañar a la alcaldesa de Bogotá, Clara López, a un plantón en protesta por el asesinato de un niño apuñaleado en el río Tunjuelito, le fue mal. Cuando llegó le gritaron oportunista. Peñalosa contuvo la respiración y se marchó luego de recordar –en tono fuerte– que ese barrio fue un proyecto de su pasada alcaldía. “No tengan mala memoria”, dijo. Mostró su mejor sonrisa y con estoicismo –en algo le ayudan sus 1,94 metros de estatura–, caminó por el sector durante cuatro horas.

Peñalosa abraza emocionado a los que le piden fotos, alza a los niños, gambetea y hasta aprovecha los semáforos en rojo para treparse a los buses. Cualquiera pensaría que hace bien su trabajo como político, algo que él mismo ha puesto en duda. “Como creo que soy buen alcalde, creo que soy mal político”, ha dicho. Por esta vez, la simpatía –con la que arrasó Samuel Moreno en la pasada contienda– es un asunto superado. “Muchos dicen que no escucha, lo hace, sí, pero con argumentos”, dice Andrés Pacheco que lo conoce hace 20 años. Y agrega: “Lo que pasa es que no es capaz de decir algo en lo que no cree”. Así sea para ganar votos.

Enrique Peñalosa / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

El día siguiente, Gustavo Petro enfiló baterías hacia Ciudad Bolívar, también al sur de Bogotá. A las 11 de la mañana empezó su recorrido en el barrio Candelaria La Nueva, con una hora de retraso. La puntualidad no ha sido su mayor cualidad y su sonrisa no es tan amplia como la de Peñalosa. Sus amigos dicen que le cambia totalmente cuando está con su familia. En público, hace su mejor esfuerzo: saludó, alzó a los niños, tomó salpicón y entregó a todos su periódico en donde expone su programa.

Quienes lo conocen, afirman que verlo en campaña es como ver a otro. No por lo que piensa sino por cómo se comunica con la gente. “Era muy tímido, pero eso ha venido evolucionando”, dice Daniel García-Peña, su amigo y jefe político en esta pelea por la alcaldía. Resulta extraño, pero lo que muy pocos saben es que a pesar de que Petro es solitario y callado, se siente cómodo con las multitudes.

Cachaco vs. costeño

Petro y Peñalosa viven a pocas cuadras de distancia en un barrio de estrato alto en Bogotá. Sus apartamentos superan los 200 metros cuadrados. Pero esto es solo una coincidencia, porque los caminos que han recorrido son muy diferentes. Toda la familia del candidato del Movimiento Progresistas nació en San Pelayo, Córdoba, la tierra del porro. Y él, en Ciénaga de Oro, un pueblo vecino. Desde muy pequeño llegó a Bogotá y luego creció en Zipaquirá. Sin embargo, Petro dice que aunque culturalmente no es costeño, le queda lo bailado. “Es tan buen bailarín que se lo pelean mis amigas”, dice Verónica, su tercera esposa.

De la Bogotá de su infancia tiene el recuerdo de los churros con chocolate que comía en Chapinero y una sala de cine que se llamaba Escala. Lo demás ocurrió en Zipaquirá, donde se formó en un colegio de curas –el mismo de Gabriel García Márquez– y fue famoso por sacar el segundo Icfes del país. En ese pueblo empezó a devorar libros porque era lo que hacía su papá, aunque sus lecturas no tenían que ver con la aventura sino con pensadores como Rousseau.

Gustavo Petro / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Allí también descubrió su pasión por la política. Petro aún recuerda el día en que llegó el periódico a su casa con la foto del ‘Che’ muerto y cuando su papá tuvo una enorme decepción porque a Rojas Pinilla le habían robado las elecciones frente a Misael Pastrana. Eso lo marcó.

Pero mientras esto ocurría con Petro, quien tuvo líos con los curas por indignarse cuando derrocaron a Allende, Peñalosa, que nació en Washington, tenía 16 años. Había crecido en Chapinero y se había enfrentado a sus compañeros porque su papá, que fue el primer gerente del Incora “se convirtió en una amenaza muy grande para los latifundistas”. Muchos de los incorados eran papás de sus compañeros de clase, así que desde pequeño escuchó hablar de igualdad y desarrollo económico. Lo hizo mientras coleccionaba insectos y leía a Julio Verne.

La primera vez que Peñalosa fue al mar, tenía 13 años y solo regresó a Estados Unidos cuando cumplió los 15. “Es curioso porque en Bogotá hay la leyenda de que Peñalosa es un oligarca, pero nunca mi familia fue socia de un club, ni tuvo finca”. Y si Petro sobresalía por ser un estudiante brillante, Peñalosa tuvo que valerse del fútbol para lograr una beca en la Universidad de Duke (Estados Unidos), donde se graduó como economista. De esos años, Peñalosa afirma que se dio cuenta de que el socialismo y el comunismo eran un fracaso, que el desarrollo económico iba a llegar de todas maneras y que lo más importante era cómo se hacían las ciudades.

Revolucionario vs. soñador

Si el candidato del Partido Verde no hubiera sido político y urbanista, con seguridad sería cineasta. Así es. Inició sus estudios en París, pero luego se decidió por la administración pública. Hasta escribió el libreto de Amándote, una telenovela que fue famosa en Colombia durante los 80. En cambio, Petro, siempre ha sido un político en estado puro. Hace 28 años, Jaime Gómez conoció a Petro cuando era un muchachito flaco que usaba jeans, botas viejas y andaba siempre con las manos entre los bolsillos. A los 22 años ya era el Personero de Zipaquirá. “Hablaba de que la paz consistía en solucionarle los problemas a la gente. No gritaba. Lo que hacía era proponer soluciones”. Como Peñalosa –que le lleva seis años–, Petro estudió economía en la Universidad Externado de Colombia, donde no lo sedujo ese mundo de izquierda de los estudiantes bogotanos. En Zipaquirá sí. “Mis vecinos eran obreros y si caminaba cinco cuadras encontraba la pobreza”. Así llegó al M-19 y se convirtió en ‘Aureliano’, el mítico nombre del personaje de Gabo que él usaría en la clandestinidad.

Gustavo Petro en campaña / Foto: Pilar Mejía © Revista GENTE

Es casi una leyenda cómo se tomó un terreno que era de los curas para que lo ocuparan familias pobres de Zipaquirá. Fue en Corinto (Cauca) donde Petro se encontró por primera vez con la guerrilla rural. “La encontré radical: era vencer o morir”. Por fortuna, vino el proceso de paz, que promovió, aunque luego lo capturaron y estuvo preso.

Por su parte, Peñalosa era nombrado como uno de los ejecutivos jóvenes más sobresalientes de Colombia. Fue decano de economía en el Externado, director de planeación de Cundinamarca y secretario económico de Virgilio Barco. Y al mismo tiempo, manejó un cultivo de tomates. Los que no lograba vender, los subía a su Renault 4, que parqueaba al frente de Carulla. De ahí sacó la idea –cuando comenzó en la política– de salir a repartir volantes. Dice que nadie lo había hecho y que fue el primero en poner una foto sonriente en una publicidad política.

A los 32 años tomó la decisión: “No iba a ser un funcionario para siempre, necesitaba votos y todos los cargos anteriores me sirvieron para conocer la ciudad”. Bogotá se le convirtió en una obsesión. Su gran amigo Andrés Pacheco, que lo conoció cuando Peñalosa era profesor, dice que siempre lo escuchó hablar de políticas públicas y del transporte masivo que luego se convertiría en TransMilenio. “Era un soñador”.

Ese fue el año de la Constituyente. Peñalosa se lanzó por primera vez a la alcaldía –esta es su quinta vez–. Era un principiante y Jaime Castro le ganó. Petro ya se había desmovilizado. Daniel García-Peña lo conoció en esa época y recuerda que sobresalía por su lucidez dentro del movimiento político en que se convirtió el M-19. “No tenía pinta de guerrillero sino de nerd”. De esa época, Petro conserva lo que para sus amigos es una obsesión: ser el dueño de la propuesta. Pero eso no quiere decir, como muchos afirman, que toma decisiones solo. “Petro no es sectario, si tienes argumentos, te escucha”, dice García-Peña.

Enrique Peñalosa en campaña / Foto: Pilar Mejía © Revista GENTE

Exalcalde vs. excongresista

Cuando puede, Peñalosa sube dos veces por semana a La Calera, en bicicleta. Es un viejo hábito que cultivó desde los 80, cuando con su esposa madrugaban a contar a los que utilizaban bicicleta vía a Mosquera.

Aunque parecía una locura, Peñalosa sabía lo que hacía. Al segundo intento a la alcaldía, Mockus le ganó, pero la tercera fue la vencida. De su administración le queda un título que nadie le niega: le cambió la cara a Bogotá. La transformó con el TransMilenio, las megabibliotecas y las ciclorrutas. Fue un alcalde constructor. Pero el cemento es algo en que lo encasillan. “Yo fui la persona que en Bogotá empezó a hacer cosas para el ser humano. Cemento sí, pero para aceras”, es su defensa. Zoraida Rozo, que fue su segunda a bordo durante la alcaldía, dice que es un obsesivo con el espacio público. “Andaba con su libreta de contravenciones y hasta le puso un parte a un ministro. Además, tenía una máquina para tumbar –él mismo– los pasacalle”.  Peñalosa no duda en afirmar que es uno de los urbanistas más influyentes del mundo, algo por lo que también lo tildan de prepotente. Sin embargo, los que lo conocen aseguran que se burla de los que se van en la silla de atrás del chofer. “Le parece ridículo marcar la diferencia”. Y es muy cercano a la gente, dice un peñalosista.

Y mientras Peñalosa era alcalde, Petro también hacía lo suyo aunque sin montar en bicicleta. Por eso sus amigos dicen que si camina, es para seguir pensando y que la única vez que lo vieron jugando fútbol fue estando preso. Su estrellato comenzó en la Cámara de Representantes, donde se hizo famoso por sus debates contra la corrupción y luego al denunciar el paramilitarismo. Inclusive, le hizo uno a Peñalosa, por las losas de TransMilenio.

Desde entonces, Petro ha tenido una silla en el Congreso. Pero su arrojo le ha traído muchos problemas. Lo han ‘chuzado’ y amenazado de muerte desde hace una década. Y lo que al comienzo fue motivo de orgullo, en la era de Álvaro Uribe se convirtió en su talón de Aquiles. Su pasado como guerrillero es lo que más le critican hoy los electores, algo que para él tiene una razón: “Si le preguntas a un joven que ni siquiera nació en esa época, su visión es la que les contó Uribe”.  Paradójicamente, la historia los volvió a poner de frente porque Uribe apoya hoy en público a Peñalosa.

La gente se acostumbró a verlo con una gabardina blindada, mientras dormía con una ametralladora debajo de la cama. No se armó siendo guerrillero, pero tuvo que hacerlo cuando se les enfrentó a los parapolíticos. Pero se aburrió. “Yo no hice la paz para esto”, le dijo a GENTE. Ahora, en campaña, debajo de esa chaqueta blanca de Progresistas, solo lleva su camisa. ¿El peligró pasó? Petro dice que no. ¿Qué si vive con miedo? Claro, pero no se acobarda.

Gustavo Petro / Foto: Pilar Mejía © Revista GENTE

Progresista vs. Verde

El candidato del Partido Verde se escuda en que Petro sólo tiene experiencia como congresista y que no ha administrado ni un parqueadero, comparándolo con Samuel Moreno, quien hoy está preso por el ‘carrusel de la contratación’. Petro, por su parte, ha dicho que si lo que quieren es convertir a Bogotá en una empresa privada, “entonces no hagan elecciones y contraten a un gerente”.

Para Petro, Bogotá tiene dos retos. Uno es el cambio climático. “Lo que ha hecho la ciudad es depredar”. El otro tiene que ver con acabar con la segregación social, por eso ha repetido hasta el cansancio que primero los cerebros que el cemento. Peñalosa, en cambio, dice que la mitad de Bogotá está por construir. Sueña con hacer un parque en Tominé. También un teleférico desde Usaquén a La Calera y cientos de kilómetros de vías peatonales para bicicletas. “Aquí piensan en metros, en autopistas, pero lo que realmente necesitamos es espacio público”.

Enrique Peñalosa / Fotografía: Pilar Mejía © Revista GENTE Colombia

Sin duda, polos opuestos. Hasta en los pequeños detalles. Petro tiene seis hijos con tres mujeres –ya se hizo la vasectomía– y su sueldo se le va en sostenerlos. Le gusta el ají y desde pequeño le huye al dulce. Ni siquiera lo seduce el chocolate. En cambio, Peñalosa tiene un escondite donde guarda sus preferidos: las trufas Lindt, azules y rojas. Petro nunca ha fumado, tiene muy pocos buenos amigos y se la pasa pegado a su BlackBerry interactuando con sus seguidores en las redes sociales. Y si a alguien admira, es a Bolívar, del que colecciona cuadros.

Peñalosa le dice ‘novia’ a su esposa Liliana Sánchez, con quien acaba de renovar votos luego de 30 años de casados. Dejó de correr por culpa de una molestia en su espalda y tiene un mal recuerdo de la niñez: se voló la falange del dedo índice con un volador. Es adicto a la Coca-Cola Light y también es creyente. En su casa y en su sede política mantiene una veladora prendida. Por su parte, Petro lleva en el cuello una cadena de oro de La Milagrosa que le regaló su esposa y que prefiere llamar ‘la cadena de los afectos’.

¿Qué los aleja más? Peñalosa dice que el amor por la ciudad. “Para él (Petro) esto es, simplemente, un paso más en su carrera política”. Petro lo resume en dos modelos de ciudad. La de Peñalosa es del siglo XX y la de él, del siglo XXI.

 Gina Parody: “Encontré a mi pareja de baile”

La única mujer que en Bogotá sueña con llegar a la alcaldía anda ahora feliz abrazada al exalcalde Antanas Mockus. GENTE quiso conocer su faceta más personal, por eso la sorprendimos con unas preguntas distintas y divertidas

Gina Parody y Antanas Mockus / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

 GENTE: Estamos en la recta final de la campaña, cuéntenos ¿cuál es su miedo más grande?

–Le voy a hablar del ámbito político. Y aquí le confieso que mi miedo es que no ganemos la lucha contra la violencia y la corrupción, que nos gane el “todo vale”. Sin embargo, hoy me siento fuerte por la alianza con Antanas. En esta cada uno aporta lo mejor de sí. Para conquistar el corazón de los bogotanos y que nos ayuden a que la confianza y la transparencia venzan.

GENTE: ¿Es verdad que Peñalosa es el candidato de Uribe y Gina de Juan Manuel Santos?

–¡Ah no!, eso sí hay que preguntárselo al Presidente, que no creo que lo pueda decir porque incurriría en una ilegalidad. Tenemos una cercanía de muchos años porque nos tuvimos confianza en lo político.

GENTE: Pero, ¿qué tan cerca está el Palacio Liévano de la Casa de Nariño?

–Muy cerca, y esa cercanía es fundamental.

GENTE: Para llegar al Palacio Lievano debe vencer a sus contrincantes. A propósito, ¿qué se siente competir contra un grupo en donde solo hay hombres?

–Pues es ver cómo los derechos de la mujer todavía están rezagados en la política colombiana, y esa es la gran puerta que abrió Antanas en Bogotá. Dijo: “Le abro la puerta a la nueva generación y a la mujer”, y eso toda la vida se lo vamos a tener que agradecer a él las mujeres en Colombia.

GENTE: Hablemos de Bogotá, ¿a qué no le pondría pico y placa?

–A las motos. Para los vehículos haría una cosa que se llama el Pico y Placa Voluntario, que es un elemento de cultura ciudadana. Que la gente por sí misma diga: “Hoy mismo yo me pongo mi pico y placa”, sin que haya una ley que se lo obligue.

GENTE: ¿Y qué es lo más feo de Bogotá?

–Pues en este momento Antanas me propuso ponerme unas gafas para ver todo positivo y sacar lo mejor de sí. Hay mucho por hacer por Bogotá, pero viéndolo desde el plano positivo.

Gina Parody / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

GENTE: ¿Si usted ganara 19 millones de pesos al mes le alcanzaría para tanquear dos carros?

–Por supuesto. Y más, cuando se trata de recursos de los colombianos, eso es sagrado y hay que tener mucho cuidado con cómo se tratan.

 GENTE: ¿Usted cree que una persona que gana 190 mil pesos mensuales ya no es pobre?

–Es una discusión política y técnica. En el plano técnico hay que trazar una línea de pobreza para poder combatir la pobreza extrema, y esa línea la trazaron en 190 mil. En  el plano político lo que tenemos es que hacer crecer la ciudad, que significa trabajo formal, y, por tanto, los 190 mil pesos son una miseria. Son dos planos distintos pero complementarios.

GENTE: Todas las encuestas apuntan que la pelea por la alcaldía está entre usted, Peñalosa y Petro. Así que, aquí entre nos, si no es usted, ¿a cuál de los dos prefiere?

–Nosotros estamos haciendo una alianza para sacar lo mejor de Mockus, lo mejor de Gina. Y lo que queremos es que nadie vote en contra de, por eso tenemos esas gafas “de ver lo mejor de”, que la gente pueda ver lo mejor de Peñalosa, lo mejor de Petro, y lo mejor de nosotros, que es “lo mejor de lo mejor”.

GENTE: ¿Le parece si nos revela algunas cosas suyas muy personales?

–Por supuesto. Adelante.

GENTE: ¿Cuál olor la transporta a la infancia?

–El chocolate. Como chocolate todo el día.

GENTE: ¿Y cuál ha sido su mayor atrevimiento?

–Una vez cuando era chiquita fui a una tienda y pagué con monedas de monopolio.

GENTE: ¿Usted hace decenas de discursos, pero revélenos cuáles son las frases que más utiliza?

–“La transformación de la política”, “los resultados son importantes, pero los medios son aún más importantes”, “la igualdad en el acceso a las oportunidades”. Y de Gina: “valiente, independiente, orgullosa” y aunque no lo crean, “tímida”.

GENTE: ¿Y actualmente cómo definiría su estado actual de ánimo?

–Feliz, decidida a trabajar y dar lo mejor de mí.

GENTE: ¿Cuál es su posesión más preciada?

–Mi alma.

GENTE: ¿Cuál considera que es la peor miseria?

–La que veo en Bogotá diariamente, cuando salgo a caminar por las calles. Veo que la ciudad necesita crecer económicamente para aumentar los ingresos de los ciudadanos.

 GENTE: ¿Cuál es la mejor cualidad de una mujer?

–Ser mujer.

 GENTE: ¿Y de un hombre?

–La honestidad.

GENTE: ¿Quién es su héroe de ficción?

–La mujer maravilla. Y el de no ficción, el real, Antanas.

GENTE: ¿Dónde y cuándo es feliz?

–Soy feliz muchas veces al día, pero hasta para ser feliz hay que tener disciplina, estar permanentemente en el presente, gozándose la vida aquí y ahora.

GENTE: ¿Quién es el más grande amor de su vida?

–Mi sobrina Alejandra.

GENTE: ¿Qué no perdonaría?

–No, yo perdono todo. Por una razón un poco egoísta y es que no me gusta tener resentimientos, me hacen mucho daño.

GENTE: ¿Qué la hace reír?

–¡Uff!, mi sobrina, y Antanas me hace reír desde que lo veo hasta que me despido de él.

GENTE: ¿Y llorar?

–Las emociones, tanto las felices como las tristes.

GENTE: ¿Cuál considera que ha sido su mayor logro?

–Hoy me enfrento al mayor reto que he tenido en mi carrera pública, con la confianza de Antanas.

GENTE: ¿Cuál ha sido el mejor piropo?

–Pues en la Costa cuando uno camina por las murallas que le dicen: “¡Mami!, ¡mami!”, yo nunca he entendido por qué le dicen así a uno, ¿qué es?

GENTE: ¿Es Antanas Mockus su pareja perfecta?

–Yo creo que la pareja ideal de Antanas se llama Adriana Córdoba (la esposa). Pero le oí el otro día a alguien algo divino: cuando uno encuentra la pareja perfecta, baila con ella toda la vida. Y toca estar en ese baile.

Notas Archivo: Más de Gustavo Petro en el perfil publicado por Revista GENTE Colombia en Mayo del 2009. Más sobre Enrique Peñalosa, en aquel momento con los llamados ‘Tres tenores”, artículo publicado en septiembre de 2009. Nuestro director entrevistó a Gina Parody el pasado mes de junio.

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Madonna / GENTE / Fragmento

Madonna / ©Steven Meisel / Art + Commerce

Nos han escrito de Bulgaria, Italia y Perú a preguntarnos por el tema de Madonna. Solo la gran ‘Reina del Pop’ puede generar esto. Publicamos aquí un extracto del tema de la portada de noviembre (en circulación) de Revista GENTE Colombia. Escrito por Mario Amaya, especial para GENTE, en Toronto (Canadá).

Todos hablamos en voz baja, como si estuviéramos en una catedral. Son las tres de la tarde de un lunes otoñal y en uno de los salones más grandes del Hotel Park Hyatt, ubicado en el exclusivo sector de Yorkville, en Toronto (Canadá), solo se escuchan murmullos. Hay un zumbido de publicistas que se mueven como abejas en una colmena, llevan sus smartphones pegados a las manos a la espera de una vibración, una señal que les indique que la ‘Reina’ está a punto de entrar al recinto. Hay tipos misteriosos de trajes negros que te auscultan con sus miradas; son el destacamento de seguridad. Es un cálido atardecer. “¿Tardará mucho en llegar?”, pregunta alguien desde el fondo del corredor. “No mucho”, le responden. Pero se tomará su tiempo. A sus 53 años, Madonna Louis Verónica Ciccone maneja su propio reloj. Ella no gira con el planeta como los demás mortales; el planeta gira en torno de ella. No es una frase de cajón, es pura matemática: más de 300 millones de discos vendidos, 29 años de éxitos y escándalos –en 1982 comenzó su carrera oficial al firmar con Sire Records–, 408 millones de dólares recaudados con su Sticky & Sweet Tour –que terminó en septiembre de 2009 y se convirtió en la gira más rentable de todos los tiempos para una solista–. Madonna es dinero. En el listado de la revista Forbes se ubica entre las 10 celebridades más poderosas del mundo. Pero Madonna también es sexo (este, al fin y al cabo, trae dinero). Es la mujer que se masturbaba y gemía como animal en celo en los recitales del Blond Ambition Tour, la que por un puñado de dólares posó desnuda sin saber que sus fotografías las aprovecharían Playboy y Penthouse, esa que en 1992 dio a conocer su manual de fantasías sexuales en el libro Sex –retratada por su amigo Steven Meisel, el mismo autor del editorial fotográfico que acompaña este reportaje de GENTE– lanzado casi a la par con su disco Erotica. Madonna es una sobreviviente, una de las pocas estrellas que iluminó los ochenta y no perdió brillo en las décadas siguientes –quizá Prince pueda decir lo mismo–. Qué equivocado estaba aquel editor de Billboard que en 1985 dijo: “Cyndi Lauper seguirá vigente por mucho tiempo. Madonna estará fuera de este negocio en unos seis meses”. Ella sabe que sus frases y actitudes causan conmoción: “No me hubiera gustado tener un pene, habría sido como tener una tercera pierna”, dijo en una entrevista; pero, así como su pupila, Lady Gaga, su locura y su arrebato son producto de un plan cuidado para conquistar el planeta y escandalizar puritanos. Dos papas de Roma la vieron como si fuera el demonio. Juan Pablo II, en 1990, escandalizado ante su inmoralidad, les pidió a sus feligreses que no fueran a verla a sus conciertos. Luego, Benedicto XVI se molestó porque la cantante usaba una cruz en sus recitales. Ella, en 2008, cantando en la capital italiana dijo: “Le dedico esta canción al Papa”, era Like a Virgin. Con el paso del tiempo se confirmó que en la guerra contra Madonna, Dios siempre ha perdido.

 La corte de la ‘Reina’

Después de una espera tediosa, son casi las cuatro de la tarde, los murmullos del salón se multiplican. Una de las asistentes se aproxima y dice en voz baja y con una venia que: “Madonna ya está aquí”. Se escucha un creciente ruido de zapatos y tacones que golpean el piso. ‘Madge’ –como le dicen en Inglaterra– entra al salón acompañada de cinco guardaespaldas. Dos se quedan con ella; los tres restantes se sitúan en rincones estratégicos de la espaciosa habitación. El lugar está ambientado con afiches y material promocional de W.E. la película que ella escribió, dirigió y acaba de presentar en el Tiff (Festival Internacional de Cine de Toronto). La ‘ambición rubia’ sonríe, está impecablemente maquillada… (lea todo el reportaje en la actual edición impresa de Revista GENTE Colombia, en circulación)

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Margarita Rosa de Francisco en GENTE

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

 La protagonista de ‘Correo de inocentes’ iba al psicoanalista a los ocho años porque le parecía raro existir. Hoy, a sus 46, la actriz caleña (quizá la más querida por los colombianos) dice que tiene menos angustias y que está en paz consigo misma. En una serie de íntimas conversaciones con GENTE la creadora del musical ‘A solas’ habló de su pánico escénico, del desgaste de la fama y de cómo se enamoró por BlackBerry de su actual pareja, el fotógrafo holandés Will van der Vlugt (tema de portada de la edición de septiembre de 2011 de Revista GENTE Colombia)

Por Sergio Ramírez / Fotografía: Ricardo Pinzón

Mira con intensidad al hombre sentado en la silla. Quiere decirle lo que piensa, aprovechar que está ahí, que no puede irse, que tiene que escucharla. “Me zafó –ha confesado minutos antes–, para que vean que a uno también le pasa, y me echó el clásico cuento de que yo merecía alguien mejor que él y todo eso”. Ahora lo tiene al frente, solo, en su terreno, y no lo va a dejar ir. Se da la vuelta, se sienta en la silla, mira al frente. “¿Será que quiero que no me amen, que no me cumplan, que me maltraten sin pena y que les valga madre mis benditas cualidades?; ¿por eso elijo los más patanes, los presumidos, los más cobardes, los que prefieren nunca entregarse, porque les da miedo equivocarse?”. La escena no es real, el hombre no existe (bueno, existió, pero no está allí). En el escenario del teatro hay una silla vacía, mientras Margarita Rosa de Francisco Baquero interpreta El reclamo, una de las canciones que forman parte de su espectáculo unipersonal A solas. “La historia es real. Tuve un novio que me dejó, me ardió, me dio durísimo y la canción expresa la rabia que le da a uno que lo dejen”.

¿La dejó? ¿A Margarita Rosa? ¿La que alguna vez fue catalogada como la novia de Colombia? ¿La que, dicen algunos, debió haber sido señorita Colombia? “Llegó un momento en que realmente creí que lo del amor no era para mí; estaba convencida de que había perdido la opción de encontrar a alguien. Llevaba como cuatro años sola, metiéndome en cosas breves, pero nada que ver. Estaba hasta preocupada, porque mientras pasaba el mal trago de este personaje que me dejó, veía que otra gente sí encontraba una buena pareja. Empecé a preguntarme si el problema era mío, o si es que era rara”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Niña trascendental

Desde pequeña se destacó por sus profundas reflexiones. Era una niña trascendental que se preguntaba por el objetivo de su paso por el mundo y se veía a sí misma como un grano de arena en la inmensidad del universo. Su interés por temas poco comunes para su edad era tal que sorprendió a todos cuando aceptó algo tan mundano como el título de Señorita Valle. “Nunca nos lo imaginamos –asegura su amiga de la infancia Julia Fernández de Soto–. Ser reina no formaba parte de sus sueños. Yo la veía en el arte: pintando, cantando, componiendo o bailando, pero no de reina”. A los 19 años representó al Valle del Cauca en el Concurso Nacional de Belleza (ocupando el segundo lugar, en contra de los deseos de gran parte del público y la prensa especializada que la daban como favorita).

Para muchos de quienes la han visto en la televisión, Margarita Rosa ha tenido una vida envidiable, relajada, llena de glamour, éxitos, alfombras rojas y reconocimientos. Sin embargo, aquellos que la conocen desde niña, saben que para ella nada ha sido tan fácil y despreocupado. “Margarita siempre ha sido muy reflexiva –recuerda su hermana mayor, Adriana–. De los tres (Adriana, Margarita y Martín; hijos de Gerardo y Mercedes) es la más introspectiva. Todo el tiempo está volcando sus pensamientos hacia la existencia. Desde muy chiquita siempre se hacía preguntas como ¿por qué estamos acá?, ¿cuál es el propósito de la vida?”.

Margarita mira hacia el piso. Un tímido sol entra por los inmensos ventanales de su blanco apartamento en un exclusivo edificio enclavado en los cerros nororientales de Bogotá. “Desde pequeña vivía como con una angustia abstracta. No era que le tuviera miedo a algo. No, era miedo a ser. Es que existir me parecía raro”. Su madre, la diseñadora Mercedes Baquero, pensó que la mejor forma de canalizar las inquietudes de sus hijos era el psicoanálisis. “Y por eso comencé a ir al psicoanalista desde muy chiquita, como desde los ocho años”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Desde entonces, esa angustia se mantuvo a su lado incluso en los momentos de mayor éxito. A mediados de los 90 la telenovela Café, con aroma de mujer se convirtió en un fenómeno de audiencia. Colombia se paralizaba cada noche para seguir las aventuras de la recolectora y Margarita Rosa se consolidaba como el personaje más popular del país. “Y yo vivía angustiada por todo, una angustia existencial. Si tenía que hacer una entrevista o ir a una fiesta y había mucha gente, me sentía agobiada, perseguida; me preocupaba lo que las personas pensaran de mí, lo que fueran a decir, la forma como me veían”. Para completar, el que era su verdadero gran sueño se hizo realidad, pero en un personaje de ficción. “Yo sólo pensaba cantar el tema del cabezote de la novela y de pronto era un gran éxito”. Uno que la obligó a dar conciertos, giras, más entrevistas, defendiendo un personaje que no era ella. “Yo siempre quise ser músico, más que cualquier otra cosa, y terminé teniendo éxito con una música muy linda, pero que no era la mía; incluso me tenía que imaginar que era Gaviota en los conciertos, porque si pensaba que era yo, no lo hacía”.

Aunque parezca mentira, después de años de desempeñar todo tipo de roles, Margarita Rosa asegura que sufre de pánico escénico, una sensación de indefensión que se multiplica cuando tiene algún trabajo en directo. “Siempre le he tenido temor a todo lo que es en vivo. Cuando era presentadora de noticias (trabajó en 24 horas en 1987) cada noche era una tortura, hasta que me tocó hablar con el presidente de la programadora y renuncié”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Es la gala final de El Desafío 2011 y una de sus más angustiantes pesadillas parece convertirse en realidad. No se escucha nada por el pequeño audífono mediante el cual le dictan las instrucciones durante la transmisión. Pocos minutos después, el silencio da paso al caos: las órdenes se suceden, se contradicen; está al aire, en directo ante millones de personas, y nadie parece saber qué tiene que hacer. Quienes la ven en pantalla piensan que Margarita se quedó en blanco, que olvidó lo que tenía que decir; ella, mientras sonríe, trata de definir qué hacer en medio de las órdenes y contraórdenes. Hace algunos años habría entrado en pánico, hoy, además de decidir que difícilmente volverá a hacer una presentación de este tipo, atraviesa el impase lo mejor posible y sigue adelante. “Siempre he tenido como un ángel por ahí que me rescata, pero la he pasado mal con eso. Ahora me va mejor, me he ido calmando. Creo que A solas ha tenido mucho que ver, porque me tocó echarme al agua muchas veces, estar expuesta a que pasaran cantidad de imprevistos, y pasaron, y no fue tan terrible, no me morí, la carrera no se acabó”.

Lección de humildad

Margarita Rosa asegura que A solas fue la manera que encontró para darle rienda suelta a su pasión por la música. Después de 20 años de carrera decidió que era el momento de hablar de sí misma, de enfrentarse a sus fantasmas y salir adelante. “Es una obra para las canciones, y es la primera vez en mi vida que me hago responsable de lo que escribo. Fue la forma que encontré para darle a lo que compongo un tratamiento diferente, porque nunca me he sentido parte de ese movimiento que tiene claro qué es lo que hay que hacer para que la música se escuche”.

“Todo es gracias a su mamá”, asegura Gerardo de Francisco. Fue Mercedes, sostiene, quien puso a sus hijos a escuchar música brasileña, cubana, jazz. Para Margarita, sin embargo, su padre es un símbolo de su amor por las canciones. “Él era como la estrella de todas las fiestas, es tan buen cantante”, asegura con admiración. Ese ambiente bohemio de su casa la convenció desde siempre de que su futuro estaría en la música. Pero la vida tiene sus propios caminos. “No sé qué fue lo que pasó, pero la música se me fue volviendo un tabú mientras que las cosas en la actuación se me dieron más fácil y al final el estatus que he tenido como actriz ha aplastado el que hubiera querido tener como compositora y cantante; aunque finalmente tampoco es que haya hecho mucha fuerza para posicionarme como cantautora. Quizás nunca me he tenido mucha fe”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

En una esquina de su apartamento, un viejo piano Yamaha, que pintó de blanco como el resto de los muebles, parece recordarle que, a pesar de todo, es posible que la música haya sido su salvación. Su angustia crecía con los años y el éxito. Tras el impactante fenómeno de Café vinieron otros papeles que marcaron historia: Antonia Miranda en Hombres o Bernarda Cutiño en La caponera, pero su desasosiego no disminuía, hasta que optó por darle un nuevo sentido a su vida. “Decidí estudiar música, y es una de las mejores cosas que he hecho en mi vida. Venía de hacer La caponera, y seguía componiendo convencida de que tenía buenas ideas, pero me faltaba técnica”. Un día se atrevió y habló con el director del departamento de Música de la Universidad Javeriana. “Tenía 37 años y no sabía si era demasiado tarde”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Empezó de cero, con los jovencitos de nivelación. “No sólo fue una lección de humildad sino que me demostró que hay que parar de vez en cuando, que no se acaba el mundo si uno se detiene a pensar en qué está”. Estudió dos años en la Javeriana y otros dos en la New World School of The Arts en Miami. Desapareció 10 años de la televisión y se dedicó a rehacer su vida. “Ya no tengo la preocupación de llegar a ningún lado profesionalmente. No me desvelan ni Hollywood ni Europa, lo que quiero es acceder a proyectos refinados, donde pueda recrear los personajes, que estéticamente sean hermosos. Me tomé un tiempo para prepararme, para estudiar, para reflexionar, hice películas (Fidel, Adiós Ana Elisa, Paraíso Travel, García) y dije muchas veces que no”.

No encontraba nada que realmente la emocionara, hasta que llegó Correo de Inocentes. “Había una propuesta diferente. Me imagino que, como en todos los proyectos en los que uno arriesga, hay cosas que resultan y otras que no, pero sí creo que se plantea una estética diferente, otra forma de hacer televisión, y eso sí me interesó”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Así como llegaron de nuevo la música y la actuación, de repente, producto de una decisión, también llegó el amor. “Por alguna razón, cuando comencé a hacer A solas se me olvidó el cuento ese de la pareja y un día asumí que me iba a quedar sola en la vida y que eso tampoco estaba mal, y comencé realmente a disfrutar mis momentos de soledad”. No le importaba estar un sábado en la noche sola en su apartamento viendo televisión, metida entre las cobijas y ‘canaleando’, cuando un amigo le escribió por el chat de Blackberry diciéndole que estaba en Bahamas con un tipo a quien le gustaría que conociera. “Le dije: ‘y por qué no me lo presentás de una vez’”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Fueron dos semanas de conversaciones escritas, antes de escucharse la voz, y algunos días más antes de verse las caras frente a frente. Desde entonces, han pasado dos años. Se llama Will van der Vlugt, es holandés, separado, productor de comerciales, y fotógrafo. Ahora, todo el apartamento está lleno de fotografías de Margarita tomadas por Will. Unas en blanco y negro en alguna playa del Caribe, otra inmensa en una de las paredes principales del salón. Ella, sobre el escenario, de espaldas a la cámara, llena de fuerza, brillando en un mar de luces púrpura. Todo eso la puso a pensar que, quizás, no tendría por qué quedarse sola. “Uno no puede  cantar victoria, pero estoy bien. Es un hombre increíble con el que compartimos el mismo concepto de vida, tenemos el mismo ritmo. Él también trabaja mucho, así que nos encontramos 15 días y luego se va. Con el tiempo uno también aprende cuál es su formato de pareja. Yo ya sé que el matrimonio no es el mío. Así como algunas dicen que no van a ser novias eternas, a mí me parece ideal. Es divertido. No quiero tener nada que me ate a esa persona fuera del amor y el gusto”.

Así, con esa seguridad, afirma que a los 46 años, recién cumplidos, está en el mejor momento de su vida. “He sentido más libertad ahora que cuando estaba más joven; es liberador no estar pendiente del ángulo, de la apariencia, prefiero la serenidad que poseo hoy. Ya no tengo necesidad de demostrarle nada a nadie, de proyectar algo especial o verme más joven o más bonita de lo que soy. Cada vez me persigue menos el ‘deber ser’”. Ahora tiene menos angustias. “Igual sigo teniendo un pensamiento existencialista y me puedo levantar un lunes pensando que la vida no tiene sentido”, y sus más allegados son testigos de su evolución. “La veo como nunca –asegura su hermana, Adriana de Francisco–, plena. Una mujer madura, sumamente inteligente, íntegra, disciplinada, llena de virtudes que finalmente puede desplegar con seguridad, tranquila, más dueña de sí misma, convencida de que valió la pena todo lo que ha pasado”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Valió la pena. Atrás quedaron sus sueños de juventud, cuando ambicionaba ser una rutilante estrella. “Cuando fui famosa me di cuenta de que la fama no era tan divertida”. Hoy actúa, canta, ama y se divierte. Hoy, de alguna manera, es la mujer que siempre quiso ser. “Es una sensación ambigua. Jugué a mujer bella mucho tiempo, pero con los años te das cuenta de que la belleza es otra cosa. Me preocupo por estar bien, digamos que tengo un compromiso con la estética, me gusta rodearme de cosas bonitas y mirarme al espejo y ver una figura armoniosa; sin embargo, estoy en paz con mi edad, con las arrugas que van apareciendo, con los cambios que voy teniendo. No quisiera tener ni un año menos”. Suena el timbre. Es su profesora de canto. Tiene que comenzar el ensayo para una nueva temporada de su obra. El sol entra ahora con descaro por los amplios ventanales. Margarita coloca una silla en medio de la sala de su apartamento. Es el símbolo de su liberación.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

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Alejandro Ordóñez / El Procurador

Alejandro Ordóñez / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

Alejandro Ordóñez, el Procurador General de la Nación, es el hombre detrás del intento por penalizar de nuevo el aborto en Colombia, iniciativa que acaba de archivar la comisión primera del Senado con 9 votos contra 8. ¿Quién es este hombre conservador de partido y de convicciones? Este es el perfil que Revista GENTE Colombia publicó en la edición de noviembre de 2010.

Por Elizabeth Reyes Le Paliscot / Revista GENTE

El 15 de julio del 2005 la revista SoHo publicó una fotografía de la modelo Alejandra Azcárate semidesnuda, personificando a Jesucristo en una recreación de ‘La Última Cena’. A los pocos días, Alejandro Ordóñez Maldonado recibió una llamada de un amigo que le preguntó: “¿Usted no ha visto esa revista?”. Ante la negativa, le describió la fotografía.

“Quedó indignado. A la casa no la trajo”, cuenta Beatriz Hernández, su esposa desde hace 27 años. Y recuerda que sentenció: “Nadie se ha levantado contra esto. Ni siquiera la Iglesia misma. Lo voy a hacer yo como un ciudadano común y corriente”. Y lo hizo. La publicación fue demandada por un hombre de provincia que no dudó en hacer públicas sus férreas convicciones religiosas.

Esa fue la primera vez que su nombre tuvo eco en el país. La segunda fue el 11 de diciembre del 2008, cuando con una arrolladora votación en el Congreso (81 votos frente a 1 por el ex comisionado de Paz, Camilo Gómez) fue elegido Procurador General de la Nación.

Desde entonces este santandereano de 1,90 metros, el menor de cinco hermanos, el hijo amado de Miguel Ordóñez, “el niño de la casa”, dice su esposa y al que no le importa la marca de la corbata que lleva puesta, es tal vez el funcionario público que más aparece en los medios de comunicación después del presidente de la República, Juan Manuel Santos. Y siempre que lo hace levanta una polémica.

Alejandro Ordóñez / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

La lista es larga. Este año inhabilitó a la exsenadora Piedad Córdoba por 18 años, a ocho parapolíticos (tres por 20 años), al exministro del Interior y de Justicia, Sabas Pretelt de la Vega, por 12, y a Bernardo Moreno, exsecretario General de Palacio del gobierno Uribe, por 18. Pero al mismo tiempo pidió a la Corte Suprema que absolviera a Mario Uribe, el primo del expresidente Uribe y, en otra decisión, absolvió a Álvaro Araújo Castro, condenado por parapolítica. También le abrió investigación formal a Andrés Felipe Arias por las irregularidades de Agro Ingreso Seguro.

Pero, ¿cuáles son los orígenes de este hombre que pareciera que estuviera en una cruzada? De 56 años, a quien sus amigos le dicen ‘Lalo’, incursionó en la vida pública en su natal Bucaramanga como concejal, cuando apenas estaba en la universidad. Ha sido conservador de partido y de convicciones, aspiró a ser cura pero se decidió por la docencia y por una carrera en la rama judicial. Primero fue magistrado del Tribunal de Santander y luego consejero de Estado durante ocho años. Ya como Procurador, además de sus sonoros fallos se ha convertido en el mayor opositor de la sentencia de la Corte que ordenó despenalizar el aborto en casos especiales.

Por sus posturas y costumbres como viajar siempre con un rosario entre el bolsillo, rezar en latín y tener un reclinatorio en su habitación frente a un pequeño altar, lo han señalado de ser un peligro para la democracia, además de oscurantista, cavernario, camandulero, ‘facho’, fundamentalista y hasta inquisidor.

Pero nada de semejantes calificativos lo desvela. Y para sorpresa, a pesar del ruido que hace con sus decisiones, confiesa que no lee periódicos ni ve noticieros. Su esposa es quien le va contando lo que dicen en la radio y sabe que lo han criticado con dureza cuando ve a sus secretarias llorando en su despacho. “Como no encontraron en mi vida algo que lograra constituirse en un obstáculo para acceder al Ministerio Público, entonces trataron de crear este novelón”, dice con el tono reposado que lo caracteriza, sentado muy tranquilo en la sala de su apartamento en Bogotá.

Asuntos de familia

Hace 10 años que Alejandro Ordóñez Maldonado vive en el sexto piso de un edificio esquinero, en un barrio tradicional de Bogotá. Esa ha sido su casa desde que llegó de Bucaramanga, cuando lo eligieron consejero de Estado en el 2000. Y lo han acompañado las mismas cinco mujeres: Beatriz (su esposa), María Alejandra, Natalia y Ángela María (sus hijas de 24, 22 y 18 años), y Bety, la empleada desde hace 17 años.

Alejandro Ordóñez / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

Su apartamento tiene entrada directa desde el ascensor y hay otra discreta por la cocina. Y ya tiene los adornos de Navidad: un árbol que alcanza el techo y tres pesebres. Tres cuadros de arte religioso  dan un ambiente místico. Su tradicionalismo viene desde cuando estudiaba en el Colegio San Pedro Claver en Bucaramanga y se destacaba por organizar grupos de estudio, por ser contradictor y el primero en echarse un discurso. También por ser devoto de la Virgen María. De esa época perduran algunos hechos que fueron sus pinitos como abogado.

Cristian Mora, uno de sus amigos de infancia, recuerda que en quinto de bachillerato había un sacerdote que se la tenía montada a uno de los alumnos. “El Procurador no dijo nada, pero le preparó una carta para que el joven la leyera en público. Hablaba sobre el respeto. Fue tan contundente que hasta ahí llegaron las molestias”, cuenta. Ese carácter decidido, además de la pasión por el estudio, lo heredó de Miguel Ordóñez, su padre, que a finales de los sesenta, cuando ya era un próspero panadero gracias a su fábrica de galletas La Aurora, se convirtió en noticia mundial al descifrar los jeroglíficos de la Isla de Pascua y lo nombraran miembro del Museo del Hombre de París.

La relación con don Miguel fue tan entrañable que solía decir: “Él es mi hijo muy amado en quien pongo todas mis complacencias”, cuenta la esposa de Ordóñez. Mientras él añade: “Era un hombre tímido, un científico, muy cristiano en su vida y en sus costumbres. Todos los días comíamos con él y rezábamos el rosario en familia. No era un conservador de partido pero sí de convicciones y yo soy su obra”.

Lo que se hereda…

Ya en la Universidad Santo Tomás, también en Bucaramanga, mientras estudiaba derecho, su fama de contradictor y católico practicante fue creciendo. Eduardo Muñoz, uno de sus profesores, dice que las discusiones eran grandes. “Mis choques con ‘Lalo’ en clase eran gordos porque mi concepción del mundo ha sido siempre más de izquierda. Y Alejandro si ahora es godo, imagínenselo a los 20 años. Yo me enteré, incluso, que un día le dijo a los curas que yo era muy liberalizante”, cuenta.

En esa época, cuando también fue concejal, ocurrió uno de los hechos que sus contradictores más le critican. Unos dicen que el hoy Procurador llegó a una biblioteca en Bucaramanga exigiéndole al director que le mostrara el inventario para ver si allí estaba la Biblia y solo apareció la protestante. Acto seguido, quemó ese y otros libros en un parque. Otros dicen que Ordóñez no estuvo ese día pero que se opuso a que se aprobara una partida en dinero para la biblioteca, porque la utilizarían para libros comunistas que había que quemar.

La versión del Procurador es la siguiente: “Lo de la quema de libros fue un 13 de mayo hace más de 38 años. Con amigos de la universidad decidimos salir en procesión. En una cancha de básquet rezamos un rosario y quemamos revistas pornográficas como un acto simbólico. El otro hecho sucedió cuando era concejal y un grupo de padres de familia acudió al director de la biblioteca para que no permitiera el acceso de revistas pornográficas. Me involucraron porque los que fueron eran amigos míos”.

Alejandro Ordóñez / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

Más cerca de Dios

Recién graduado tomó una decisión sorpresiva. Alejandro Ordóñez, el líder de las juventudes conservadoras, el mismo que dedicó su tesis de grado a la Virgen María, se iba como seminarista a uno de los centros de monseñor Marcel Lefebvre en Suiza, creador de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, que muchos consideran el ala ortodoxa de la Iglesia católica. De ahí viene su práctica de rezar en latín.

En el seminario duró año y medio y alcanzó a vestir sotana negra. “Descubrí que no tenía la vocación y regresé. Luego me casé”, dice el Procurador. Pero su esposa confiesa que el motivo de su deserción fue el amor. “Regresó a unas vacaciones y me echó el ojo. Nos cuadramos pero decidió irse al seminario, luego me buscó, hasta que regresó”.

Cuando Beatriz lo conoció en la universidad ya era todo un personaje por sus convicciones. “Lo veía gigantísimo, muy amigo de los sacerdotes”, dice ella. El noviazgo duró dos años y hoy completan 27 de casados. Una foto sobre la mesa principal de la biblioteca los muestra en el momento en que reciben la comunión, el día de su matrimonio. Ella lucía una corona de plata que desde hace más de dos siglos utilizan las mujeres de la familia Ordóñez.

Tradicionalista fiel

Al regresar del seminario, Alejandro Ordóñez dictó clases en la universidad y al poco tiempo fue escogido por concurso como magistrado del Tribunal Administrativo de Santander, donde estuvo siete años. También fue vertical en sus ideas conservadoras. “La gente me preguntaba cómo podía ser amiga de un tipo tan godo”, dice Mariela Vega de Herrera, exmagistrada, en esa época por el Partido Liberal. “Yo lo molestaba diciendo: ‘¡Que viva la caverna!’”.

Cuando llevaba cuatro años en Bogotá como consejero de Estado y lo eligieron presidente de esa institución, quitó un cuadro del General Santander que había en la sala plena del Consejo, para colgar un crucifijo. El Procurador dice que lo hizo por petición de varios consejeros. “Es un escándalo tonto. En el 80 por ciento de los despachos públicos en Colombia hay un crucifijo. Recogí 50 mil pesos por cada magistrado y participaron 18 de los 27. Mandé a mi mujer a un anticuario para que comprara un crucifijo que costó cerca de dos millones de pesos. Dieron plata liberales, masones, agnósticos y católicos”, dice.

Luego vino la demanda contra SoHo y un particular nombramiento en el 2006, como integrante de la Orden de la Legitimidad Proscrita, que le hizo el príncipe don Sixto Enrique de Borbón-Parma, carlista aspirante al trono de España que lidera un grupo llamado la Comunión Tradicionalista. Por todo lo anterior, cuando inició su campaña a la Procuraduría en el 2008, muchos lo criticaron. “Entregué a los congresistas una memoria con más de 20 mil providencias y les dije: ‘si encuentran que confundo el ejercicio de mis funciones con mis convicciones religiosas, no voten por mí”. Una semana antes de la elección pensó que fracasaría por los artículos en su contra que publicaron los medios. Pero sucedió lo impensable.

Convicciones incendiarias

A lo largo de los casi dos años como Procurador, cada tanto sus convicciones han vuelto a ser noticia en asuntos tan espinosos como el aborto y el matrimonio entre homosexuales, del que dijo: “No hay matrimonio ni tampoco familia”. Pidió que se anulara el fallo de la Corte Constitucional que promueve educar en derechos sexuales a los bachilleres y afirmó que “aunque la ley no lo considera formalmente como un delito de lesa humanidad, el aborto materialmente sí lo es. Es atentar contra la familia y en ese sentido sería un atentado contra la humanidad”.

También dijo que la llamada píldora del día después es abortiva y violatoria del derecho a la vida, por lo que cientos de mujeres protestaron gritando: “Monseñor procurador, no meta su rosario en nuestro ovario”. Hasta el excandidato presidencial Gustavo Petro se arrepintió de haber votado por él. A todo eso, el Procurador responde: “Yo en eso no tengo vergüenza, soy un sin vergüenza de mis convicciones religiosas, de las jurídicas, de las políticas, de las morales, porque la Constitución me lo permite”.

Alejandro Ordóñez / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

Tal vez como nunca, los colombianos están interesados por saber cuántas investigaciones adelanta la Corte Suprema al Procurador y él no duda en responder. “Cuarenta”, contando la que hace seis meses le abrieron por el caso de Piedad Córdoba. “Me critican porque absuelvo, me critican porque condeno, y me tendrán que seguir criticando porque voy a seguir absolviendo y condenando”.

A sus detractores les dice: “No sean sectarios, porque en una sociedad incluyente, como es la nuestra, hasta los católicos tenemos derecho, no solamente de pagar impuestos sino de acceder a los cargos públicos sin dejar de ser lo que somos”. Mientras tanto, este hombre que pronto presentará en el Congreso un proyecto de ley que busca proteger la libertad de conciencia, seguirá siendo devoto a San Benito y no le importará que cada vez que pase por un detector de metales, un pito alerte a la Policía por culpa de su rosario.

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