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Milla Sánchez, la salvavidas

Milla Sánchez / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Quizás el nombre no les suene mucho, pero si les decimos que esta hermosura llanera de 25 años es la salvavidas del programa concurso ‘Duro contra el mundo’, la cosa cambia, ¿no? Las noches de los sábados nada serían sin ella en sus pequeños biquinis. (Artículo publicado en la edición de octubre de 2011 de Revista GENTE Colombia)

La explicación es muy válida. “Se dice ‘Mi-la’, pero se escrible con doble ele, ‘Mi-lla’”. Claro, como Roger Milla, el camerunés que puso en ridículo a René Higuita en el Mundial de Italia 90, como la milla por hora, como la (se)milla. “No, ¡como Milla Jovovich!”, puntualiza ‘Mila’. Milla Sánchez tiene 25 años, mide 1,68 metros, nació en Acacías, Meta –una población ubicada a 15 minutos de Villavicencio– y, así como el morocho Roger, tiene una gambeta de campeonato (ayudan esas caderas). “Juego microfútbol cada vez que puedo, si me toca bajo a la defensa, pero a mí lo que me gusta es el ataque, soy buena delantera”. No mata zombies, como la Jovovich en la saga Resident Evil, pero tiene una preparación física similar –y unos abdominales de acero, nos consta– porque Milla, si no han logrado reconocerla, es la famosa salvavidas del programa concurso Duro contra el mundo, que se emite los sábados en la noche por Canal RCN. “Aunque, realmente, no soy salvavidas y tampoco quise ser como los de Guardianes de la bahía”. Los agitados participantes, llenos de moretones por el esfuerzo físico que demanda esta lucha televisiva, esperan ese instante único en el que la Milla de Acacías les dé un abrazo para sanar sus heridas. “No es para tanto, pero sí trato de ayudar a que la gente pase un rato agradable en el programa. Las jornadas de grabación son muy largas. El set está en Funza (a 4 kilómetros de Bogotá), a veces me recogen muy temprano en la mañana y luego vuelven a dejarme en mi casa hacia la media noche. Y al otro día, lo mismo”.

Milla Sánchez / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Hija de una comerciante y un ingeniero civil, la mayor de cinco hermanos detestaba que, mientras crecía, su madre le dijera: “Vas a ser modelo”. Estudió en el Colegio Departamental Catumare de Villavicencio, jugaba más con los niños que con las niñas, veía la serie Sailor Moon y soñaba con ser la Mujer Maravilla –“Me la pasaba dando vueltas y vueltas como ella, pero, nada que me convertía”–. La profecía de su mamá se hizo realidad. Fue modelo: “En mi casa necesitábamos ese dinero extra”; y reina, se coronó como Miss Petite Colombia. “Cuando dijeron que yo era la ganadora, no lo podía creer. Fue una experiencia muy dura. Llevaba poco en Bogotá y me sentía como el mono que acaban de sacar de la selva. Era la niña del pueblo. Si nos invitaban a una cena especial yo sufría porque mientras las demás participantes sabían qué ponerse, yo no tenía idea de cómo vestirme. Yo era por allá escondida; no me hablaban. Lloré mucho. Es un medio muy difícil, muy hipócrita y muy cruel”.

Milla Sánchez / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Después de la corona ocurrió la típica historia –le ha pasado a Milla y a miles–, acompañó a una amiga a un casting, a última hora le dijeron a ella que también audicionara, se puso un vestido de baño y, ¡guau niña!, tú eres la elegida, y desde entonces ya suma cuatro temporadas en Duro contra el mundo. “Mi familia se siente orgullosa al verme en la televisión y a mí me da una alegría inmensa saber que el verdadero amor de mi vida, mi hermanito de cinco años, Juan David, saca pecho al verme ahí; todo lo hago por ellos”. El otro amor ya se acabó. “Tuve una relación que duró seis años, pero terminamos el año pasado. Él también es de los llanos, no sé si algun día volvamos, lo que sí sé es que necesitaba estos momentos para estar sola, tener libertad. Vivir sin darle explicaciones a nadie es chévere, es una etapa que me faltaba experimentar. Estoy felizmente soltera”

Milla Sánchez / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Milla Sánchez / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Milla Sánchez y el modelo Juan Pablo Mejía/ Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE

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Gina, Petro y Peñalosa / GENTE

¿Qué piensan, qué hacen, qué disfrutan, qué aman y qué no soportan los candidatos con mayor opción a ocupar el segundo puesto más importante de Colombia, el de alcalde mayor de Bogotá? Revista GENTE los acompañó por la ciudad y encontró reveladores rasgos del gobernante que decidirá el destino cotidiano de los habitantes de la capital del país (artículo publicado en la actual edición de Revista GENTE Colombia; octubre de 2011)

Gina, Petro y Peñalosa. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Por Elizabeth Reyes Le Paliscot y Mónica Meléndez

 Enrique y Gustavo / Caminos distintos

El uno es un excelente urbanista, el otro es un político valiente que destapó las mafias rurales; el uno ama los dulces, el otro no puede ni verlos; el uno siempre ha creído que el socialismo es un fracaso, el otro se echó al monte para hacer la revolución. Ambos, eso sí, son inteligentes y sueñan con ganar la alcaldía de Bogotá

El día que Enrique Peñalosa decidió acompañar a la alcaldesa de Bogotá, Clara López, a un plantón en protesta por el asesinato de un niño apuñaleado en el río Tunjuelito, le fue mal. Cuando llegó le gritaron oportunista. Peñalosa contuvo la respiración y se marchó luego de recordar –en tono fuerte– que ese barrio fue un proyecto de su pasada alcaldía. “No tengan mala memoria”, dijo. Mostró su mejor sonrisa y con estoicismo –en algo le ayudan sus 1,94 metros de estatura–, caminó por el sector durante cuatro horas.

Peñalosa abraza emocionado a los que le piden fotos, alza a los niños, gambetea y hasta aprovecha los semáforos en rojo para treparse a los buses. Cualquiera pensaría que hace bien su trabajo como político, algo que él mismo ha puesto en duda. “Como creo que soy buen alcalde, creo que soy mal político”, ha dicho. Por esta vez, la simpatía –con la que arrasó Samuel Moreno en la pasada contienda– es un asunto superado. “Muchos dicen que no escucha, lo hace, sí, pero con argumentos”, dice Andrés Pacheco que lo conoce hace 20 años. Y agrega: “Lo que pasa es que no es capaz de decir algo en lo que no cree”. Así sea para ganar votos.

Enrique Peñalosa / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

El día siguiente, Gustavo Petro enfiló baterías hacia Ciudad Bolívar, también al sur de Bogotá. A las 11 de la mañana empezó su recorrido en el barrio Candelaria La Nueva, con una hora de retraso. La puntualidad no ha sido su mayor cualidad y su sonrisa no es tan amplia como la de Peñalosa. Sus amigos dicen que le cambia totalmente cuando está con su familia. En público, hace su mejor esfuerzo: saludó, alzó a los niños, tomó salpicón y entregó a todos su periódico en donde expone su programa.

Quienes lo conocen, afirman que verlo en campaña es como ver a otro. No por lo que piensa sino por cómo se comunica con la gente. “Era muy tímido, pero eso ha venido evolucionando”, dice Daniel García-Peña, su amigo y jefe político en esta pelea por la alcaldía. Resulta extraño, pero lo que muy pocos saben es que a pesar de que Petro es solitario y callado, se siente cómodo con las multitudes.

Cachaco vs. costeño

Petro y Peñalosa viven a pocas cuadras de distancia en un barrio de estrato alto en Bogotá. Sus apartamentos superan los 200 metros cuadrados. Pero esto es solo una coincidencia, porque los caminos que han recorrido son muy diferentes. Toda la familia del candidato del Movimiento Progresistas nació en San Pelayo, Córdoba, la tierra del porro. Y él, en Ciénaga de Oro, un pueblo vecino. Desde muy pequeño llegó a Bogotá y luego creció en Zipaquirá. Sin embargo, Petro dice que aunque culturalmente no es costeño, le queda lo bailado. “Es tan buen bailarín que se lo pelean mis amigas”, dice Verónica, su tercera esposa.

De la Bogotá de su infancia tiene el recuerdo de los churros con chocolate que comía en Chapinero y una sala de cine que se llamaba Escala. Lo demás ocurrió en Zipaquirá, donde se formó en un colegio de curas –el mismo de Gabriel García Márquez– y fue famoso por sacar el segundo Icfes del país. En ese pueblo empezó a devorar libros porque era lo que hacía su papá, aunque sus lecturas no tenían que ver con la aventura sino con pensadores como Rousseau.

Gustavo Petro / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Allí también descubrió su pasión por la política. Petro aún recuerda el día en que llegó el periódico a su casa con la foto del ‘Che’ muerto y cuando su papá tuvo una enorme decepción porque a Rojas Pinilla le habían robado las elecciones frente a Misael Pastrana. Eso lo marcó.

Pero mientras esto ocurría con Petro, quien tuvo líos con los curas por indignarse cuando derrocaron a Allende, Peñalosa, que nació en Washington, tenía 16 años. Había crecido en Chapinero y se había enfrentado a sus compañeros porque su papá, que fue el primer gerente del Incora “se convirtió en una amenaza muy grande para los latifundistas”. Muchos de los incorados eran papás de sus compañeros de clase, así que desde pequeño escuchó hablar de igualdad y desarrollo económico. Lo hizo mientras coleccionaba insectos y leía a Julio Verne.

La primera vez que Peñalosa fue al mar, tenía 13 años y solo regresó a Estados Unidos cuando cumplió los 15. “Es curioso porque en Bogotá hay la leyenda de que Peñalosa es un oligarca, pero nunca mi familia fue socia de un club, ni tuvo finca”. Y si Petro sobresalía por ser un estudiante brillante, Peñalosa tuvo que valerse del fútbol para lograr una beca en la Universidad de Duke (Estados Unidos), donde se graduó como economista. De esos años, Peñalosa afirma que se dio cuenta de que el socialismo y el comunismo eran un fracaso, que el desarrollo económico iba a llegar de todas maneras y que lo más importante era cómo se hacían las ciudades.

Revolucionario vs. soñador

Si el candidato del Partido Verde no hubiera sido político y urbanista, con seguridad sería cineasta. Así es. Inició sus estudios en París, pero luego se decidió por la administración pública. Hasta escribió el libreto de Amándote, una telenovela que fue famosa en Colombia durante los 80. En cambio, Petro, siempre ha sido un político en estado puro. Hace 28 años, Jaime Gómez conoció a Petro cuando era un muchachito flaco que usaba jeans, botas viejas y andaba siempre con las manos entre los bolsillos. A los 22 años ya era el Personero de Zipaquirá. “Hablaba de que la paz consistía en solucionarle los problemas a la gente. No gritaba. Lo que hacía era proponer soluciones”. Como Peñalosa –que le lleva seis años–, Petro estudió economía en la Universidad Externado de Colombia, donde no lo sedujo ese mundo de izquierda de los estudiantes bogotanos. En Zipaquirá sí. “Mis vecinos eran obreros y si caminaba cinco cuadras encontraba la pobreza”. Así llegó al M-19 y se convirtió en ‘Aureliano’, el mítico nombre del personaje de Gabo que él usaría en la clandestinidad.

Gustavo Petro en campaña / Foto: Pilar Mejía © Revista GENTE

Es casi una leyenda cómo se tomó un terreno que era de los curas para que lo ocuparan familias pobres de Zipaquirá. Fue en Corinto (Cauca) donde Petro se encontró por primera vez con la guerrilla rural. “La encontré radical: era vencer o morir”. Por fortuna, vino el proceso de paz, que promovió, aunque luego lo capturaron y estuvo preso.

Por su parte, Peñalosa era nombrado como uno de los ejecutivos jóvenes más sobresalientes de Colombia. Fue decano de economía en el Externado, director de planeación de Cundinamarca y secretario económico de Virgilio Barco. Y al mismo tiempo, manejó un cultivo de tomates. Los que no lograba vender, los subía a su Renault 4, que parqueaba al frente de Carulla. De ahí sacó la idea –cuando comenzó en la política– de salir a repartir volantes. Dice que nadie lo había hecho y que fue el primero en poner una foto sonriente en una publicidad política.

A los 32 años tomó la decisión: “No iba a ser un funcionario para siempre, necesitaba votos y todos los cargos anteriores me sirvieron para conocer la ciudad”. Bogotá se le convirtió en una obsesión. Su gran amigo Andrés Pacheco, que lo conoció cuando Peñalosa era profesor, dice que siempre lo escuchó hablar de políticas públicas y del transporte masivo que luego se convertiría en TransMilenio. “Era un soñador”.

Ese fue el año de la Constituyente. Peñalosa se lanzó por primera vez a la alcaldía –esta es su quinta vez–. Era un principiante y Jaime Castro le ganó. Petro ya se había desmovilizado. Daniel García-Peña lo conoció en esa época y recuerda que sobresalía por su lucidez dentro del movimiento político en que se convirtió el M-19. “No tenía pinta de guerrillero sino de nerd”. De esa época, Petro conserva lo que para sus amigos es una obsesión: ser el dueño de la propuesta. Pero eso no quiere decir, como muchos afirman, que toma decisiones solo. “Petro no es sectario, si tienes argumentos, te escucha”, dice García-Peña.

Enrique Peñalosa en campaña / Foto: Pilar Mejía © Revista GENTE

Exalcalde vs. excongresista

Cuando puede, Peñalosa sube dos veces por semana a La Calera, en bicicleta. Es un viejo hábito que cultivó desde los 80, cuando con su esposa madrugaban a contar a los que utilizaban bicicleta vía a Mosquera.

Aunque parecía una locura, Peñalosa sabía lo que hacía. Al segundo intento a la alcaldía, Mockus le ganó, pero la tercera fue la vencida. De su administración le queda un título que nadie le niega: le cambió la cara a Bogotá. La transformó con el TransMilenio, las megabibliotecas y las ciclorrutas. Fue un alcalde constructor. Pero el cemento es algo en que lo encasillan. “Yo fui la persona que en Bogotá empezó a hacer cosas para el ser humano. Cemento sí, pero para aceras”, es su defensa. Zoraida Rozo, que fue su segunda a bordo durante la alcaldía, dice que es un obsesivo con el espacio público. “Andaba con su libreta de contravenciones y hasta le puso un parte a un ministro. Además, tenía una máquina para tumbar –él mismo– los pasacalle”.  Peñalosa no duda en afirmar que es uno de los urbanistas más influyentes del mundo, algo por lo que también lo tildan de prepotente. Sin embargo, los que lo conocen aseguran que se burla de los que se van en la silla de atrás del chofer. “Le parece ridículo marcar la diferencia”. Y es muy cercano a la gente, dice un peñalosista.

Y mientras Peñalosa era alcalde, Petro también hacía lo suyo aunque sin montar en bicicleta. Por eso sus amigos dicen que si camina, es para seguir pensando y que la única vez que lo vieron jugando fútbol fue estando preso. Su estrellato comenzó en la Cámara de Representantes, donde se hizo famoso por sus debates contra la corrupción y luego al denunciar el paramilitarismo. Inclusive, le hizo uno a Peñalosa, por las losas de TransMilenio.

Desde entonces, Petro ha tenido una silla en el Congreso. Pero su arrojo le ha traído muchos problemas. Lo han ‘chuzado’ y amenazado de muerte desde hace una década. Y lo que al comienzo fue motivo de orgullo, en la era de Álvaro Uribe se convirtió en su talón de Aquiles. Su pasado como guerrillero es lo que más le critican hoy los electores, algo que para él tiene una razón: “Si le preguntas a un joven que ni siquiera nació en esa época, su visión es la que les contó Uribe”.  Paradójicamente, la historia los volvió a poner de frente porque Uribe apoya hoy en público a Peñalosa.

La gente se acostumbró a verlo con una gabardina blindada, mientras dormía con una ametralladora debajo de la cama. No se armó siendo guerrillero, pero tuvo que hacerlo cuando se les enfrentó a los parapolíticos. Pero se aburrió. “Yo no hice la paz para esto”, le dijo a GENTE. Ahora, en campaña, debajo de esa chaqueta blanca de Progresistas, solo lleva su camisa. ¿El peligró pasó? Petro dice que no. ¿Qué si vive con miedo? Claro, pero no se acobarda.

Gustavo Petro / Foto: Pilar Mejía © Revista GENTE

Progresista vs. Verde

El candidato del Partido Verde se escuda en que Petro sólo tiene experiencia como congresista y que no ha administrado ni un parqueadero, comparándolo con Samuel Moreno, quien hoy está preso por el ‘carrusel de la contratación’. Petro, por su parte, ha dicho que si lo que quieren es convertir a Bogotá en una empresa privada, “entonces no hagan elecciones y contraten a un gerente”.

Para Petro, Bogotá tiene dos retos. Uno es el cambio climático. “Lo que ha hecho la ciudad es depredar”. El otro tiene que ver con acabar con la segregación social, por eso ha repetido hasta el cansancio que primero los cerebros que el cemento. Peñalosa, en cambio, dice que la mitad de Bogotá está por construir. Sueña con hacer un parque en Tominé. También un teleférico desde Usaquén a La Calera y cientos de kilómetros de vías peatonales para bicicletas. “Aquí piensan en metros, en autopistas, pero lo que realmente necesitamos es espacio público”.

Enrique Peñalosa / Fotografía: Pilar Mejía © Revista GENTE Colombia

Sin duda, polos opuestos. Hasta en los pequeños detalles. Petro tiene seis hijos con tres mujeres –ya se hizo la vasectomía– y su sueldo se le va en sostenerlos. Le gusta el ají y desde pequeño le huye al dulce. Ni siquiera lo seduce el chocolate. En cambio, Peñalosa tiene un escondite donde guarda sus preferidos: las trufas Lindt, azules y rojas. Petro nunca ha fumado, tiene muy pocos buenos amigos y se la pasa pegado a su BlackBerry interactuando con sus seguidores en las redes sociales. Y si a alguien admira, es a Bolívar, del que colecciona cuadros.

Peñalosa le dice ‘novia’ a su esposa Liliana Sánchez, con quien acaba de renovar votos luego de 30 años de casados. Dejó de correr por culpa de una molestia en su espalda y tiene un mal recuerdo de la niñez: se voló la falange del dedo índice con un volador. Es adicto a la Coca-Cola Light y también es creyente. En su casa y en su sede política mantiene una veladora prendida. Por su parte, Petro lleva en el cuello una cadena de oro de La Milagrosa que le regaló su esposa y que prefiere llamar ‘la cadena de los afectos’.

¿Qué los aleja más? Peñalosa dice que el amor por la ciudad. “Para él (Petro) esto es, simplemente, un paso más en su carrera política”. Petro lo resume en dos modelos de ciudad. La de Peñalosa es del siglo XX y la de él, del siglo XXI.

 Gina Parody: “Encontré a mi pareja de baile”

La única mujer que en Bogotá sueña con llegar a la alcaldía anda ahora feliz abrazada al exalcalde Antanas Mockus. GENTE quiso conocer su faceta más personal, por eso la sorprendimos con unas preguntas distintas y divertidas

Gina Parody y Antanas Mockus / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

 GENTE: Estamos en la recta final de la campaña, cuéntenos ¿cuál es su miedo más grande?

–Le voy a hablar del ámbito político. Y aquí le confieso que mi miedo es que no ganemos la lucha contra la violencia y la corrupción, que nos gane el “todo vale”. Sin embargo, hoy me siento fuerte por la alianza con Antanas. En esta cada uno aporta lo mejor de sí. Para conquistar el corazón de los bogotanos y que nos ayuden a que la confianza y la transparencia venzan.

GENTE: ¿Es verdad que Peñalosa es el candidato de Uribe y Gina de Juan Manuel Santos?

–¡Ah no!, eso sí hay que preguntárselo al Presidente, que no creo que lo pueda decir porque incurriría en una ilegalidad. Tenemos una cercanía de muchos años porque nos tuvimos confianza en lo político.

GENTE: Pero, ¿qué tan cerca está el Palacio Liévano de la Casa de Nariño?

–Muy cerca, y esa cercanía es fundamental.

GENTE: Para llegar al Palacio Lievano debe vencer a sus contrincantes. A propósito, ¿qué se siente competir contra un grupo en donde solo hay hombres?

–Pues es ver cómo los derechos de la mujer todavía están rezagados en la política colombiana, y esa es la gran puerta que abrió Antanas en Bogotá. Dijo: “Le abro la puerta a la nueva generación y a la mujer”, y eso toda la vida se lo vamos a tener que agradecer a él las mujeres en Colombia.

GENTE: Hablemos de Bogotá, ¿a qué no le pondría pico y placa?

–A las motos. Para los vehículos haría una cosa que se llama el Pico y Placa Voluntario, que es un elemento de cultura ciudadana. Que la gente por sí misma diga: “Hoy mismo yo me pongo mi pico y placa”, sin que haya una ley que se lo obligue.

GENTE: ¿Y qué es lo más feo de Bogotá?

–Pues en este momento Antanas me propuso ponerme unas gafas para ver todo positivo y sacar lo mejor de sí. Hay mucho por hacer por Bogotá, pero viéndolo desde el plano positivo.

Gina Parody / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

GENTE: ¿Si usted ganara 19 millones de pesos al mes le alcanzaría para tanquear dos carros?

–Por supuesto. Y más, cuando se trata de recursos de los colombianos, eso es sagrado y hay que tener mucho cuidado con cómo se tratan.

 GENTE: ¿Usted cree que una persona que gana 190 mil pesos mensuales ya no es pobre?

–Es una discusión política y técnica. En el plano técnico hay que trazar una línea de pobreza para poder combatir la pobreza extrema, y esa línea la trazaron en 190 mil. En  el plano político lo que tenemos es que hacer crecer la ciudad, que significa trabajo formal, y, por tanto, los 190 mil pesos son una miseria. Son dos planos distintos pero complementarios.

GENTE: Todas las encuestas apuntan que la pelea por la alcaldía está entre usted, Peñalosa y Petro. Así que, aquí entre nos, si no es usted, ¿a cuál de los dos prefiere?

–Nosotros estamos haciendo una alianza para sacar lo mejor de Mockus, lo mejor de Gina. Y lo que queremos es que nadie vote en contra de, por eso tenemos esas gafas “de ver lo mejor de”, que la gente pueda ver lo mejor de Peñalosa, lo mejor de Petro, y lo mejor de nosotros, que es “lo mejor de lo mejor”.

GENTE: ¿Le parece si nos revela algunas cosas suyas muy personales?

–Por supuesto. Adelante.

GENTE: ¿Cuál olor la transporta a la infancia?

–El chocolate. Como chocolate todo el día.

GENTE: ¿Y cuál ha sido su mayor atrevimiento?

–Una vez cuando era chiquita fui a una tienda y pagué con monedas de monopolio.

GENTE: ¿Usted hace decenas de discursos, pero revélenos cuáles son las frases que más utiliza?

–“La transformación de la política”, “los resultados son importantes, pero los medios son aún más importantes”, “la igualdad en el acceso a las oportunidades”. Y de Gina: “valiente, independiente, orgullosa” y aunque no lo crean, “tímida”.

GENTE: ¿Y actualmente cómo definiría su estado actual de ánimo?

–Feliz, decidida a trabajar y dar lo mejor de mí.

GENTE: ¿Cuál es su posesión más preciada?

–Mi alma.

GENTE: ¿Cuál considera que es la peor miseria?

–La que veo en Bogotá diariamente, cuando salgo a caminar por las calles. Veo que la ciudad necesita crecer económicamente para aumentar los ingresos de los ciudadanos.

 GENTE: ¿Cuál es la mejor cualidad de una mujer?

–Ser mujer.

 GENTE: ¿Y de un hombre?

–La honestidad.

GENTE: ¿Quién es su héroe de ficción?

–La mujer maravilla. Y el de no ficción, el real, Antanas.

GENTE: ¿Dónde y cuándo es feliz?

–Soy feliz muchas veces al día, pero hasta para ser feliz hay que tener disciplina, estar permanentemente en el presente, gozándose la vida aquí y ahora.

GENTE: ¿Quién es el más grande amor de su vida?

–Mi sobrina Alejandra.

GENTE: ¿Qué no perdonaría?

–No, yo perdono todo. Por una razón un poco egoísta y es que no me gusta tener resentimientos, me hacen mucho daño.

GENTE: ¿Qué la hace reír?

–¡Uff!, mi sobrina, y Antanas me hace reír desde que lo veo hasta que me despido de él.

GENTE: ¿Y llorar?

–Las emociones, tanto las felices como las tristes.

GENTE: ¿Cuál considera que ha sido su mayor logro?

–Hoy me enfrento al mayor reto que he tenido en mi carrera pública, con la confianza de Antanas.

GENTE: ¿Cuál ha sido el mejor piropo?

–Pues en la Costa cuando uno camina por las murallas que le dicen: “¡Mami!, ¡mami!”, yo nunca he entendido por qué le dicen así a uno, ¿qué es?

GENTE: ¿Es Antanas Mockus su pareja perfecta?

–Yo creo que la pareja ideal de Antanas se llama Adriana Córdoba (la esposa). Pero le oí el otro día a alguien algo divino: cuando uno encuentra la pareja perfecta, baila con ella toda la vida. Y toca estar en ese baile.

Notas Archivo: Más de Gustavo Petro en el perfil publicado por Revista GENTE Colombia en Mayo del 2009. Más sobre Enrique Peñalosa, en aquel momento con los llamados ‘Tres tenores”, artículo publicado en septiembre de 2009. Nuestro director entrevistó a Gina Parody el pasado mes de junio.

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Margarita Rosa de Francisco en GENTE

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

 La protagonista de ‘Correo de inocentes’ iba al psicoanalista a los ocho años porque le parecía raro existir. Hoy, a sus 46, la actriz caleña (quizá la más querida por los colombianos) dice que tiene menos angustias y que está en paz consigo misma. En una serie de íntimas conversaciones con GENTE la creadora del musical ‘A solas’ habló de su pánico escénico, del desgaste de la fama y de cómo se enamoró por BlackBerry de su actual pareja, el fotógrafo holandés Will van der Vlugt (tema de portada de la edición de septiembre de 2011 de Revista GENTE Colombia)

Por Sergio Ramírez / Fotografía: Ricardo Pinzón

Mira con intensidad al hombre sentado en la silla. Quiere decirle lo que piensa, aprovechar que está ahí, que no puede irse, que tiene que escucharla. “Me zafó –ha confesado minutos antes–, para que vean que a uno también le pasa, y me echó el clásico cuento de que yo merecía alguien mejor que él y todo eso”. Ahora lo tiene al frente, solo, en su terreno, y no lo va a dejar ir. Se da la vuelta, se sienta en la silla, mira al frente. “¿Será que quiero que no me amen, que no me cumplan, que me maltraten sin pena y que les valga madre mis benditas cualidades?; ¿por eso elijo los más patanes, los presumidos, los más cobardes, los que prefieren nunca entregarse, porque les da miedo equivocarse?”. La escena no es real, el hombre no existe (bueno, existió, pero no está allí). En el escenario del teatro hay una silla vacía, mientras Margarita Rosa de Francisco Baquero interpreta El reclamo, una de las canciones que forman parte de su espectáculo unipersonal A solas. “La historia es real. Tuve un novio que me dejó, me ardió, me dio durísimo y la canción expresa la rabia que le da a uno que lo dejen”.

¿La dejó? ¿A Margarita Rosa? ¿La que alguna vez fue catalogada como la novia de Colombia? ¿La que, dicen algunos, debió haber sido señorita Colombia? “Llegó un momento en que realmente creí que lo del amor no era para mí; estaba convencida de que había perdido la opción de encontrar a alguien. Llevaba como cuatro años sola, metiéndome en cosas breves, pero nada que ver. Estaba hasta preocupada, porque mientras pasaba el mal trago de este personaje que me dejó, veía que otra gente sí encontraba una buena pareja. Empecé a preguntarme si el problema era mío, o si es que era rara”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Niña trascendental

Desde pequeña se destacó por sus profundas reflexiones. Era una niña trascendental que se preguntaba por el objetivo de su paso por el mundo y se veía a sí misma como un grano de arena en la inmensidad del universo. Su interés por temas poco comunes para su edad era tal que sorprendió a todos cuando aceptó algo tan mundano como el título de Señorita Valle. “Nunca nos lo imaginamos –asegura su amiga de la infancia Julia Fernández de Soto–. Ser reina no formaba parte de sus sueños. Yo la veía en el arte: pintando, cantando, componiendo o bailando, pero no de reina”. A los 19 años representó al Valle del Cauca en el Concurso Nacional de Belleza (ocupando el segundo lugar, en contra de los deseos de gran parte del público y la prensa especializada que la daban como favorita).

Para muchos de quienes la han visto en la televisión, Margarita Rosa ha tenido una vida envidiable, relajada, llena de glamour, éxitos, alfombras rojas y reconocimientos. Sin embargo, aquellos que la conocen desde niña, saben que para ella nada ha sido tan fácil y despreocupado. “Margarita siempre ha sido muy reflexiva –recuerda su hermana mayor, Adriana–. De los tres (Adriana, Margarita y Martín; hijos de Gerardo y Mercedes) es la más introspectiva. Todo el tiempo está volcando sus pensamientos hacia la existencia. Desde muy chiquita siempre se hacía preguntas como ¿por qué estamos acá?, ¿cuál es el propósito de la vida?”.

Margarita mira hacia el piso. Un tímido sol entra por los inmensos ventanales de su blanco apartamento en un exclusivo edificio enclavado en los cerros nororientales de Bogotá. “Desde pequeña vivía como con una angustia abstracta. No era que le tuviera miedo a algo. No, era miedo a ser. Es que existir me parecía raro”. Su madre, la diseñadora Mercedes Baquero, pensó que la mejor forma de canalizar las inquietudes de sus hijos era el psicoanálisis. “Y por eso comencé a ir al psicoanalista desde muy chiquita, como desde los ocho años”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Desde entonces, esa angustia se mantuvo a su lado incluso en los momentos de mayor éxito. A mediados de los 90 la telenovela Café, con aroma de mujer se convirtió en un fenómeno de audiencia. Colombia se paralizaba cada noche para seguir las aventuras de la recolectora y Margarita Rosa se consolidaba como el personaje más popular del país. “Y yo vivía angustiada por todo, una angustia existencial. Si tenía que hacer una entrevista o ir a una fiesta y había mucha gente, me sentía agobiada, perseguida; me preocupaba lo que las personas pensaran de mí, lo que fueran a decir, la forma como me veían”. Para completar, el que era su verdadero gran sueño se hizo realidad, pero en un personaje de ficción. “Yo sólo pensaba cantar el tema del cabezote de la novela y de pronto era un gran éxito”. Uno que la obligó a dar conciertos, giras, más entrevistas, defendiendo un personaje que no era ella. “Yo siempre quise ser músico, más que cualquier otra cosa, y terminé teniendo éxito con una música muy linda, pero que no era la mía; incluso me tenía que imaginar que era Gaviota en los conciertos, porque si pensaba que era yo, no lo hacía”.

Aunque parezca mentira, después de años de desempeñar todo tipo de roles, Margarita Rosa asegura que sufre de pánico escénico, una sensación de indefensión que se multiplica cuando tiene algún trabajo en directo. “Siempre le he tenido temor a todo lo que es en vivo. Cuando era presentadora de noticias (trabajó en 24 horas en 1987) cada noche era una tortura, hasta que me tocó hablar con el presidente de la programadora y renuncié”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Es la gala final de El Desafío 2011 y una de sus más angustiantes pesadillas parece convertirse en realidad. No se escucha nada por el pequeño audífono mediante el cual le dictan las instrucciones durante la transmisión. Pocos minutos después, el silencio da paso al caos: las órdenes se suceden, se contradicen; está al aire, en directo ante millones de personas, y nadie parece saber qué tiene que hacer. Quienes la ven en pantalla piensan que Margarita se quedó en blanco, que olvidó lo que tenía que decir; ella, mientras sonríe, trata de definir qué hacer en medio de las órdenes y contraórdenes. Hace algunos años habría entrado en pánico, hoy, además de decidir que difícilmente volverá a hacer una presentación de este tipo, atraviesa el impase lo mejor posible y sigue adelante. “Siempre he tenido como un ángel por ahí que me rescata, pero la he pasado mal con eso. Ahora me va mejor, me he ido calmando. Creo que A solas ha tenido mucho que ver, porque me tocó echarme al agua muchas veces, estar expuesta a que pasaran cantidad de imprevistos, y pasaron, y no fue tan terrible, no me morí, la carrera no se acabó”.

Lección de humildad

Margarita Rosa asegura que A solas fue la manera que encontró para darle rienda suelta a su pasión por la música. Después de 20 años de carrera decidió que era el momento de hablar de sí misma, de enfrentarse a sus fantasmas y salir adelante. “Es una obra para las canciones, y es la primera vez en mi vida que me hago responsable de lo que escribo. Fue la forma que encontré para darle a lo que compongo un tratamiento diferente, porque nunca me he sentido parte de ese movimiento que tiene claro qué es lo que hay que hacer para que la música se escuche”.

“Todo es gracias a su mamá”, asegura Gerardo de Francisco. Fue Mercedes, sostiene, quien puso a sus hijos a escuchar música brasileña, cubana, jazz. Para Margarita, sin embargo, su padre es un símbolo de su amor por las canciones. “Él era como la estrella de todas las fiestas, es tan buen cantante”, asegura con admiración. Ese ambiente bohemio de su casa la convenció desde siempre de que su futuro estaría en la música. Pero la vida tiene sus propios caminos. “No sé qué fue lo que pasó, pero la música se me fue volviendo un tabú mientras que las cosas en la actuación se me dieron más fácil y al final el estatus que he tenido como actriz ha aplastado el que hubiera querido tener como compositora y cantante; aunque finalmente tampoco es que haya hecho mucha fuerza para posicionarme como cantautora. Quizás nunca me he tenido mucha fe”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

En una esquina de su apartamento, un viejo piano Yamaha, que pintó de blanco como el resto de los muebles, parece recordarle que, a pesar de todo, es posible que la música haya sido su salvación. Su angustia crecía con los años y el éxito. Tras el impactante fenómeno de Café vinieron otros papeles que marcaron historia: Antonia Miranda en Hombres o Bernarda Cutiño en La caponera, pero su desasosiego no disminuía, hasta que optó por darle un nuevo sentido a su vida. “Decidí estudiar música, y es una de las mejores cosas que he hecho en mi vida. Venía de hacer La caponera, y seguía componiendo convencida de que tenía buenas ideas, pero me faltaba técnica”. Un día se atrevió y habló con el director del departamento de Música de la Universidad Javeriana. “Tenía 37 años y no sabía si era demasiado tarde”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Empezó de cero, con los jovencitos de nivelación. “No sólo fue una lección de humildad sino que me demostró que hay que parar de vez en cuando, que no se acaba el mundo si uno se detiene a pensar en qué está”. Estudió dos años en la Javeriana y otros dos en la New World School of The Arts en Miami. Desapareció 10 años de la televisión y se dedicó a rehacer su vida. “Ya no tengo la preocupación de llegar a ningún lado profesionalmente. No me desvelan ni Hollywood ni Europa, lo que quiero es acceder a proyectos refinados, donde pueda recrear los personajes, que estéticamente sean hermosos. Me tomé un tiempo para prepararme, para estudiar, para reflexionar, hice películas (Fidel, Adiós Ana Elisa, Paraíso Travel, García) y dije muchas veces que no”.

No encontraba nada que realmente la emocionara, hasta que llegó Correo de Inocentes. “Había una propuesta diferente. Me imagino que, como en todos los proyectos en los que uno arriesga, hay cosas que resultan y otras que no, pero sí creo que se plantea una estética diferente, otra forma de hacer televisión, y eso sí me interesó”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Así como llegaron de nuevo la música y la actuación, de repente, producto de una decisión, también llegó el amor. “Por alguna razón, cuando comencé a hacer A solas se me olvidó el cuento ese de la pareja y un día asumí que me iba a quedar sola en la vida y que eso tampoco estaba mal, y comencé realmente a disfrutar mis momentos de soledad”. No le importaba estar un sábado en la noche sola en su apartamento viendo televisión, metida entre las cobijas y ‘canaleando’, cuando un amigo le escribió por el chat de Blackberry diciéndole que estaba en Bahamas con un tipo a quien le gustaría que conociera. “Le dije: ‘y por qué no me lo presentás de una vez’”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Fueron dos semanas de conversaciones escritas, antes de escucharse la voz, y algunos días más antes de verse las caras frente a frente. Desde entonces, han pasado dos años. Se llama Will van der Vlugt, es holandés, separado, productor de comerciales, y fotógrafo. Ahora, todo el apartamento está lleno de fotografías de Margarita tomadas por Will. Unas en blanco y negro en alguna playa del Caribe, otra inmensa en una de las paredes principales del salón. Ella, sobre el escenario, de espaldas a la cámara, llena de fuerza, brillando en un mar de luces púrpura. Todo eso la puso a pensar que, quizás, no tendría por qué quedarse sola. “Uno no puede  cantar victoria, pero estoy bien. Es un hombre increíble con el que compartimos el mismo concepto de vida, tenemos el mismo ritmo. Él también trabaja mucho, así que nos encontramos 15 días y luego se va. Con el tiempo uno también aprende cuál es su formato de pareja. Yo ya sé que el matrimonio no es el mío. Así como algunas dicen que no van a ser novias eternas, a mí me parece ideal. Es divertido. No quiero tener nada que me ate a esa persona fuera del amor y el gusto”.

Así, con esa seguridad, afirma que a los 46 años, recién cumplidos, está en el mejor momento de su vida. “He sentido más libertad ahora que cuando estaba más joven; es liberador no estar pendiente del ángulo, de la apariencia, prefiero la serenidad que poseo hoy. Ya no tengo necesidad de demostrarle nada a nadie, de proyectar algo especial o verme más joven o más bonita de lo que soy. Cada vez me persigue menos el ‘deber ser’”. Ahora tiene menos angustias. “Igual sigo teniendo un pensamiento existencialista y me puedo levantar un lunes pensando que la vida no tiene sentido”, y sus más allegados son testigos de su evolución. “La veo como nunca –asegura su hermana, Adriana de Francisco–, plena. Una mujer madura, sumamente inteligente, íntegra, disciplinada, llena de virtudes que finalmente puede desplegar con seguridad, tranquila, más dueña de sí misma, convencida de que valió la pena todo lo que ha pasado”.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Valió la pena. Atrás quedaron sus sueños de juventud, cuando ambicionaba ser una rutilante estrella. “Cuando fui famosa me di cuenta de que la fama no era tan divertida”. Hoy actúa, canta, ama y se divierte. Hoy, de alguna manera, es la mujer que siempre quiso ser. “Es una sensación ambigua. Jugué a mujer bella mucho tiempo, pero con los años te das cuenta de que la belleza es otra cosa. Me preocupo por estar bien, digamos que tengo un compromiso con la estética, me gusta rodearme de cosas bonitas y mirarme al espejo y ver una figura armoniosa; sin embargo, estoy en paz con mi edad, con las arrugas que van apareciendo, con los cambios que voy teniendo. No quisiera tener ni un año menos”. Suena el timbre. Es su profesora de canto. Tiene que comenzar el ensayo para una nueva temporada de su obra. El sol entra ahora con descaro por los amplios ventanales. Margarita coloca una silla en medio de la sala de su apartamento. Es el símbolo de su liberación.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Margarita Rosa de Francisco. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

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GENTE / Octubre de 2011 / Madonna

Madonna / Portada GENTE / Octubre de 2011 / Fotografía: ©Steven Meisel / Arts + Commerce

Madonna es la estrella de la portada del mes de octubre de 2011 de Revista GENTE Colombia. La ‘Reina del Pop’, la diosa de la reinvención, la mujer de 53 años que desde hace tres décadas domina el panorama musical, estrena su película W.E., prepara nuevo disco y alista un perfume. La intérprete de Holiday, habló en Toronto (Canadá), cara a cara, con el enviado especial de GENTE, Mario Amaya. El reportaje está acompañado de un set de imágenes de lujo, realizadas por Steven Meisel –uno de los fotógrafos más importantes del mundo y amigo íntimo de la diva–, quien la había retratado para su polémico y erótico libro Sex (estas fotos, las mejores de Madonna en los últimos tiempos, fueron publicadas  en Vanity Fair, GENTE compró los derechos de las mismas para Colombia). ¿De qué habló la ‘Chica Material’?  ¿Cómo es estar con Madonna frente a frente? ¿A qué huele? ¿Cuáles son sus diseñadores de moda favoritos? ¿Qué dice de las obsesiones? Todo eso podrán leerlo en el número de Revista GENTE Colombia que comienza a circular este viernes 7 de octubre.

Además: Vicky Dávila, en su columna, le pregunta al presidente del Senado, Juan Manuel Corzo: ‘¿Por qué no te callas?’; visitamos el pueblo colombiano –La Jagua, Huila– donde viven las brujas (¡de que las hay, las hay!), cubrimos el último trecho de carrera que se disputan los candidatos Gina Parody, Gustavo Petro y Enrique Peñalosa por la alcaldía de Bogotá, ¿quién ganará?; y la historia de San José de Uré, uno de los municipios que más recibía regalías en el país, pero estaba inundado de pobreza y corrupción. También en esta edición: conozcan a nuestra ‘Dama del espacio’, Adriana Ocampo, la colombiana de la NASA; entrevista con Johana Acosta, una mujer víctima del racismo que, luego de habérsele negado la entrada a un conocido bar en Cartagena, espera ser una de las primeras cobijadas por la Ley antidiscriminación; el calibre del ‘Tigre’ Radamel Falcao, que ruge en la Liga Española. Del lado más sexy, les presentamos a Milla Sánchez, la sensual salvavidas de ‘Duro contra el Mundo’. De la televisión y el teatro: Juan Pablo Espinosa, de El secretario, Carolina Ramírez, quien vuelve al teatro con el montaje Toc Toc; Cony Camelo, quien repite en el Factor Xs; Isabella Santo Domingo posó y escribió ‘al natural’ para GENTE. Ah, ¿saben quien es el colombiano que puede ganar miles de dólares en un día usando unas cuantas cartas?, descúbranlo aquí. Recorran el menú temático de nuestra edición de Octubre de 2011 a través de las siguientes imágenes.

Brujas. / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia.

A pesar de lo que piensan los incrédulos, las brujas existen. Eso lo comprobó GENTE en La Jagua, un pueblo a dos horas de Neiva, en donde se les encuentra en cada esquina. A propósito de la celebración de ‘Halloween’, qué mejor que leer esta crónica exclusiva.

Gina, Petro y Peñalosa. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

¿Qué piensan, qué hacen, qué disfrutan, qué aman y qué no soportan los candidatos con mayor opción a ocupar el segundo puesto más importante de Colombia, el de alcalde mayor de Bogotá? GENTE los acompañó por la ciudad y encontró reveladores rasgos del gobernante que decidirá el destino cotidiano de los habitantes de la capital del país.

Pueblo rico, pueblo pobre. / Fotografía: Julián Lineros © Revista GENTE Colombia.

Con sus cinco calles destapadas, San José de Uré es el municipio más joven del país y gracias al níquel es potencialmente uno de los más ricos. Sin embargo, la plata de las regalías se esfumó –el alcalde, hoy preso por intentar desviar 8.000 millones de pesos de la salud–, las bacrim rodean al pueblo y una escandalosa cifra de candidatos promete el paraíso: hay 117 aspirantes al Concejo y ocho a la Alcaldía. Crónica política de GENTE en la otra Colombia.

Adriana Ocampo / Foto: Archivo particular.

Adriana Ocampo es colombiana, geóloga planetaria y trabaja en la NASA. Es la directora de la primera misión espacial a Júpiter, impulsada por energía solar. Si todo sale bien, Juno –así se llama la nave que lidera– revelará qué hay en el planeta gigante. Perfil de GENTE de una mujer que, literalmente, vive en las estrellas.

Johana Acosta. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Esta joven abogada, que libra una larguísima y extenuante batalla legal contra los propietarios de dos establecimientos públicos de su natal Cartagena en donde le negaron el acceso por su color de piel, conversó con GENTE a propósito de la nueva Ley que penaliza cualquier acto de discriminación en Colombia.

Madonna / ©Steven Meisel / Art + Commerce

Tiene 53 años y su reinado sigue vigente. Madonna acaba de estrenar película, ‘W.E.’, trabaja en las composiciones de su nuevo álbum, planea lanzar el perfume: ‘Truth or Dare’ y se rumora que será la principal estrella del Super Bowl en febrero de 2012. La madre de cuatro hijos, la exesposa de dos estrellas de cine, el demonio según los papas, repasó su carrera, nos contó sobre su gran amor y su filosofía de vida. La ‘Reina del Pop’, cara a cara, con GENTE

Radamel Falcao. / Foto: AP.

A pesar de la contundente derrota ante el Barcelona (5-0) en el Nou Camp, Radamel Falco García demostró con sus primeros zarpazos que será uno de los protagonistas de la exigente Liga de España junto a Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Y mientras lo ovacionan en la cancha, su vida en Madrid sigue siendo la de un muchacho tranquilo y sencillo.

Milla Sánchez. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Milla Sánchez / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Quizás el nombre no les suene mucho, pero si les decimos que esta hermosura llanera de 25 años es la salvavidas del programa concurso ‘Duro contra el mundo’, la cosa cambia, ¿no? Las noches de los sábados nada serían sin ella en sus pequeños biquinis.

Juan Pablo Espinosa. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Es el protagonista de la comedia ‘El Secretario’, de Canal Caracol. Pero, hace siete años, cuando regresó al país tras estudiar en el Emerson College, en Boston, estaba era listo para mostrar sus conocimientos de la actuación clásica. Sin embargo, se encontró con que a los directores de ‘casting’ les interesaba más el estado de sus abdominales.

Diana Mina. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Está a punto de entregar la corona que la certifica como tercera princesa en el Concurso Nacional de Belleza. Ha sido un año duro. Su elección como representante de la Capital a este certamen estuvo llena de polémicas. Algunos la llamaron a su casa a insultarla, a decirle que una ‘negra’ no podía representar a los bogotanos.

Isabella Santodomingo. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Es actriz, madre de una adolescente rockera, presentadora de televisión, jurado de ‘Protagonistas, el Reality’ (de Univisión) y creadora de la saga ‘Los caballeros las prefieren brutas’ –su segunda temporada se estrena el 13 de octubre por el canal Sony–. La barranquillera escribe para GENTE sobre sus días en patines, sus reflexiones frente al mar, su maestría en almohadas y las mañanas de ordeñar vacas.

Mayú Roca. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Es el mejor jugador profesional de póker de Colombia. Tiene 24 años, ha llegado a ganar hasta 200 millones de pesos en un torneo, acaba de recibir su primer brazalete en el World Championship of Online Poker y es uno de los favoritos para terminar a la cabeza del Latin America Poker Tour, que se realiza en Medellín (entre el 12 y el 17 de octubre). ¿Cuestión de suerte? No, de práctica, intuición y constancia.

Carolina Ramirez. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

Después de ‘La Pola’, la actriz caleña (28 años) regresa al teatro en la comedia ‘Toc Toc’, que ha sido un éxito en Argentina, México, Brasil y España. Interpreta a Lilí, una mujer que no puede evitar repetir cada frase que dice. Recargada, reflexiva y relajada, la exbailarina de Incoballet nos contó por qué ella es un ‘Cisne Negro’.

Cony Camelo. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia.

La recordada actriz de ‘Los Reyes’ no pierde el tiempo: regresó a los dramatizados en una nueva versión de la telenovela argentina ‘La malparida’ –producida por Fox Telecolombia para el Canal RCN–, participa en la segunda temporada del ‘Factor Xs’, realiza un proyecto de teatro de improvisación y prepara el lanzamiento del primer álbum con sus composiciones. Y le queda tiempo para divertirse posando para GENTE.

Homenaje. / Fotos: EFE y Canal Starz.

Andy Whitfield, protagonista de la exitosa serie ‘Spartacus’, murió hace unos días. Así se unió a una lista de jóvenes y talentosas figuras del cine mundial a los que la muerte sorprendió en la cúspide de sus carreras. Al contrario de sus creadores, sus personajes de ficción vivirán para siempre. Homenaje de GENTE.

DiverGENTE. / Por: Arias y Troller © Revista GENTE Colombia.

DiverGENTE. / Por Arias y Troller © Revista GENTE Colombia.

Vicky Dávila. / Revista GENTE Colombia.

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Steve Jobs (1955-2011)

A los 56 años, falleció el gran cerebro creador del mundo Apple. Este es el perfil sobre Steve Jobs que escribió nuestro colaborador Álvaro Montes, para la edición de febrero de 2010 de Revista GENTE Colombia.

Steve Jobs / Revista GENTE Colombia / Febrero, 2010 / Foto: Zuma

Si alguien se parece a la popular figura mitológica del Ave Fénix que tanto se utiliza para referir a quienes vuelven de la muerte, ese es Steven Paul Jobs. La misma semana en que nació fue rechazado dos veces, primero por sus padres biológicos, dos jóvenes universitarios que lo entregaron en adopción, y enseguida por los primeros candidatos a padres adoptivos, una pareja de abogados de San Francisco, que a últimahora cambiaron de parecer y prefirieron buscar una niña. Estuvo en las oscuras cavernas de la drogadicción durante su vida juvenil, de donde salió de milagro y en su vida adulta, después de ser sacado a patadas por sus propios amigos y socios de la empresa que él fundó y llevó a la cima, regresó para levantarla otra vez y triunfar en los negocios. Hace apenas un par de semanas, tras vencer una enfermedad que casi lo lleva a la tumba, regresó al escenario para presentar el último juguete de Apple, el celebrado computador tipo tablet bautizado iPad. No hay manera de vencerlo. “Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a decidir las grandes elecciones de mi vida”, suele decir. Es un boxeador que es difícil de tirar a la lona. Y cuando ocurre vuelve a levantarse. Eso parece estar relacionado con el hechizo que siempre sintió por la figura de Cassius Clay. Steve Jobs nació un 24 de febrero de 1955, el mismo día en que el entonces joven boxeador venció a Sonny Liston y dio inicio a su leyenda.

Años después, cuando Apple comenzó a brillar en el negocio informático, Cassius Clay sería la imagen de la campaña publicitaria “Piense diferente”, con la que Jobs quería mostrar a los consumidores de todo el mundo que su marca era otra cosa y que la consabida beligerancia de Muhammad Ali inspiraba muy en el fondo al creador de los computadores Mac. Jobs nació en el lugar apropiado en la época indicada. A comienzos de los años sesenta, Palo Alto, en California, empezaba a convertirse en epicentro de la industria electrónica mundial y con apenas 12 años, Jobs tuvo el olfato para comprenderlo.Conoció allí el computador –inventado hacía mucho tiempo– cuando participaba en las reuniones del club de exploradores de Hewlett-Packard, en Cupertino. Fue un amor a primera vista con el reino del silicio y del que jamás se separaría. Fue allí, en ese club de niños interesados en la tecnología, en donde encontró a un personaje que sería clave en su vida: Steve Wozniak, un agudo y talentoso prospecto de ingeniero, con quien fundaría más adelante Apple Inc.

El padre adoptivo de Jobs, un obrero de San Francisco, se esforzó para asegurarle un futuro universitario y de hecho lo logró al enviarlo a la costosa Universidad Reed College, en Oregon. Para eso, invirtió todos los ahorros de su vida proletaria. En ese punto salió el lado oscuro de Steve Jobs. Abandonó los estudios al terminar el primer semestre y se dedicó a vagabundear por los pasillos de la universidad, dormía en el suelo y se alimentaba con los desechos de comida en los restaurantes. “Fue bastante aterrador en ese momento, pero mirando hacia atrás fue una de las mejores decisiones que tomé. Apenas me retiré, pude dejar de asistir a las clases obligatorias que no me importaban y comencé a asistir a algunas a las que se veían interesantes”, confesaría mucho después. De regreso a casa y en contacto de nuevo con su amigo de infancia Steve Wozniak, fundaron juntos Apple, en el garaje de sus padres, y empezaron a crear computadores personales, convencidos de que en algún momento este tipo de máquinas, una rareza por esos días, llegarían a ser más o menos populares. Steve tenía entonces 20 años y antes de cumplir los 30 Apple valía 2.000 millones de dólares y empleaba 4.000 personas y su principal producto, el legendario Macintosh, era ya un hito.

Steve Jobs / Foto: Zuma

No obstante, también puede verse el vaso medio vacío. Arrogante a más no poder, jefe despótico, negociante despiadado, megalómano irredimible e irritantemente egoísta, son algunas de las definiciones que de él hace Steve Wozniak, el genio tecnológico detrás del trono. Sin embargo, él a medida que crecía empresarialmente se hizo inmune a las críticas. “No hay que permitir que el ruido de las opiniones ajenas silencien la voz interior de uno. Hay que tener el valor de seguir el corazón y la intuición. Todo lo demás es secundario, decía Jobs. Protegido por esta coraza, en los primeros años dorados de Apple, por los días en que inventó la computadora Macintosh, a principios de los ochenta, su egolatría estaba en plena efervescencia. Se daba el lujo de recibir con los pies descalzos sobre el escritorio a los ejecutivos de IBM y otras grandes compañías que querían hacer negocios con él. En las noches de verano, convocaba a sus empleados a la playa y les hablaba con el mar a la espalda sobre sus visiones del futuro de la tecnología. “Se creía Jesucristo”, dijeron de él. Y esa actitud le llevó al descalabro, porque mientras su eterno archirrival Bill Gates –nacido también en 1955 y con quien llevó vida paralela de competencia personal y odio comercial– se adaptaba a las tendencias de la industria y participaba en el naciente mercado del PC de estándares abiertos, Jobs mantuvo la propiedad exclusiva sobre las tecnologías Mac, lo que hizo que sus productos fuesen más costosos e incompatibles con el resto del ecosistema informático.

Apple se quedó con el 2 por ciento del mercado y sus propios socios decidieron despedirlo de la empresa que él mismo había fundado. “Fue devastador –confesó en un discurso ante estudiantes de Stanford hace poco– había desaparecido aquello que era el centro de mi vida adulta”. Pero regresó cinco años después, volvió para ser el dueño y poner a Apple en el puesto en el que está hoy, una de las industrias más pujantes del momento. “No pierdan la fe. Estoy convencido de que lo único que me permitió seguir fue que yo amaba lo que hacía. Tienen que encontrar eso que aman”, sentenció. Adorado como un profeta, sus admiradores en todo el mundo le han endilgado méritos que él no tuvo. Sus fans le tienen por inventor del cine de animación, creador del sistema de ventanas y del ratón de computador y hasta inventor de los reproductores de música digital. La revista Fortune lo calificó hace poco como el empresario de la década, a pesar de que no figura en las famosas listas de los más ricos del mundo. Nada mal para un hombre que en realidad no ha inventado nada. El sistema de ventanas, el ratón y otras novedades del primer computador Macintosh las copió –sin derecho– de los laboratorios Xerox en Palo Alto, a donde los ingenuos ingenieros de Xerox lo invitaron cierta vez para mostrarle los proyectos experimentales que este laboratorio estaba preparando.

No hay un solo producto de Apple que no esté basado en una idea original de otra compañía. ¿Entonces cuál es el secreto de su éxito? Jobs tuvo la capacidad innovadora para mejorarlos y ofrecer un resultado superior e irresistiblemente atractivo. El iPod, con su deliciosa rueda, el MacBook Air que cabe en un sobre de correo, la película Toy Story, la tienda iTunes que vende canciones a 90 centavos de dólar, y el teléfono iPhone con su suave pantalla táctil hacen parte de esas refinadas delicias de la tecnología que solo pueden compararse con una exquisita fragancia. “Me miro al espejo todas las mañanas y me pregunto: ‘Si hoy fuera el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer hoy?’. Y cada vez que la respuesta ha sido ‘no’ por varios días seguidos, sé que necesito cambiar algo”, dice para mostrarse como un inconforme. Jobs se metió en la industria del cine, sin saber nada de eso, y triunfó como ningún otro con sus estudios Pixar, al punto de que Disney tuvo que hacerlo socio, so pena de sucumbir. Retó a las más poderosas industrias de teléfonos móviles, un segmento en el que también era un completo novato, y hoy les atormenta la vida con su teléfono iPhone; y triunfó en la venta de música, sin experiencia alguna en esa materia.

La última vez se le vio, hace dos semanas, en vísperas de su cumpleaños número 55 y después de superar un cáncer de páncreas, presentando ante las cámaras de televisión su último gadget y anunciando una nueva campaña quijotesca: quiere conquistar el mundo de los libros electrónicos, en donde Amazon es el rey. Una frase que pronunció alguna vez cuando un técnico lo contradijo sobre la viabilidad de uno de sus nuevos proyectos, lo retrata en toda su dimensión: “En mi vida no está la palabra imposible”.

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Los Moreno, del cielo al infierno

Samuel Moreno, el pasado 20 de septiembre / Foto: Efe

Samuel Moreno Rojas recibió el golpe más duro desde que se prendió el ventilador del carrusel de la contratación en Bogotá, cuando el juez Polidoro Bernal, le dictó medida de aseguramiento y lo mandó a la cárcel La Picota. El pasado julio, en la edición impresa de Revista GENTE Colombia, publicamos el siguiente reportaje que cuenta cómo fue que los hermanos Moreno –Iván ya está en la cárcel por el mismo caso– pasaron de cielo al infierno y acabaron con el sueño familiar de regresar a la Casa de Nariño. Aquí, el texto completo del artículo.

Por Elizabeth Reyes Le Paliscot

Es verdad: el primer proyecto de ley que Samuel Moreno Rojas presentó en el Senado –hace casi 20 años–, buscaba castigar a los que se enriquecieran robándole al Estado. Incluso, exigía que les aumentaran las penas a los corruptos. Samuel tenía 30 años y su hermano, Iván, 29. Ambos empezaban sus carreras políticas como herederos de un abuelo que veneraban –el general Gustavo Rojas Pinilla, presidente tras un golpe de Estado– y de su mamá –María Eugenia Rojas, ‘La Capitana’– la primera mujer en Colombia en lanzarse a la Presidencia.

En su condición de delfines, la historia de los Moreno Rojas auguraba un final feliz. Iván se hizo fuerte en Santander y Samuel en Bogotá. Iván fue concejal, representante a la Cámara, viceministro de Salud y ministro de Trabajo durante el gobierno de Samper. También alcalde de Bucaramanga y desde el 2006, congresista. Samuel comenzó siendo senador gracias a una alianza entre la Anapo –el partido que fundó su abuelo– y el M-19. Y, luego, logró estar por tres periodos más hasta que se lanzó a la Alcaldía de Bogotá por el Polo, que ganó con 900 mil votos; algo histórico. Al segundo puesto en importancia del país, llegó con carisma, juventud y poder político. El futuro era para soñar.

La familia Moreno / Foto: cortesía Publicaciones Semana

Sin embargo, de manera increíble, Samuel, solo a dos años de estar en el Palacio Liévano, tenía la desaprobación más alta de todos los alcaldes del país, a lo que se sumó un informe de la Comisión de Seguimiento a la Contratación Distrital, liderada por Gustavo Petro, que terminó por involucrarlo –junto a Iván– en el ‘cartel de la contratación”, que en palabras sencillas es la entrega a dedo de billonarios contratos para las obras de la ciudad a personajes que obtuvieron las adjudicaciones de las obras y lo más grave, que ni siquiera las hicieron.

Hoy los Moreno Rojas pasan sus días preparando su defensa. Iván desde la cárcel La Picota y Samuel, desde la casona en Teusaquillo –uno de los barrios más tradicionales de la capital–, en la que siempre ha vivido ‘La Capitana’. ¿Qué les pasó?

Años maravillosos

Samuel e Iván nacieron en Miami y se llevan un año de diferencia. Los que los conocieron en el colegio Anglo Colombiano, recuerdan que Iván era tímido y Samuel, simpático. Los unía una gran pasión por el fútbol. Iván era el portero del equipo y Samuel, defensa central. Y, al contrario de lo que hoy se piensa, Samuel no era hincha de Millonarios sino del Deportivo Cali, “pero eso cambió cuando empezó la campaña por la Alcaldía”, le dijo a GENTE uno de sus compañeros de infancia. Samuel era chistoso, bonachón, enemigo de los pleitos y ‘pantallero’: disfrutaba verse en las páginas sociales de las revistas. En cambio, Iván, era reservado.

Samuel Moreno el día de su boda / Foto: cortesía Publicaciones Semana

En la casona, los Moreno Rojas vieron desfilar a ministros y políticos de primera plana. Aún estando en el Senado, ambos almorzaban en esa casa con ‘La Capitana’ y Samuel, siendo Alcalde, madrugaba a diario para desayunar con su mamá. Ella, hasta hace un año, acompañó a Iván a sus reuniones con líderes en Bogotá y, durante la campaña a la Alcaldía de Samuel, fue quien estuvo al frente de todo. Incluso y a pesar de su edad –tiene 79 años– durante los últimos días de proselitismo, no dudó en subirse a las tarimas a nombre de Samuel. “El Alcalde iba a ser Samuel, pero en muchos barrios querían que ella les hablara”, dice un anapista.

Aunque en público ambos insisten en que toman sus decisiones con autonomía –“No hablo con ella de política”, dijo Samuel– el día en que él celebraba su triunfo a la Alcaldía en un auditorio en Compensar, con cerca de 4 mil personas, a ella se la vio detrás de su hijo indicándole a quién debía agradecer. Solo paró de susurrarle cuando empezó el discurso de agradecimiento. Algunos recuerdan que cuando Samuel se lanzó por primera vez al Senado, tenía un carro –rojo– con teléfono, algo excepcional hace 20 años. ¿Por qué? ‘La Capitana’ lo llamaba constantemente para saber dónde se encontraba.

Desde la universidad, Samuel empezó a hacer política con su mamá. Sabía lo que era hablar en una plaza pública porque acompañó a su abuelo a la manifestación en la que se creó la Anapo, y, luego a su mamá, cuando aspiró a la Presidencia en 1974. “A él le encantaba la política y por eso acompañaba a ‘La Capitana’. Luego participó en la campaña de las elecciones presidenciales que ganó Belisario Betancur y dejó de ir a clases por meterse en política”, dice el periodista Juan Carlos Iragorri, que estudió derecho con Samuel en la Universidad del Rosario.

Iván, por su parte, estudiaba medicina y luego se fue a Bucaramanga. Samuel se quedó en Bogotá y sorprendió cuando luego de 15 años en el Senado –donde lo recuerdan más por ser simpático y conciliador que por haber protagonizado grandes debates–, anunció que se lanzaba a la Alcaldía. Y esa forma de ser le bastó para subir otro escalón. “Él siempre aseguró (durante la campaña) que le iba a ganar a Peñalosa y cuando le preguntaban por qué, respondía que era un tipo arrogante. Y le ganó por goleada”, cuenta otra de las personas que estuvo en la campaña. “Samuel, a pesar de haber crecido cómodamente, era un tipo sencillo, que no le importaba abrazar al chofer, al celador y al que se le atravesara en el camino”, dice Iragorri. En esos años maravillosos, cada hermano hacía lo suyo, pero se volvieron más cercanos –políticamente– cuando Iván fue ministro de Samper, al que Samuel defendió durante el Proceso 8.000.

Iván Moreno, en campaña electoral, en el 2000 / Foto: cortesía Vanguardia Liberal

Hoy se sabe que las aspiraciones de estos dos hermanos siempre apuntaron a la Presidencia y a revivir a la Anapo. “Fueron meticulosos en hacer renacer de las cenizas a la Anapo. Ellos nunca la abandonaron”, es una frase que repiten varios integrantes del Polo, del que Samuel fue fundador y presidente. Tanto así, que la gente que se considera de la casa Moreno Rojas, se sigue identificando como de la Anapo y no del Polo. Cuando Samuel llevaba cinco meses como Alcalde, se organizó un coctel en el Club Militar donde asistieron unas 150 personas, para homenajear a Joaquín Mejía Figueredo, uno de los más fieles anapistas. Sin embargo, durante el evento se proyectó un video donde se hablaba del nuevo partido Alianza, que no era otra cosa que la Anapo recargada. “Estaba Samuel y ‘La Capitana’. Los que asistimos entendimos que era el lanzamiento oficial del partido, con miras a la Presidencia en 2014”, dijo uno de los invitados.

La mala hora

Las cosas se empezaron a complicar para los delfines, cuando Iván estaba en la alcaldía de Bucaramanga y ‘La Capitana’ era la primera dama. La Procuraduría lo suspendió del cargo por dos meses, por irregularidades en un contrato para la recuperación del espacio público. A esto se sumó, que el primero de junio de 2002 se incendiaron tres pisos de la Alcaldía de Bucaramanga donde estaban las oficinas de la Contraloría municipal, que adelantaba investigaciones contra su gestión. Aunque hasta ahora ninguna investigación ha encontrado que Iván sea responsable del incendio, en el ambiente político quedó sembrada la duda. Luego fue denunciado por compra del electorado en Sahagún, Córdoba, donde pasó de tener un solo voto en 2006, a más de 3 mil, en 2010.

La bola de nieve ya no se pudo parar. Muchos recordaron que al general Rojas Pinilla lo llamaron ‘el uñilargo’, como se titula un libro del periodista Alberto Donadío, que investigó la corrupción durante el régimen del General. Luego, el mismo periodista publicó los detalles de un soborno que recibió Samuel Moreno Díaz, el papá de los Moreno Rojas, de 100 mil dólares, por la venta de 10 mil televisores en 1956.

Iván Moreno y Samuel Moreno / Archivo Particular

A Samuel nunca lo investigaron mientras estuvo en el Senado, pero en la campaña a la Alcaldía, sus contradictores empezaron a llamarlo clientelista. “Yo nunca he nombrado a nadie, nunca he adjudicado un contrato”, dijo, indignado, en su momento. Lo que siguió fue el escándalo del ‘carrusel de la contratación’. Daniel García-Peña, que fue secretario general del Polo, es de los que cree que los pecados no se heredan. “Yo decía: el hecho de que el abuelo de alguien haya sido ladrón o no, no significa que eso se herede”, dijo a GENTE. Sin embargo, hoy dentro del Polo reconocen que se sabía que los Moreno Rojas venían de una cultura política clientelista. “Gustaron el gabinete que propuso en la Alcaldía y su apuesta por el metro. Sin embargo, poco a poco supimos que sacaban a gente valiosa de las entidades y luego, empezaron los rumores por la corrupción”, dice Carlos Vicente de Roux, concejal de Bogotá y uno de los integrantes de la Comisión que destapó el escándalo.

Quienes los conocen, dicen que la influencia de Iván en Samuel empezó en la campaña a la Alcaldía. “Él llegó con la experiencia –hoy sabemos que equivocada– a manejar los recursos de la campaña. El error de Samuel fue haberle permitido a Iván ordenar dentro de la administración”, le dijo a GENTE un anapista muy cercano a la familia. Además, dentro de la Anapo siempre ha existido una marcada diferencia entre quienes siguen a Samuel y los que apoyan a Iván que “era el hermano que todos queríamos, pero que nunca estaba”, dice un samuelista. “No es que Samuel haya sido víctima de Iván, ellos se comportaron como un clan. Lo tolerable de Samuel lo desbordaba Iván, y Samuel no tuvo el carácter de poner en cintura a su hermano”, le dijo a GENTE, un ex integrante del Polo.

Hoy, muchos piensan que si uno quiere ser presidente, no roba, al contrario, se luce. Los Moreno Rojas afirman que se trata de una persecución política. Lo cierto es que fueron suspendidos por la Procuraduría, su partido está a punto de expulsarlos, Iván está en la cárcel y todo apunta a que Samuel, le hará compañía.

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Yeimy Paola Vargas

Yeimy Paola Vargas. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Difícil de creer, pero cuando era pequeña, esta cartagenera del barrio Chapacuá, acumuló suficientes frustraciones como para concluir que los concursos de belleza no eran para ella. Ganó siete, se convirtió en cotizada modelo, intentó como presentadora y ahora asegura haber encontrado su vocación en la actuación. En la telenovela del Canal RCN ‘El Joe’, protagonizada por su novio Jair Romero, la morena interpreta a Adela, esposa del sabio compositor de ‘La noche’

¿Cuándo se dio cuenta de que era bella?, pregunta el periodista. “Nunca”, responde la ex reina (siete veces, incluyendo Reina  Mundial del Café, Miss Caribe y Miss Internacional). La respuesta es sincera, a medias. No se come el cuento, y no flota por ahí con la actitud de soy la más bella, pero hoy Yeimy Paola Vargas Gómez tiene claro que es una mujer bonita.

Yeimy Paola Vargas. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Tan claro, que ha estudiado cada gesto y cada parte de su cuerpo; tiene su ángulo favorito para las fotos y asegura (ella, y solo ella), que no le gusta su cola. De pequeña lloró más de una vez, regresando a casa, después de haber participado en algún reinado infantil, con muy poco éxito. “Siempre quedaba de última, al fondo, aplaudiendo”. Y en algún momento pensó que, como muchas de sus amigas, terminaría la universidad, se casaría, tendría hijos y trabajaría de secretaria en alguna oficina pública o de asistente en algún banco. El futuro con el que sueñan miles de jovencitas de los barrios populares de su natal Cartagena.

Yeimy Paola Vargas. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Por fortuna, no fue así. Realmente es mucho mejor ver aparecer sus interminables piernas en una pasarela o su rostro de facciones perfiladas en la pantalla interpretando a la novia de Joe Arroyo en la telenovela El Joe, que haber tenido que hacer fila en un banco, bajo el calor del Caribe, para disfrutar de una fugaz aparición de su belleza.

Sólo a los 15 años comenzó a darse cuenta de que, “quizás”, era bonita. “¿Dónde tenía guardado todo eso?”, le preguntaron cuando, finalmente, decidió cambiar las pantalonetas de baloncesto (largas y poco sexy) y la falda del colegio, por unos jeans que enmarcaban su impactante silueta. Fue por la misma época en que las vecinas comenzaban a acosar a su mamá con el cuento de que “la pelá’ tiene pinta como pa’ reina”. “Ella les decía que sí, que cuando cumpliera 18, pero yo sabía que era para que la dejaran tranquila, que en ningún momento me iba a mandar”.

Sin embargo, era tanta la insistencia de las señoras del barrio que Yeimy puso todo en manos de Dios. “Le dije que si ese era mi futuro me lo hiciera saber de una manera inusual”. Se podría decir que Dios la escuchó. Un estilista, Carmelo Gamarra, la vio en un bus y le propuso que participara en el reinado popular (eso sí que es inusual). Ganó y empezó un recorrido que la llevó a convertirse en la primera reina popular elegida para representar a Cartagena en el Reinado Nacional de la Belleza, donde ocupó el segundo lugar, tras una polémica que coronó como nueva soberana a la representante del Valle, Catherine Daza Manchola.

¡Piernas cerradas, señorita!

“En algún momento pensé: ¿Qué tal que hubiese sido Señorita Colombia? Ahora creo que no hubiera cambiado mucho, la verdad, yo sentí que había ganado, así no tuviera la corona ni el cetro. Siento que para todo el país yo fui la reina”. Con o sin corona, Yeimy sabe que el concurso, aunque no le dejó todo el dinero que soñó, sí le cambió la vida. “Me ahorró camino, me abrió puertas. Por ese lado me siento bendecida, sé que a muchas les toca más duro, aunque, para mí, tampoco ha sido fácil llegar donde estoy”.

Yeimy Paola Vargas. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

La adolescente basquetbolista se convirtió en joven reina, para lo cual tuvo que aprender a usar tacones, cambiar su modo de vestir y hasta de hablar. “Cuando llegué a Bogotá me dijeron que no podía seguir usando los gorritos que me ponía de medio lado, que no debía sentarme con las piernas abiertas, ni hablar sacudiendo las manos como las muchachas del barrio; llega un momento en que sientes que todo lo haces mal”. Tan pronto terminó su extenso reinado le llovieron propuestas de modelaje. Un sueño que puede ser una pesadilla. “Llega un momento en que empiezas a sentir que ya no te llaman como antes, y vas a los desfiles y te encuentras con niñas de 16 años que son más altas que tú, y empiezas a enfrentarte a tus inseguridades: ¿será que estoy gorda?, ¿será que estoy fea?, y si uno no tiene los pantalones bien puestos y los pies en la tierra, puede ser muy difícil”.

Yeimy Paola Vargas. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

La ventaja es que Yeimy siempre ha sido muy aterrizada. Cuando se dio cuenta de que el modelaje no iba a durar para siempre, comenzó a buscar alternativas. “Quise ser presentadora, pero el oficio no me llenaba”. Y probó con la actuación. “Era mi última opción. Cuando lo hice encontré algo que realmente me apasionaba, me emocionaba con cada escena, no me importaban las jornadas largas de trabajo bajo el sol de Barranquilla, me encantaba leer el libreto y meterme en el cuento del personaje”.

Yeimy Paola Vargas. / Fotografía: Ricardo Pinzón © Revista GENTE Colombia

Para completar, halló a Jair Romero, el elusivo Joe de la novela y el dedicado novio de la vida real. “Estoy feliz y tranquila, lo cual no es normal, porque salimos a la calle y las mujeres se le tiran. Yo siempre había dicho que nunca iba a tener un novio famoso, porque soy muy celosa, pero con él estoy tranquila”. Para muchos sigue siendo la reina, la que salió del barrio Chapacuá en Cartagena para alzarse con seis coronas más, la modelo, la mujer de los 185 centímetros que un día pensó que sería secretaria, la novia del Joe, la novia de Jair, la que sueña con consolidar su escuela de reinas, la que trabaja para ser actriz, la que aún no se come el cuento de que es famosa y bella.

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