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GENTE / Edición de Febrero de 2012

Revista GENTE Colombia. / Foto: Ricardo Pinzón.

Ella es la representante que godaddy.com, la página que administra los dominios en Internet, escogió para darle fuerza a las direcciones terminadas en .co, perteneciente a nuestro país. Sus curvas aparecieron en los televisores de más de cien millones de hogares estadounidenses que sintonizaron el tradicional Super Bowl. Por esto –y mucho más– Natalia Vélez es la protagonista de la portada de febrero de Revista GENTE Colombia. De un lado, les presentamos a Susana Rojas, la actriz que está dando de qué hablar por sus escenas lésbicas en la nueva serie de RTI; sabemos cuál será el próximo papel de Angie Cepeda, y les anticipamos que generará controversia; hablamos en Miami con Juanes, desconectado y renovado; y presentamos el relato del ‘re’ nacimiento de Tatiana Piñeres, la mujer transexual que hoy integra el gabinete del alcalde Petro.  Además: la historia del único marqués español que vive en Colombia; el por qué la ‘Toti’ Vergara les ganó a Megan Fox y Scarlett Johanson; la lucha de una afectada por los implantes PIP, la hija de la exsenadora Rocio Arias, Surany Arboleda; y el perfil de los nuevos guardianes del desierto, la descendencia wayúu que llegó a la Policía. Por poco se nos olvida: ¿Conocen el lado santero del presidente Hugo Chávez?; y la controversial conclusión que la periodista Amparo Peláez sacó cuando se enteró que tenía cáncer, además de lo mejor del Hay Festival y la película del momento: Porfirio. Repasen todo el menú temático de la edición de Febrero de 2012 a través de las siguientes imágenes.

Susana Rojas. / Foto: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Acaba de cumplir 26 años, tiene una nueva relación, un polémico papel en una producción de RTI llamada ‘Flor Salvaje’  y la idea de tener tres hijos. Y pensar que quería estudiar Microbiología!

Angie Cepeda. / Fotos: EFE y AP

En la nueva serie sobre Pablo Escobar, la actriz interpretará a Regina Parejo, la periodista que se convirtió en amante del ‘narco’  más temido de todos los tiempos. Su personaje está inspirado en Virginia Vallejo, quien no permitió que usaran su nombre para la historia. Aún se negocia la aparición de otros personajes de la vida real, en una producción que promete generar controversia

Natalia Vélez / Foto: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

La paisa Natalia Vélez fue elegida por la empresa GoDaddy para protagonizar su comercial del pasado SuperBowl, el evento estrella del deporte norteamericano, que posee una de las franjas publicitarias más costosas de la televisión

Juanes. / Revista GENTE Colombia

Juanes. / Revista GENTE Colombia

Luego de varios meses de ausencia, el cantante paisa volvió a los escenarios, esta vez para grabar su desconectado en la ciudad de Miami. El evento acaparó la atención de la prensa, más aún cuando al día siguiente, Juanes declaró en una emisora que cree en la vida extraterrestre y que fue testigo de la aparición de un ovni

Tatiana Piñeros / Revista GENTE Colombia

La nueva directora de Gestión Corporativa de la Secretaría de Integración Social de Bogotá, asegura, ha nacido dos veces. GENTE estuvo con ella y nos contó, paso a paso, cómo llegó a convertirse en la exitosa mujer que es hoy. Testimonio

El Marqués. / Revista GENTE Colombia

GENTE le cuenta, en primicia, la historia del notario colombiano que recuperó el título de marqués que le había robado un impostor. Su abogado fue un duque español. El Rey de España lo reconoció como el Marqués de San Juan de Rivera

Sofía Vergara. / Revista GENTE Colombia

Las curvas de Sofía Vergara, quien definitivamente entró a formar parte de la realeza de Hollywood, volvieron a ser noticia al ponerla en primer lugar del ‘top’ de mujeres deseadas que anualmente hace el portal Askmen.com. La barranquillera se llevó por delante a bellezas de la talla de Scarlett Johansson, Kim Kardashian y la propia Megan Fox

Surany Arboleda / Revista GENTE Colombia

La hija de la ex senadora Rocío Arias decidió ponerle el pecho a la polémica por el fraude de los implantes PIP. La joven abogada (que se ha realizado siete cirugías estéticas) liderará la demanda contra el Estado por haber autorizado la importación de estas prótesis

Los nuevos guardianes. / Foto: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia

En Uribia, la capital indígena de Colombia, 100 indígenas wayúu –20 son mujeres– acaban de graduarse como patrulleros de la Policía. Es la primera vez que los wayúu se pueden formar en un centro, único en el país, creado sólo para ellos. GENTE viajó a conocerlo

Hugo Chávez. / Foto: EFE.

No sería la primera vez que un político busca en los espíritus un refuerzo para sus planes de gobierno. Pero la influencia de la santería comienza a hacerse más evidente en la vida de Hugo Chávez, quien cumple 13 años en el poder, y en el diario vivir de los venezolanos

DiverGENTE. / Por: Arias y Troller © Revista GENTE Colombia

DiverGENTE. / Por: Arias y Troller © Revista GENTE Colombia

Amparo Peláez. / Revista GENTE Colombia

Luego de haber sorteado toda clase de riesgos en su carrera como periodista, Amparo Peláez debió enfrentar al peor de los enemigos. En un testimonio íntimo, exclusivo para la revista GENTE, cuenta cómo el cáncer le cambió la vida, pero también puso a prueba su fortaleza y le demostró el valor de la amistad

Kathy Sáenz. / Por: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

La reconocida actriz no solo aceptó posar sin maquillaje para GENTE, sino que desnudó su alma y describió el difícil camino que la ha llevado, finalmente, a vivir el que considera es el mejor momento de su vida

Alejandra Ávila. / Por: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

El hermoso rostro de esta joven tolimense aún no es muy conocido en Colombia, a pesar de que ya ha participado en varios dramatizados. Producto de la polémica cantera de ‘Protagonistas de Novela’, está dispuesta a demostrar que tiene lo necesario para convertirse en una gran actriz

Por sus letras... / Foto: Shirley Arévalo

Estuvimos en Cartagena tratando de, literalmente, saber cómo son algunos de los invitados al festival literario a partir de lo que escriben. Una grafóloga nos ayudó a decifrar lo que sus letras dejan ver de su personalidad

Porfirio. / Fotos: Laboratorios Black Velvet

En la versión de este año del Festival Internacional de Cine de Cartagena se estrena ‘Porfirio’, la adaptación que el director brasileño, de madre colombiana, Alejandro Landes, hizo de la historia real del hombre que en silla de ruedas y pañales secuestró un avión para exigirle una indemnización al Estado. GENTE lo escuchó cantar y, de paso, contar su historia

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Viviane Morales / Perfil de GENTE

Fiscal General, Viviane Morales. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Viviane Morales, la Fiscal General de la Nación, la ‘mano de hierro’ de la justicia y el principal alfil de Santos contra la corrupción, ahora atraviesa momentos difíciles, no por cuenta de su trabajo, sino por lo controvertido que ha resultado su reciente matrimonio –y por segunda vez– con Carlos Alonso Lucio, quien tiene un pasado non sancto. Pero, ¿cuál es la historia de la Fiscal? Descúbranla en el perfil que publicó Revista GENTE Colombia en su edición de febrero de 2011

Por Elizabeth Reyes Le Paliscot / Fotografía: Ricardo Pinzón

De cerca esta bogotana parece mucho más joven de los 49 años que cumplirá en marzo. Y en la enorme terraza de cemento, que rodea su despacho en el búnker de la Fiscalía, ya impuso su toque femenino: sembró hortensias, bugambilias y orquídeas. Está estrenando oficina. No ocupó la de siempre, la de sus antecesores. ¿Por qué? “No quiere sentirse encerrada”, explica su secretaria. Es difícil, sin embargo, que vuelva a ser libre. Ahora, tras un paso suyo, va un ejército de escoltas.

Nada más lejos de lo que sucedía hace dos meses, cuando Viviane Morales llegaba solitaria en su viejo Renault, todos los días a las 5 y 50 de la mañana, a las oficinas de Caracol Radio. No es periodista, pero desde finales de 2009 se enfrentaba al micrófono como analista política de la mesa de trabajo de Darío Arizmendi. Allí era capaz de resumir extensas sentencias de la Corte Constitucional en solo 30 segundos. Hasta ahí, la vida de esta madre de tres hijos adolescentes, cristiana convencida y también profesora universitaria, era normal. Nada –o casi nada– podía revelar que se convertiría en la ‘Dama de Hierro’ de la justicia. Hoy, sus amigos recuerdan lo que le dijo el presidente, Juan Manuel Santos, cuando era candidato, a Arizmendi: “¿Usted se pone bravo si me la llevo para mi gobierno?”.

Ahí empezó su historia como Fiscal General de la Nación y lo demás sucedió tan rápido, como ya es costumbre, en su vida. Empezó a estudiar Derecho a los 15 y siempre fue la menor y la mejor de su curso. Llegó a la Cámara antes de los 30 y a los 40 ya tenía una carrera de 11 años como parlamentaria. Lo mismo sucedió cuando el presidente Santos la postuló a la terna para la elección del Fiscal: fue la candidata más joven y arrasó con 14 de 18 votos posibles. Pero, realmente, a nadie que la conozca le sorprende que sea ella –la nena–, la nueva Fiscal. Inclusive, Fernando Rincón, que es su amigo desde que tenía 17 años, está convencido de que Morales, es de talla presidencial.

Fiscal General, Viviane Morales. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

El sueño de un padre

Todo comenzó cuando tenía 10 años, porque al contrario de lo que sucede con los niños, la Fiscal creció escuchando los discursos de Jorge Eliécer Gaitán que su papá, Israel Morales, un liberal de partido, solía ponerle como si fueran canticuentos. Y luego, cuando él empezó a estudiar Derecho, fue ella quien le tomó las lecciones de Derecho Romano. “Me exigió tanto que no tuve infancia”. A los 30 años solo había ido a una fiesta y a los 38 aprendió a bailar. Lo suyo siempre fueron los libros y la música clásica –a los 12 descubrió a Schubert–.

Nadia, su hermana menor, dice que don Israel la formó para ser política, por eso no dudó en elegir el Derecho. Fernando Rincón, que iba más adelante que ella en la Universidad del Rosario, la recuerda por su pelo largo y ondulado y por una mochila, que ella misma hizo, donde se leía: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Sabía hacerse notar porque siendo tan chiquita seguía los debates en el Congreso, lo que pasaba en los partidos políticos y era muy buena oradora.

Ahora, con su elección, sus amigos han hecho público que estando en la universidad participó en una votación para definir si Jaime Michelsen Uribe, dueño del Banco de Colombia donde trabajaba don Israel desde los 15 años, continuaba o no en la junta directiva del Rosario. Ella sabía que el magnate enfrentaba un escándalo por fraude y no dudó en negarle el voto, lo que le costó el puesto a su papá. Tenía 19 años y él no se lo reprochó. “Cuando lo llamaron, mi papá respondió que entendía el despido porque todos tenían derecho a tener una oveja negra en la familia. Yo creo que decir eso le dolió todavía más porque yo era su hija estrella. Salió porque su hija tuvo una conducta libre, en la que nunca influyó”.

Viviane Morales. / Foto: EFE.

Igual la apoyó a los 29 años cuando los pastores cristianos de Bogotá decidieron lanzarla a la Cámara de Representantes en medio del auge de la Constitución que modificó el artículo sobre la libertad de culto. Morales llevaba más de diez años asistiendo a la iglesia cristiana, se había casado con el pastor Luis Alfonso Gutiérrez (padre de sus tres hijos) y hacía parte del movimiento Unión Cristiana. La campaña le costó un millón 500 mil pesos. Con su padre diseñaron un afiche que pegaron frente a todas las iglesias cristianas. En dos meses habló con 300 pastores y, para su sorpresa, sacó más de 17 mil votos.

Esa fue la primera vez que el país supo de la hoy Fiscal. Luego vendría la Ley de libertad religiosa de la cual fue ponente y que se convertiría en su primer gran triunfo. También fue noticia, al comienzo de su carrera como parlamentaria, por oponerse a la inscripción de candidatos que representaban a los homosexuales. Años después, cuando era senadora, durante una votación de un proyecto para que el Estado reconociera a las parejas homosexuales, fue la única que votó en contra. Su argumento: no se podían concentrar en la expedición de leyes que amparan derechos particulares.

En el ojo del huracán

Pero la batalla que más la visibilizó fue la defensa del fuero parlamentario durante la polémica administración del entonces presidente Ernesto Samper. Gabriel De Vega, otro de sus amigos, dice que fue una pelea de principios. Como representante a la Cámara ella votó por la absolución de Samper, la acusaron de prevaricato y por eso interpuso una tutela –que ganó–, mientras la cuestionaron por  defender a Samper’. “En Colombia hay causas que se estigmatizan. Yo defendí la inviolabilidad parlamentaria como constitucionalista, pero fíjese que la vieron como la tutela para acabar con el 8.000 y nada que ver con mi tutela. ¿Usted sabe lo que es llegar a la Corte Suprema a rendir indagatoria y negarme al interrogatorio diciendo que no tienen derecho a investigarme? Necesité valor, porque ya me veía entrando a la cárcel”.

Ese talante también quedó demostrado cuando se presentó en el Congreso, vestida de saco y corbata, para protestar por unas declaraciones machistas del senador Roberto Gerlein. Él dijo: “la vagina del Senado se ha enrarecido”. Lo cierto es que tuvo que retractarse y la Fiscal fue clara con su traje: “¿será que así sí me va a respetar, doctor Gerlein?”.

En 1999 volvió a celebrar. Luego de seis intentos para convencer al Congreso logró que se aprobara la Ley de Cuotas. De ahora en adelante uno de cada tres cargos directivos en el sector público sería para las mujeres. “Algunas en el Congreso no apoyaron la Ley porque decían haber llegado por sus propios medios. Pero venían de familias acaudaladas. Yo sabía que las mujeres necesitaban un impulso y todavía lo siguen necesitando”, dice. De nuevo fue noticia con la Ley de acciones populares y cuando presentó un proyecto a favor de la legalización de las drogas. Luego, su vida política quedó a un lado y estuvo en el ojo del huracán por culpa del amor.

Viviane Morales. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Las grandes pruebas

Hace solo un mes, la nueva Fiscal fue homenajeada por los cristianos, donde, emocionada hasta las lágrimas, dijo: “Fui probada, creo que he pasado por 10 años de prueba, momentos difíciles, de desierto, de soledad y solo me sostenía creer en un Dios bueno y fiel, que me había dicho el año pasado: Viviane, yo te devolveré el doble”.

Ese ‘desierto’ al que se refiere la Fiscal empezó cuando se divorció de su primer esposo y luego se enamoró de Carlos Alonso Lucio, ex militante del M-19 y después asesor de los paramilitares, que estaba preso en La Picota. A Nadia la asombró la decisión de su hermana por defender ese amor, “me parecía irracional, pero la veía feliz. Estaba dispuesta a enfrentar ese sentimiento así fuera en detrimento de ella”. Al matrimonio asistieron 1.500 personas y la ceremonia fue muy emotiva porque ambos hablaron del amor y de Dios. Uno de sus amigos dice que “ella soñaba con que Lucio se volvería pastor, que fundarían una iglesia y bajo el amparo de ese sueño lo arriesgó todo”. Para muchos fue un acto insensato y para otros una muestra de su férrea personalidad. Inclusive, recién elegida Fiscal, sus contradictores, refiriéndose a Lucio, cuestionaron su criterio, pero ella ha dejado claro que es su experiencia y lo que ha sido “lo que habla por mí y punto”.

Luego vendría la pérdida de su ojo izquierdo por una infección causada por una bacteria, cuando se sometió a un trasplante de córnea. Quedó desolada. “No sé si por exceso de valentía o de arrogancia, no solté una sola lágrima por el ojo perdido y decidí callar”, escribió en un texto titulado La Mirada. Ese día le pidió a Fernando Rincón que fuera a su apartamento. “Estábamos en un balcón y me dijo que me iba a contar algo, pero que no podía llorar. Luego lo soltó: ‘perdí el ojo’, y yo le dije: ‘para lo que hay que ver’… pero por dentro me estaba muriendo”, le contó Rincón a GENTE.

Después, Morales se fue a Estados Unidos con sus hijos, estudió inglés, se separó de Lucio y, por primera vez, fue ama de casa consagrada. Luego regresó al país para volver a la vida pública, pero se quemó en las elecciones para el Senado de 2004. Se dedicó a la docencia y luego vino el periodismo como un bálsamo. Ella dice que durante los últimos diez años Dios formó su carácter. “Pasé muchas etapas críticas, oscuras, en las que siento que estaba trabajando en esta escultura”, y se señala.

Es claro que para la Fiscal lo más profundo en su vida es su creencia religiosa y por eso ha dicho que para tomar sus decisiones solo va a mirar a los ojos de Dios. “Soy cristiana, pero también soy demócrata, y creo en los principios liberales para la construcción del Estado. Y aunque hoy salen a criticarme, pensando que como funcionaria pública voy a utilizar una especie de discriminación por motivos religiosos. No, soy una persona tolerante y respetuosa, pero el trasfondo de mi vida es que creo en unos valores cristianos y en Dios, son mis inamovibles”. Nunca pensó ser Fiscal General de la Nación. De niña decía que quería ser Presidenta y sus hijos siempre la escucharon hablar de su sueño de ser magistrada de la Corte Constitucional. Ahora que los colombianos esperan ansiosos las decisiones que tome en el caso de las ‘chuzadas’, muchos le desean que se sepa rodear en ese paquidermo –como ella ha llamado a la Fiscalía– porque lo que sí es cierto, es que tiene más de un reto bíblico que cumplir.

Viviane Morales. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

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Gina, Petro y Peñalosa / GENTE

¿Qué piensan, qué hacen, qué disfrutan, qué aman y qué no soportan los candidatos con mayor opción a ocupar el segundo puesto más importante de Colombia, el de alcalde mayor de Bogotá? Revista GENTE los acompañó por la ciudad y encontró reveladores rasgos del gobernante que decidirá el destino cotidiano de los habitantes de la capital del país (artículo publicado en la actual edición de Revista GENTE Colombia; octubre de 2011)

Gina, Petro y Peñalosa. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Por Elizabeth Reyes Le Paliscot y Mónica Meléndez

 Enrique y Gustavo / Caminos distintos

El uno es un excelente urbanista, el otro es un político valiente que destapó las mafias rurales; el uno ama los dulces, el otro no puede ni verlos; el uno siempre ha creído que el socialismo es un fracaso, el otro se echó al monte para hacer la revolución. Ambos, eso sí, son inteligentes y sueñan con ganar la alcaldía de Bogotá

El día que Enrique Peñalosa decidió acompañar a la alcaldesa de Bogotá, Clara López, a un plantón en protesta por el asesinato de un niño apuñaleado en el río Tunjuelito, le fue mal. Cuando llegó le gritaron oportunista. Peñalosa contuvo la respiración y se marchó luego de recordar –en tono fuerte– que ese barrio fue un proyecto de su pasada alcaldía. “No tengan mala memoria”, dijo. Mostró su mejor sonrisa y con estoicismo –en algo le ayudan sus 1,94 metros de estatura–, caminó por el sector durante cuatro horas.

Peñalosa abraza emocionado a los que le piden fotos, alza a los niños, gambetea y hasta aprovecha los semáforos en rojo para treparse a los buses. Cualquiera pensaría que hace bien su trabajo como político, algo que él mismo ha puesto en duda. “Como creo que soy buen alcalde, creo que soy mal político”, ha dicho. Por esta vez, la simpatía –con la que arrasó Samuel Moreno en la pasada contienda– es un asunto superado. “Muchos dicen que no escucha, lo hace, sí, pero con argumentos”, dice Andrés Pacheco que lo conoce hace 20 años. Y agrega: “Lo que pasa es que no es capaz de decir algo en lo que no cree”. Así sea para ganar votos.

Enrique Peñalosa / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

El día siguiente, Gustavo Petro enfiló baterías hacia Ciudad Bolívar, también al sur de Bogotá. A las 11 de la mañana empezó su recorrido en el barrio Candelaria La Nueva, con una hora de retraso. La puntualidad no ha sido su mayor cualidad y su sonrisa no es tan amplia como la de Peñalosa. Sus amigos dicen que le cambia totalmente cuando está con su familia. En público, hace su mejor esfuerzo: saludó, alzó a los niños, tomó salpicón y entregó a todos su periódico en donde expone su programa.

Quienes lo conocen, afirman que verlo en campaña es como ver a otro. No por lo que piensa sino por cómo se comunica con la gente. “Era muy tímido, pero eso ha venido evolucionando”, dice Daniel García-Peña, su amigo y jefe político en esta pelea por la alcaldía. Resulta extraño, pero lo que muy pocos saben es que a pesar de que Petro es solitario y callado, se siente cómodo con las multitudes.

Cachaco vs. costeño

Petro y Peñalosa viven a pocas cuadras de distancia en un barrio de estrato alto en Bogotá. Sus apartamentos superan los 200 metros cuadrados. Pero esto es solo una coincidencia, porque los caminos que han recorrido son muy diferentes. Toda la familia del candidato del Movimiento Progresistas nació en San Pelayo, Córdoba, la tierra del porro. Y él, en Ciénaga de Oro, un pueblo vecino. Desde muy pequeño llegó a Bogotá y luego creció en Zipaquirá. Sin embargo, Petro dice que aunque culturalmente no es costeño, le queda lo bailado. “Es tan buen bailarín que se lo pelean mis amigas”, dice Verónica, su tercera esposa.

De la Bogotá de su infancia tiene el recuerdo de los churros con chocolate que comía en Chapinero y una sala de cine que se llamaba Escala. Lo demás ocurrió en Zipaquirá, donde se formó en un colegio de curas –el mismo de Gabriel García Márquez– y fue famoso por sacar el segundo Icfes del país. En ese pueblo empezó a devorar libros porque era lo que hacía su papá, aunque sus lecturas no tenían que ver con la aventura sino con pensadores como Rousseau.

Gustavo Petro / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Allí también descubrió su pasión por la política. Petro aún recuerda el día en que llegó el periódico a su casa con la foto del ‘Che’ muerto y cuando su papá tuvo una enorme decepción porque a Rojas Pinilla le habían robado las elecciones frente a Misael Pastrana. Eso lo marcó.

Pero mientras esto ocurría con Petro, quien tuvo líos con los curas por indignarse cuando derrocaron a Allende, Peñalosa, que nació en Washington, tenía 16 años. Había crecido en Chapinero y se había enfrentado a sus compañeros porque su papá, que fue el primer gerente del Incora “se convirtió en una amenaza muy grande para los latifundistas”. Muchos de los incorados eran papás de sus compañeros de clase, así que desde pequeño escuchó hablar de igualdad y desarrollo económico. Lo hizo mientras coleccionaba insectos y leía a Julio Verne.

La primera vez que Peñalosa fue al mar, tenía 13 años y solo regresó a Estados Unidos cuando cumplió los 15. “Es curioso porque en Bogotá hay la leyenda de que Peñalosa es un oligarca, pero nunca mi familia fue socia de un club, ni tuvo finca”. Y si Petro sobresalía por ser un estudiante brillante, Peñalosa tuvo que valerse del fútbol para lograr una beca en la Universidad de Duke (Estados Unidos), donde se graduó como economista. De esos años, Peñalosa afirma que se dio cuenta de que el socialismo y el comunismo eran un fracaso, que el desarrollo económico iba a llegar de todas maneras y que lo más importante era cómo se hacían las ciudades.

Revolucionario vs. soñador

Si el candidato del Partido Verde no hubiera sido político y urbanista, con seguridad sería cineasta. Así es. Inició sus estudios en París, pero luego se decidió por la administración pública. Hasta escribió el libreto de Amándote, una telenovela que fue famosa en Colombia durante los 80. En cambio, Petro, siempre ha sido un político en estado puro. Hace 28 años, Jaime Gómez conoció a Petro cuando era un muchachito flaco que usaba jeans, botas viejas y andaba siempre con las manos entre los bolsillos. A los 22 años ya era el Personero de Zipaquirá. “Hablaba de que la paz consistía en solucionarle los problemas a la gente. No gritaba. Lo que hacía era proponer soluciones”. Como Peñalosa –que le lleva seis años–, Petro estudió economía en la Universidad Externado de Colombia, donde no lo sedujo ese mundo de izquierda de los estudiantes bogotanos. En Zipaquirá sí. “Mis vecinos eran obreros y si caminaba cinco cuadras encontraba la pobreza”. Así llegó al M-19 y se convirtió en ‘Aureliano’, el mítico nombre del personaje de Gabo que él usaría en la clandestinidad.

Gustavo Petro en campaña / Foto: Pilar Mejía © Revista GENTE

Es casi una leyenda cómo se tomó un terreno que era de los curas para que lo ocuparan familias pobres de Zipaquirá. Fue en Corinto (Cauca) donde Petro se encontró por primera vez con la guerrilla rural. “La encontré radical: era vencer o morir”. Por fortuna, vino el proceso de paz, que promovió, aunque luego lo capturaron y estuvo preso.

Por su parte, Peñalosa era nombrado como uno de los ejecutivos jóvenes más sobresalientes de Colombia. Fue decano de economía en el Externado, director de planeación de Cundinamarca y secretario económico de Virgilio Barco. Y al mismo tiempo, manejó un cultivo de tomates. Los que no lograba vender, los subía a su Renault 4, que parqueaba al frente de Carulla. De ahí sacó la idea –cuando comenzó en la política– de salir a repartir volantes. Dice que nadie lo había hecho y que fue el primero en poner una foto sonriente en una publicidad política.

A los 32 años tomó la decisión: “No iba a ser un funcionario para siempre, necesitaba votos y todos los cargos anteriores me sirvieron para conocer la ciudad”. Bogotá se le convirtió en una obsesión. Su gran amigo Andrés Pacheco, que lo conoció cuando Peñalosa era profesor, dice que siempre lo escuchó hablar de políticas públicas y del transporte masivo que luego se convertiría en TransMilenio. “Era un soñador”.

Ese fue el año de la Constituyente. Peñalosa se lanzó por primera vez a la alcaldía –esta es su quinta vez–. Era un principiante y Jaime Castro le ganó. Petro ya se había desmovilizado. Daniel García-Peña lo conoció en esa época y recuerda que sobresalía por su lucidez dentro del movimiento político en que se convirtió el M-19. “No tenía pinta de guerrillero sino de nerd”. De esa época, Petro conserva lo que para sus amigos es una obsesión: ser el dueño de la propuesta. Pero eso no quiere decir, como muchos afirman, que toma decisiones solo. “Petro no es sectario, si tienes argumentos, te escucha”, dice García-Peña.

Enrique Peñalosa en campaña / Foto: Pilar Mejía © Revista GENTE

Exalcalde vs. excongresista

Cuando puede, Peñalosa sube dos veces por semana a La Calera, en bicicleta. Es un viejo hábito que cultivó desde los 80, cuando con su esposa madrugaban a contar a los que utilizaban bicicleta vía a Mosquera.

Aunque parecía una locura, Peñalosa sabía lo que hacía. Al segundo intento a la alcaldía, Mockus le ganó, pero la tercera fue la vencida. De su administración le queda un título que nadie le niega: le cambió la cara a Bogotá. La transformó con el TransMilenio, las megabibliotecas y las ciclorrutas. Fue un alcalde constructor. Pero el cemento es algo en que lo encasillan. “Yo fui la persona que en Bogotá empezó a hacer cosas para el ser humano. Cemento sí, pero para aceras”, es su defensa. Zoraida Rozo, que fue su segunda a bordo durante la alcaldía, dice que es un obsesivo con el espacio público. “Andaba con su libreta de contravenciones y hasta le puso un parte a un ministro. Además, tenía una máquina para tumbar –él mismo– los pasacalle”.  Peñalosa no duda en afirmar que es uno de los urbanistas más influyentes del mundo, algo por lo que también lo tildan de prepotente. Sin embargo, los que lo conocen aseguran que se burla de los que se van en la silla de atrás del chofer. “Le parece ridículo marcar la diferencia”. Y es muy cercano a la gente, dice un peñalosista.

Y mientras Peñalosa era alcalde, Petro también hacía lo suyo aunque sin montar en bicicleta. Por eso sus amigos dicen que si camina, es para seguir pensando y que la única vez que lo vieron jugando fútbol fue estando preso. Su estrellato comenzó en la Cámara de Representantes, donde se hizo famoso por sus debates contra la corrupción y luego al denunciar el paramilitarismo. Inclusive, le hizo uno a Peñalosa, por las losas de TransMilenio.

Desde entonces, Petro ha tenido una silla en el Congreso. Pero su arrojo le ha traído muchos problemas. Lo han ‘chuzado’ y amenazado de muerte desde hace una década. Y lo que al comienzo fue motivo de orgullo, en la era de Álvaro Uribe se convirtió en su talón de Aquiles. Su pasado como guerrillero es lo que más le critican hoy los electores, algo que para él tiene una razón: “Si le preguntas a un joven que ni siquiera nació en esa época, su visión es la que les contó Uribe”.  Paradójicamente, la historia los volvió a poner de frente porque Uribe apoya hoy en público a Peñalosa.

La gente se acostumbró a verlo con una gabardina blindada, mientras dormía con una ametralladora debajo de la cama. No se armó siendo guerrillero, pero tuvo que hacerlo cuando se les enfrentó a los parapolíticos. Pero se aburrió. “Yo no hice la paz para esto”, le dijo a GENTE. Ahora, en campaña, debajo de esa chaqueta blanca de Progresistas, solo lleva su camisa. ¿El peligró pasó? Petro dice que no. ¿Qué si vive con miedo? Claro, pero no se acobarda.

Gustavo Petro / Foto: Pilar Mejía © Revista GENTE

Progresista vs. Verde

El candidato del Partido Verde se escuda en que Petro sólo tiene experiencia como congresista y que no ha administrado ni un parqueadero, comparándolo con Samuel Moreno, quien hoy está preso por el ‘carrusel de la contratación’. Petro, por su parte, ha dicho que si lo que quieren es convertir a Bogotá en una empresa privada, “entonces no hagan elecciones y contraten a un gerente”.

Para Petro, Bogotá tiene dos retos. Uno es el cambio climático. “Lo que ha hecho la ciudad es depredar”. El otro tiene que ver con acabar con la segregación social, por eso ha repetido hasta el cansancio que primero los cerebros que el cemento. Peñalosa, en cambio, dice que la mitad de Bogotá está por construir. Sueña con hacer un parque en Tominé. También un teleférico desde Usaquén a La Calera y cientos de kilómetros de vías peatonales para bicicletas. “Aquí piensan en metros, en autopistas, pero lo que realmente necesitamos es espacio público”.

Enrique Peñalosa / Fotografía: Pilar Mejía © Revista GENTE Colombia

Sin duda, polos opuestos. Hasta en los pequeños detalles. Petro tiene seis hijos con tres mujeres –ya se hizo la vasectomía– y su sueldo se le va en sostenerlos. Le gusta el ají y desde pequeño le huye al dulce. Ni siquiera lo seduce el chocolate. En cambio, Peñalosa tiene un escondite donde guarda sus preferidos: las trufas Lindt, azules y rojas. Petro nunca ha fumado, tiene muy pocos buenos amigos y se la pasa pegado a su BlackBerry interactuando con sus seguidores en las redes sociales. Y si a alguien admira, es a Bolívar, del que colecciona cuadros.

Peñalosa le dice ‘novia’ a su esposa Liliana Sánchez, con quien acaba de renovar votos luego de 30 años de casados. Dejó de correr por culpa de una molestia en su espalda y tiene un mal recuerdo de la niñez: se voló la falange del dedo índice con un volador. Es adicto a la Coca-Cola Light y también es creyente. En su casa y en su sede política mantiene una veladora prendida. Por su parte, Petro lleva en el cuello una cadena de oro de La Milagrosa que le regaló su esposa y que prefiere llamar ‘la cadena de los afectos’.

¿Qué los aleja más? Peñalosa dice que el amor por la ciudad. “Para él (Petro) esto es, simplemente, un paso más en su carrera política”. Petro lo resume en dos modelos de ciudad. La de Peñalosa es del siglo XX y la de él, del siglo XXI.

 Gina Parody: “Encontré a mi pareja de baile”

La única mujer que en Bogotá sueña con llegar a la alcaldía anda ahora feliz abrazada al exalcalde Antanas Mockus. GENTE quiso conocer su faceta más personal, por eso la sorprendimos con unas preguntas distintas y divertidas

Gina Parody y Antanas Mockus / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

 GENTE: Estamos en la recta final de la campaña, cuéntenos ¿cuál es su miedo más grande?

–Le voy a hablar del ámbito político. Y aquí le confieso que mi miedo es que no ganemos la lucha contra la violencia y la corrupción, que nos gane el “todo vale”. Sin embargo, hoy me siento fuerte por la alianza con Antanas. En esta cada uno aporta lo mejor de sí. Para conquistar el corazón de los bogotanos y que nos ayuden a que la confianza y la transparencia venzan.

GENTE: ¿Es verdad que Peñalosa es el candidato de Uribe y Gina de Juan Manuel Santos?

–¡Ah no!, eso sí hay que preguntárselo al Presidente, que no creo que lo pueda decir porque incurriría en una ilegalidad. Tenemos una cercanía de muchos años porque nos tuvimos confianza en lo político.

GENTE: Pero, ¿qué tan cerca está el Palacio Liévano de la Casa de Nariño?

–Muy cerca, y esa cercanía es fundamental.

GENTE: Para llegar al Palacio Lievano debe vencer a sus contrincantes. A propósito, ¿qué se siente competir contra un grupo en donde solo hay hombres?

–Pues es ver cómo los derechos de la mujer todavía están rezagados en la política colombiana, y esa es la gran puerta que abrió Antanas en Bogotá. Dijo: “Le abro la puerta a la nueva generación y a la mujer”, y eso toda la vida se lo vamos a tener que agradecer a él las mujeres en Colombia.

GENTE: Hablemos de Bogotá, ¿a qué no le pondría pico y placa?

–A las motos. Para los vehículos haría una cosa que se llama el Pico y Placa Voluntario, que es un elemento de cultura ciudadana. Que la gente por sí misma diga: “Hoy mismo yo me pongo mi pico y placa”, sin que haya una ley que se lo obligue.

GENTE: ¿Y qué es lo más feo de Bogotá?

–Pues en este momento Antanas me propuso ponerme unas gafas para ver todo positivo y sacar lo mejor de sí. Hay mucho por hacer por Bogotá, pero viéndolo desde el plano positivo.

Gina Parody / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

GENTE: ¿Si usted ganara 19 millones de pesos al mes le alcanzaría para tanquear dos carros?

–Por supuesto. Y más, cuando se trata de recursos de los colombianos, eso es sagrado y hay que tener mucho cuidado con cómo se tratan.

 GENTE: ¿Usted cree que una persona que gana 190 mil pesos mensuales ya no es pobre?

–Es una discusión política y técnica. En el plano técnico hay que trazar una línea de pobreza para poder combatir la pobreza extrema, y esa línea la trazaron en 190 mil. En  el plano político lo que tenemos es que hacer crecer la ciudad, que significa trabajo formal, y, por tanto, los 190 mil pesos son una miseria. Son dos planos distintos pero complementarios.

GENTE: Todas las encuestas apuntan que la pelea por la alcaldía está entre usted, Peñalosa y Petro. Así que, aquí entre nos, si no es usted, ¿a cuál de los dos prefiere?

–Nosotros estamos haciendo una alianza para sacar lo mejor de Mockus, lo mejor de Gina. Y lo que queremos es que nadie vote en contra de, por eso tenemos esas gafas “de ver lo mejor de”, que la gente pueda ver lo mejor de Peñalosa, lo mejor de Petro, y lo mejor de nosotros, que es “lo mejor de lo mejor”.

GENTE: ¿Le parece si nos revela algunas cosas suyas muy personales?

–Por supuesto. Adelante.

GENTE: ¿Cuál olor la transporta a la infancia?

–El chocolate. Como chocolate todo el día.

GENTE: ¿Y cuál ha sido su mayor atrevimiento?

–Una vez cuando era chiquita fui a una tienda y pagué con monedas de monopolio.

GENTE: ¿Usted hace decenas de discursos, pero revélenos cuáles son las frases que más utiliza?

–“La transformación de la política”, “los resultados son importantes, pero los medios son aún más importantes”, “la igualdad en el acceso a las oportunidades”. Y de Gina: “valiente, independiente, orgullosa” y aunque no lo crean, “tímida”.

GENTE: ¿Y actualmente cómo definiría su estado actual de ánimo?

–Feliz, decidida a trabajar y dar lo mejor de mí.

GENTE: ¿Cuál es su posesión más preciada?

–Mi alma.

GENTE: ¿Cuál considera que es la peor miseria?

–La que veo en Bogotá diariamente, cuando salgo a caminar por las calles. Veo que la ciudad necesita crecer económicamente para aumentar los ingresos de los ciudadanos.

 GENTE: ¿Cuál es la mejor cualidad de una mujer?

–Ser mujer.

 GENTE: ¿Y de un hombre?

–La honestidad.

GENTE: ¿Quién es su héroe de ficción?

–La mujer maravilla. Y el de no ficción, el real, Antanas.

GENTE: ¿Dónde y cuándo es feliz?

–Soy feliz muchas veces al día, pero hasta para ser feliz hay que tener disciplina, estar permanentemente en el presente, gozándose la vida aquí y ahora.

GENTE: ¿Quién es el más grande amor de su vida?

–Mi sobrina Alejandra.

GENTE: ¿Qué no perdonaría?

–No, yo perdono todo. Por una razón un poco egoísta y es que no me gusta tener resentimientos, me hacen mucho daño.

GENTE: ¿Qué la hace reír?

–¡Uff!, mi sobrina, y Antanas me hace reír desde que lo veo hasta que me despido de él.

GENTE: ¿Y llorar?

–Las emociones, tanto las felices como las tristes.

GENTE: ¿Cuál considera que ha sido su mayor logro?

–Hoy me enfrento al mayor reto que he tenido en mi carrera pública, con la confianza de Antanas.

GENTE: ¿Cuál ha sido el mejor piropo?

–Pues en la Costa cuando uno camina por las murallas que le dicen: “¡Mami!, ¡mami!”, yo nunca he entendido por qué le dicen así a uno, ¿qué es?

GENTE: ¿Es Antanas Mockus su pareja perfecta?

–Yo creo que la pareja ideal de Antanas se llama Adriana Córdoba (la esposa). Pero le oí el otro día a alguien algo divino: cuando uno encuentra la pareja perfecta, baila con ella toda la vida. Y toca estar en ese baile.

Notas Archivo: Más de Gustavo Petro en el perfil publicado por Revista GENTE Colombia en Mayo del 2009. Más sobre Enrique Peñalosa, en aquel momento con los llamados ‘Tres tenores”, artículo publicado en septiembre de 2009. Nuestro director entrevistó a Gina Parody el pasado mes de junio.

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Patarroyo en el Amazonas (exclusivo)

Manuel Elkin Patarroyo con Revista GENTE Colombia

Manuel Elkin Patarroyo. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Días antes de que la importante publicación Chemical Reviews hiciera público su aval al trabajo científico desarrollado por el colombiano Manuel Elkin Patarroyo, la revista GENTE Colombia lo visitó en su centro de operaciones, en su fortín de investigaciones en la ciudad de Leticia (Amazonas). Durante dos días Patarroyo nos habló de sus trascendentales avances científicos y de su vida, mientras la lente de GENTE lo seguía en su cotidianidad. Este es el reportaje exclusivo que pueden leer íntegramente aquí y también en el actual número de nuestra versión impresa.

Manuel Elkin Patarroyo en el Amazonas / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Por Elizabeth Reyes Le Paliscot / Leticia / Amazonas

La vez que Manuel Elkin Patarroyo supo que había desarrollado la primera vacuna sintética de la historia, casi se ahoga en el Amazonas. Esa noche, un 26 de enero, hace ya 25 años, este médico, que tenía 39 años, se dejó tragar por las turbulentas aguas del Amazonas. Hoy confiesa que se quiso morir. Eran las 11 de la noche, estaba en la proa de un bote pequeño y sin chaleco salvavidas. Cayó al río como si fuera un muñeco de trapo y su cuerpo se hundió como plomo. Y sí, se quiso morir.

“Sabía que se me iba a venir el mundo encima porque nadie ha recorrido el camino que nos ha tocado a nosotros. Además, que tenía que empezar a vacunar seres humanos, era mi destino. ¿Y si alguien moría? Fue el pánico ante semejante responsabilidad, el que me hizo querer morir”.

Ahora, en compañía de GENTE, el científico con mayor reconocimiento internacional que ha tenido Colombia –nació en Ataco, Tolima, en una familia de 11 hermanos– hace el mismo recorrido que ese 26 de enero. Señala el lugar donde cayó. Se desplaza en un bote que pertenece al Instituto de Inmunología de Colombia –que él creó– y lleva salvavidas.

En medio de la oscuridad enumera, sin el menor esfuerzo, cada una de las islas que ha visto formarse a lo largo de 33 años en el trapecio amazónico, justo donde se unen Brasil, Perú y Colombia. Esos mismos años son los que lleva trabajando en un método para hacer vacunas sintéticas, pero, sobre todo, en la de la malaria, por lo que ha ganado casi todos los premios que un científico pueda recibir.

Manuel Elkin Patarroyo / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Lo cierto es que no ha pasado nada que lamentar desde ese 26 de enero. Nadie se ha muerto por efectos de su vacuna. Sin embargo, Patarroyo ha tenido que armarse de una fuerte coraza para soportar las críticas de la comunidad científica, los reclamos por el presupuesto que ha recibido del Gobierno colombiano para sus investigaciones y, ahora último, las demandas de quienes lo consideran un traficante de especies por experimentar con micos.

El Amazonas parece ser el mejor lugar para hablar de ese pasado, pero también del presente y de lo que vendrá, ahora sí, cuando empiece a aplicar en humanos su nueva vacuna, que según promete, tendrá una eficacia del 90 por ciento. Pero el científico tiene más sorpresas para los colombianos, porque en la próxima edición de la revista Chemical Reviews, que sale a la venta en los próximos días, y que es considerada la número uno del mundo en su género, aparecerá un extenso artículo escrito por él, por su hijo Manuel Alfonso y Adriana Bermúdez, donde explican el método que han diseñado para fabricar vacunas sintéticas –y entiéndase bien, cualquier vacuna–, algo que sucede por primera vez en la historia. Esta revista es el órgano oficial de la Asociación Americana de Químicos y que publiquen el trabajo de Patarroyo significa que avalan lo que está haciendo, diciendo y escribiendo.

Patarroyo está emocionado y es evidente que siente una especial fascinación por el río, por eso lo llama su ‘soria moria’ que en noruego quiere decir ‘el castillo de mis sueños encantados’. Y es que, además del río y la selva, en el Amazonas están los micos aotus, los únicos de su especie que son nocturnos. Sin ellos –dice– nada de lo que ha pasado con la vacuna contra la malaria hubiera sucedido. Ni lo que ocurrió hace 25 años, cuando fabricó la primera, ni lo que ha logrado hasta ahora, que es pasar de un 50 por ciento de eficacia a más del 90.

Aquí, en medio del río, han sucedido gran parte de las cosas que hoy lo tienen a punto de “alcanzar el límite”, como decía su amigo, el pintor Alejandro Obregón. “Yo sí quería llegar al límite y por eso he pasado todos estos años en silencio. Uno tiene que saber cuál es su límite y llegar hasta allá. La nueva vacuna está hecha desde el 2001, pero quería descubrir la metodología para hacerlas”. Y en eso está. Con frecuencia recuerda lo que un día le dijo Fernando Botero: “lo tuyo es más grande que lo mío, porque es para ayudar a la humanidad y va a salvar millones de vidas humanas”.

Manuel Elkin Patarroyo / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

El camino ha sido largo y en el Amazonas están guardados los momentos de mayor euforia. En su laboratorio, a dos cuadras del puerto de Leticia, en un galpón que le expropiaron al papá de un narcotraficante y que Patarroyo convirtió en una moderna estación para micos, fue donde se enteró de que había descubierto la vacuna.

Unos meses atrás, en octubre de 1985, llevó a sus colaboradores al Amazonas, y en medio de un partido de fútbol, en una de las playas del río, Patarroyo le dijo a Carlos Parra –hoy profesor de la Universidad Nacional– que estaba a punto de darse por vencido. Ya casi completaba seis años de fracasos. Pero fue ahí, en esa playa, que a Parra se le ocurrió un nuevo experimento, “un chispazo”. A las dos semanas de haber aplicado la prueba, descubrió que algunos de los micos no mostraban ni un solo parásito en la sangre. ¡Bingo! Y todo, gracias a la molécula que habían diseñado luego del partido de fútbol.

Eran las 6 de la tarde de ese 26 de enero y el científico estaba en Leticia. Analizaron los resultados una y otra vez, hasta que no quedó duda: Patarroyo y su grupo habían desarrollado la primera vacuna químicamente producida y la primera contra la malaria. Sabían que estaba incompleta, porque solo les sirvió al 30 por ciento de los micos, pero no importaba, era la primera.

El ‘Waterloo’ de las vacunas

Manuel Elkin Patarroyo / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

En Leticia, cuando Patarroyo no está en su laboratorio, ni en el río ni en la selva liberando a los micos que utiliza en sus experimentos, la gente lo ve desplazarse en una pequeña moto roja. Su laboratorio queda a tres cuadras de la frontera con Brasil, en pleno centro de Leticia. Acá todos saben quién es Manuel Elkin Patarroyo y todos quieren saludarlo. ‘¡Doctor Patarroyo!’. Y a una cuadra más allá: ‘¡Doctor Patarroyo!’.

Allí también saben lo que significan los micos aotus para el científico y repiten una frase que es común en Patarroyo: “el mico es el protagonista de todo”, primero porque desarrolla la malaria humana y, segundo, porque los genes de defensa de este primate son idénticos a los del humano y por eso sirve para estudiar las vacunas.

Patarroyo comenzó a trabajar en malaria en enero de 1980, pero venía con la idea de las vacunas químicamente hechas desde febrero de 1978. En 1980, uno de sus maestros lo invitó a San Diego, California, donde se encontró con el Director del Departamento de Microbiología de Estocolmo, quien le propuso trabajar en malaria. “Yo no tenía idea de malaria. Ni de la magnitud de esta enfermedad que es el mayor problema de salud pública del mundo”. En 1982 lo invitaron a la entrega de los premios Nobel, justo cuando Gabo se lo ganó, con la condición de que mostrara algún resultado en malaria.

Manuel Elkin Patarroyo / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

De nuevo se llenó de pánico. Envió a dos de sus colaboradores a Villavicencio para que tomaran muestras de sangre a personas infectadas y en menos de una semana pudo solucionar uno de los grandes problemas que había en ese momento con la malaria: aislar el parásito de los glóbulos rojos que estaban sanos. “Ese ha sido uno de los destellos brillantes que he tenido a lo largo de estos años, y por culpa del pánico”. Se ríe cuando recuerda que en Estocolmo la conferencia fue un desastre porque él mismo no entendía las repercusiones de su hallazgo. Sus pares lo felicitaron, pero tuvieron que darle las explicaciones del caso.

Cuestión del destino

Al año siguiente, en 1983, resultó en Leticia por una cuestión del destino. Iba para Montería y en el aeropuerto se encontró con el Director del Hospital de Leticia a quien le contó que trabajaba en malaria y que necesitaba los aotus. Ahí se enteró que estos micos están en el Amazonas y que habitan desde Panamá hasta el norte de Bolivia. Por eso, de inmediato, viajó a Leticia. La noticia de su llegada se regó como pólvora y también a lo que iba. El problema, entonces, fue que le empezaron a llevar micos de todas las especies.

Patarroyo decidió irse a vivir en jornadas de tres meses a la selva amazónica para mostrarles a los indígenas cuál era el mico que necesitaba. Duró casi un año viviendo con los indígenas ticunas, cocamas, huitotos, letuamas, boras y mirañas. Tuvo que dormir sobre una estera, aprender a cazar para poder comer, salir a capturar los micos, acostumbrarse a los mosquitos y a los hábitos de los aotus, porque cazarlos es muy difícil. Hecha la tarea con los indígenas, todo empezó a marchar en su laboratorio.

Para cazarlos, los indígenas marcan los árboles donde están sus guaridas –en las copas, dentro de los troncos– y luego, en el día, cuando saben que duermen, tapan las bocas de las cuevas y solo dejan abierta una, por donde atrapan a los que quieren escapar. Por esto y porque se temía por el destino de los micos, los ambientalistas pusieron el grito en el cielo. Ha sido tanta la presión que el científico ha recibido, que hoy sigue al pie de la letra un estricto protocolo para controlar a las personas que capturan el mico, las condiciones en que entran a su laboratorio y en las que salen luego de haber recibido su vacuna. Solo recibe animales a cazadores registrados en la Corporación para el Desarrollo Sostenible para el sur de la Amazonia (Corpoamazonia), y este año tiene permiso para capturar 800 de estos primates.

Manuel Elkin Patarroyo / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Patarroyo ama a sus micos, pero defender los experimentos le ha causado enormes dolores de cabeza. Lo han acusado de capturar 4 mil aotus al año, una cifra –que  dice– sería inmanejable. También de tráfico de especies por capturar micos en Brasil y Perú, por lo que fue demandado. “Todavía tengo cinco procesos internacionales, he respondido a dos y he sido eximido de los cargos. Pero todo esto retrasó cuatro años las investigaciones y me cerraron la estación durante un año y medio”.

La liberación

Los micos de Patarroyo están en medio de un jardín que cualquiera envidiaría y que el científico ha cuidado como uno de sus grandes tesoros. Allí, en habitaciones divididas y en jaulas individuales, están los aotus. El lugar es blanco y muy aseado. Cuando llegan son valorados, purgados y los mantienen en cuarentena de 20 a 30 días. Luego los vacunan. Les dan dos o tres dosis, cada 20 días para, finalmente, aplicarles el parásito de la malaria. Lo que se estudia es si la enfermedad aparece. O, dicho de otro modo, qué tan efectiva es la vacuna diseñada por el científico y sus investigadores. Cuando el experimento termina los micos entran de nuevo en cuarentena y son liberados cerca del lugar donde los capturaron. En el día hacen silencio y en la noche, empieza la algarabía por sus aullidos.

Patarroyo dice que no pasan más de cuatro meses en esta estación, y que desde el instante en que llegan y hasta el momento en que los primates salen de su laboratorio, menos del 5 por ciento ha muerto.

Amanece, es el día de la liberación. Patarroyo está levantado desde las 3 de la mañana. Un viejo hábito. Esta vez, encabezará la liberación de 40 micos que volverán a su hábitat en el lago Tarapoto y en Macedonia, a 110 kilómetros río arriba de Leticia. A la entrada del laboratorio está un Comité de Ética que se encarga de vigilar todo el proceso. Hay un representante del ICA, de la Sociedad Protectora de Animales y de Corpoamazonia. Comprueban en planillas el número de registro de cada primate, su condición física y los organizan en costales con orificios para que puedan respirar.

Manuel Elkin Patarroyo / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Entrar a la selva no es fácil. En Macedonia, el barco se arrima a la orilla y hay que caminar cerca de un kilómetro hasta llegar al lugar indicado. El grupo de liberadores sigue las coordenadas de un GPS. Patarroyo demuestra que sabe cómo moverse entre la espesa vegetación. Los verificadores hacen su trabajo. Sacan los micos uno por uno, chillan, quieren morder con sus finísimos dientes. Luego, todo termina muy rápido. Apenas tocan los árboles, emprenden la huida. El mismo Patarroyo los libera. Y ahora tiene una sonrisa de lado a lado. La razón salta a la vista, se trata de la vacuna. “La clave fue tener los micos, por ellos es que hoy estamos por encima del 90 por ciento de efectividad”.

Y en humanos…

Esa es la prueba de oro. Y, con seguridad, esta vez la angustia será menor. Hace 25 años, Patarroyo vomitaba todas las noches de la angustia, cuando acababa una jornada de vacunación, por el miedo que le producía pensar en la posibilidad de hacerles daño a sus pacientes. “No era poca cosa: era la primera vez que se aplicaba una vacuna químicamente hecha a seres humanos”.

La primera vez fue en 1987 y se la aplicó a soldados en Bogotá. Se lo consultó al ministro de Salud de la época, José Granados, y formaron un Comité de Ética. El Gobierno exigió que todos los soldados fueran bachilleres y que firmaran el consentimiento, incluidos sus papás. Once fueron los elegidos. Lo que pasó, fue lo siguiente: a la mitad les dio paludismo y a la otra, no. Igual que a los micos. En el fondo, Patarroyo les tenía pánico a los números. “Pensaba: no pasó nada en 11 y ahora, ¿qué va a pasar en mil, en 10 mil? Cuando vas escalonando es que te vomitas de la angustia”.

Manuel Elkin Patarroyo / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Luego vacunó a 32 personas, todas del Instituto de Inmunología de Colombia –él y sus hijos estaban en la lista–, después a 500, a 2.500. El escándalo no se hizo esperar en la comunidad científica, entre otras cosas porque Patarroyo era un desconocido en el mundo de la malaria. En Estados Unidos lo tildaron de ser ‘un palo’ y, desde entonces, los escándalos han venido uno tras otro. “Yo no era nadie en el campo de la malaria y me llevé el Cáliz Sagrado. Me lo llevé para siempre”.

Vacunó a 25 mil personas en Tumaco y la capacidad de protección fue del 40 por ciento. Luego la aplicaron los venezolanos con un 55 por ciento, y  los brasileños, con el 29. ¿La razón? “Son poblaciones distintas”, dice. Por último, vacunó en África, donde los resultados fueron entre el 31 y 25 por ciento.

La Organización Mundial de la Salud reconoció la vacuna en junio de 1994 y el ejército de los Estados Unidos también quiso utilizarla. “Ellos mismos la hicieron, pero les quedó mal sintetizada y cuando la ensayaron en Tailandia les funcionó solo el 12 por ciento”. Los estadounidenses publicaron los resultados reconociendo que la de Patarroyo era más efectiva. Sin embargo, volvió el escándalo, pero el científico colombiano se sostuvo en que su vacuna protegía de un 30 a un 50 por ciento.

De ese rango, no ha salido hasta ahora. En el 94 dejó de vacunar a humanos, archivó la vacuna y se dedicó, con su equipo, a buscar lo que hacía falta, que no era otra cosa que el método para hacer vacunas. Siguió con sus micos en Leticia, donde probó todas las mezclas posibles. “La ventaja es que nosotros fabricamos las moléculas y aquí en Leticia tengo dónde ensayarlas, por eso la llamo el ‘Waterloo de las vacunas’, porque aquí funcionan o fracasan”. A partir del 2001, poco a poco, el camino se ha ido despejando.

“Estoy cerrando el ciclo. Me siento pleno, satisfecho. Me puedo morir tranquilo porque le di un sentido a mi vida y fue útil. Todo el mundo me pregunta: ‘Patarroyo, ¿usted quiere ganarse el Nobel?’. Y, la verdad, que no. La cuestión es que resolví el problema, ayudé a millones de personas, y no me importa el resto”. Lo dice en medio de su ‘soria moria’, luego de darse un chapuzón en el río. Y agrega: “todo el mundo me encasilló. Patarroyo va muchísimo más allá de la malaria. Patarroyo es vacunas y punto”.

Al terminar el domingo, de regreso a Leticia, viene un último recuerdo de cómo empezó todo. Tenía 9 años cuando le regalaron un cómic que se llamaba ‘Louis Pasteur, descubridor de vacunas, benefactor de la humanidad’. Desde entonces, no ha querido hacer nada distinto.

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Óscar Ruiz Navia y su ‘Cangrejo’

La Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas acaba de presentar a los nominados a los Premios Macondo que se otorgan a lo mejor del cine nacional. Entre los seleccionados hay un largo listado de jóvenes talentos que han sido protagonistas en las páginas de la Revista GENTE Colombia. Uno de ellos es el caleño Óscar Ruiz Navia (‘Papeto’), director del filme El vuelco del cangrejo, nominado en la categoría de Mejor Película. Su cinta será, además, la que represente al país y de la lucha por un cupo en los Oscar en la categoría de Mejor Película Extranjera. ¿Saben quién es? Aquí se los contamos. (Texto publicado en la edición de la Revista GENTE Colombia de marzo de 2010).

El vuelco del Cangrejo/ Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Por: Francisco J. Escobar S.

El realizador caleño Óscar Ruiz Navia (27 años), a quien sus amigos llaman ‘Papeto’, conduce su auto por las calles del sur de Cali mientras habla con GENTE. Baja por la calle 18 (antigua avenida Cañasgordas), esquiva algunos carros y dice: “cántela, llave”. Después de que su ópera prima El vuelco del cangrejo ganó el premio Fipresci –otorgado por la Federación Internacional de Prensa Cinematográfica– en la sección Forum del Festival de Cine de Berlín, el director dedica la mayor parte de sus días a dar entrevistas. Un intercambio de ideas que empieza a agotarlo. “Sé que son muy importantes, sé que hacen parte del proceso de promoción de la película, pero necesito volver a mi vida cotidiana, al mundo real, a trabajar para poder seguir haciendo cine”.

Foto promocional del filme El vuelco del Cangrejo

Pero tendrá que esperar varios meses para recuperar su espacio y su rutina. Al filme le queda un largo recorrido por varios eventos cinematográficos. Estará en el Festival Internacional de Cine de Miami, en el Bafici de Buenos Aires, irá a Toulouse y a Guadalajara. El camino del ‘cangrejo’ apenas empieza. ‘Papeto’ mientras tanto aguarda la luz verde del semáforo para tomar la calle quinta rumbo al norte de la ciudad. A través del parabrisas puede ver la Universidad del Valle, de la que se graduó como comunicador social en el 2006. Está lejos del barrio La Selva (donde nació el 22 de junio de 1982), y del barrio Miraflores (ahí pasó su juventud). Esta es una ciudad muy diferente a la que conoció cuando era niño y estudiaba en el Colegio Hispanoamericano. Ahora por las calles principales pasan los buses azules del MIO. El viejo autocine es un supermercado. Y el América, su equipo del alma, ya no es la ‘mechita’ gloriosa de otros años. Luz verde.

“¿Sabés? Aquí a mi lado está Cerebro”. ¿Alguna pregunta?”. Cerebro es uno de los protagonistas de su película. Es el morocho habitante del pueblo La Barra –en el pacífico colombiano– que le dará hospedaje a Daniel, un calvo citadino quien llega a la zona en busca de un lanchero que lo saque del país. A través de los ojos de éste los espectadores comienzan a conocer la realidad (poco esperanzadora) de esta población. Cada día parece un año. Cada almuerzo con arroz es un milagro. No hay plata, y el paisa que la tiene, quiere quedarse con un pedazo de la playa sin contar con los demás. Es una historia que va despacio, poco a poco, ganándose la atención de quienes la ven.

Foto promocional del filme El vuelco del Cangrejo

El ritmo de la cinta es contrario a la velocidad vital de ‘Papeto’ (quien continúa maniobrando por la larga calle quinta). “No había pensado en eso y es cierto. Yo soy todo acelerado y la película es lo opuesto. Pero, man, es que no podía tener otro ritmo, esa es la lentitud con la que se vive en el lugar donde sucede la historia. Yo hago cine y creo que este es el arte que mejor te permite relatar el paso del tiempo. No filmo historias narrativas, eso más bien se lo dejo a la literatura”. Su película fuerza al público a hacer un ejercicio que ya no es tan habitual: el de contemplar (el atardecer, la caída de la noche, la luz de una fogata, el mar), el de mirar lo que sucede sin esperar balazos o patadas ninja.

Foto promocional del filme El vuelco del Cangrejo

Más que gafitas 3-D

Sin los balazos y las patadas ninja será difícil que su filme sea el más taquillero del año. Papeto dice que ya ha pensado en eso. “Cada película ofrece lo suyo. No puedo creer que la experiencia cinematográfica del espectador se reduzca a ponerse las gafitas de 3-D. Tenemos que ampliar el espectro. Alguna gente amará mi película. Otros la odiarán. Pero no nos vamos a arruinar si dura poco en cartelera. Fue una cinta austera. La austeridad nos dio independencia. Me gustaría que El vuelco… fuera masivo, pero debo ser realista, el grueso del público colombiano no está acostumbrado a ver filmes así. Hay un dicho iraní que dice que lo importante no es adónde se llega, lo importante es el camino. Eso fue lo que me enseñó esta película”.

Óscar Ruiz Navia / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Quizá suene a discurso de cineclubista radical o de jovencito cinéfilo hooligan, pero es la apuesta honesta de un muchacho que creció creyendo en Los 400 golpes, de Truffaut; en Stranger Than Paradise, de Jarmusch y en Andrei Rublev de Tarkovski. Uno que consume poco cine comercial: “¡A mí no me llevés a ver Jurassic Park!” y que sin embargo se dejó sorprender por Avatar, “me llamó la atención su parte ecológica y medio marihuanera”. Tampoco ve televisión.“Cuando escribía El vuelco estuve tres años sin ver la tele. Ahora ni tengo antena. No sé si puede sonar muy radical de mi parte, pero así soy. Aunque no puedo negar que alguna vez me emocioné viendo Factor X o Café”.

Foto promocional del filme El vuelco del Cangrejo

‘Papeto’ esquiva los últimos carros de la ruta. Está llegando a su destino final, el barrio Miraflores, donde viven sus padres (quienes invirtieron dinero en la cinta de su hijo). Las películas de carretera se llaman road movies. Una entrevista como esta debería ser una road interview.: “Mirá, ya como para dejarlo claro, yo siempre quise que mi película fuera como el punk del Pacífico, ¿sí me entendés? Una cinta como rebelde, pero con la rebeldía nuestra, que saliera de un mestizaje bacano”. El motor del carro deja de sonar. “Bueeeno, llegamos. Recorrimos medio Cali mientras hablábamos. Te adelanto algo: mi próxima película la ruedo aquí”.

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